La política es así: “Un lance de dados, no abolirá el azar”

Este grupo comprendió que aquella coyuntura, signada por la revolución de los claveles en Portugal en ese mismo año y la decrepitud del Caudillo Franco, era el momento de la política. En otras palabras, por encima de cualquier otra consideración, lo importante era dar una vuelta de tuerca a las formas tradicionales de ejercitar el arte de dar forma a la pluralidad y convivencia entre los españoles. Esta percepción de su tiempo histórico permitió la construcción del dispositivo democrático que aún perdura en España.

Nuestro país vive una situación análoga. ¿En qué sentido? Veamos. En primer lugar, estamos en presencia de un doble agotamiento: la del socialismo del siglo XXI y las tradicionales maneras de concebir lo político y la política. En cierto sentido, la extenuación de la primera dimensión, exhausta la segunda. Esta circunstancia permite calificar como excepcional a esta coyuntura. En segundo lugar, se hace plausible la reinvención de este ejercicio y la cancelación de los personalismos generados en el contexto del discurso de la antipolítica. En otras palabras, hoy es posible exilar de esta actividad las viejas maneras y dotarla de la dignidad y credibilidad que merece esta práctica colectiva.

Ahora bien, ¿cuál debe ser el sujeto sobre el cual recaiga el peso de esta actividad? Indudablemente que la repuesta apunta hacia los ciudadanos organizados: ONG, vecinos, asociaciones de padres y representantes, sindicatos, federaciones, estudiantes, industriales; en fin, toda agrupación que se encuentre cobijada bajo el concepto de sociedad civil. Desde luego y, en correspondencia con la hipótesis inicial, los partidos políticos. Vale decir, la conjunción armoniosa de lo civil con lo político. Recordemos que la ruptura de esta relación, el desprestigio de las agrupaciones políticas y una crisis fiscal fueron los ingredientes que alimentaron la tentación personalista y antidemocrática que actualmente padecemos.

Para retomar esta conjunción se haría indispensable asumir componentes significativos de nuestra cultura democrática. Recuperar los elementos reveladores de ese imaginario colectivo. La política, no lo olvidemos, se encuentra relacionada con la lucha por establecer las convicciones y sentidos que impregnan las prácticas sociales. La visión socialista que se intenta imponer carece de referencia dentro del conjunto de imágenes colectivas que sustentan la cultura democrática venezolana; de ahí su inviabilidad discursiva.

La eficacia política de los valores democráticos depende, en consecuencia, de la correspondencia que éstos tengan con la participación ciudadana en el marco de un nuevo proyecto de país. Por esta razón señalamos, que éste es el momento de la política y de las agrupaciones que la expresan en forma plena: los partidos políticos.

Retomando la idea inicial de este breve artículo, surgen diversas interrogantes, por ejemplo, ¿existe en nuestra actualidad política un “grupo de Sevilla”? ¿Se posee la voluntad para producir la vuelta de tuerca que aleje la práctica política de sus formas tradicionales? ¿Será factible hacer reposar en nuestro imaginario democrático una visión liberal de la política? No lo sabemos, aún. Sin embargo, lo que si conocemos, a ciencia cierta, siguiendo Rimbaud que “un lance de dados, no abolirá el azar”

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