La política es así: Naturaleza política del Chavismo

En primer lugar debemos resaltar que su singularidad no deriva del origen de su autoridad, sino de la naturaleza de su ejercicio: monopolizar todo el poder (sin control ni rendición de cuentas), designar un enemigo del pueblo (la oligarquía, el imperialismo), sobornar a la población con recompensas gratuitas (derechos sociales, obras públicas, espectáculos) escenificar el culto a su personalidad (ritual, retórica, mitológica). En teoría política este conjunto de características recibe la denominación de democracia plebiscitaria, variante del presidencialismo en la que no hay separación de poderes y toda la autoridad se concentra en la persona del dirigente electo, ante el fracaso del sistema representativo. La teoría describe esta coyuntura como sigue: “cuando las masas populares no se sienten bien representadas en sus intereses reales por las instituciones políticas (los partidos, el Parlamento y los aparatos burocráticos del Estado), necesitan confiar sin mediaciones en algún dirigente cuyas características personales (origen familiar, extracción social, capacidad de expresión, carrera profesional) le hagan merecedor de la confianza popular. Entonces las elecciones se convierten en plebiscitos personales, el combate por el favor del público suplanta al debate de programas y la política se decide en función de la retórica mediática”. La realidad venezolana se corresponde, pelo a pelo, con esta narración.

En otras palabras, esta “revolución por arriba” no es responsable por la perversión de nuestra democracia. No es causa, sino efecto. Comprender esta diferencia es vital, a la hora de diseñar políticas que pretendan restituir la esencia de nuestra cultura política democrática. La revolución bolivariana, entendámoslo de una vez, es hija del desprestigio de la representación política. Cuando el Estado de partidos fracasa, el vacío de legitimidad que así se crea, es suplantado por la personalización de la política. De aquí arrancó la doble matriz de la revolución bolivariana: del colapso del sistema representativo y de la capacidad personal del Chávez para dar respuesta a ese impasse, conectándose de tú a tú con el pueblo soberano sin mediaciones institucionales ni partidarias.

Es tarea prioritaria, entonces, reconstruir este tramado institucional y dotarlo de legitimidad. Acciones como la llevada a cabo por Antonio Ledesma, por ejemplo, promueven una nueva significación a la lucha democrática real. Lo importante, en esta ocasión, no fue la forma de lucha (huelga de hambre), sino una reivindicación concreta que proporcionó sentido a la cotidianeidad democrática. Encadenar estos múltiples conflictos en una sola significación política, dotaría a esta práctica de una nueva legitimidad. Sólo así se allanaría el camino para ocupar el vacío que va evacuando el presente autoritarismo.

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