Las dos caras de la reactivación

Las sociedades anónimas chilenas se vieron en la obligación de presentar recientemente sus resultados económicos correspondientes al primer trimestre del año en curso, lo cual permite hacer algunas interesantes comparaciones con los mismos datos correspondientes al primer trimestre del año anterior, cuando la crisis económica, social, sanitaria, política e institucional todavía no estaba en su apogeo.

Esa comparación, según información de El Mercurio, arroja que –en el promedio, de 363 empresas analizadas– el aumento de las utilidades fue de un 347 %. Entre las empresas que obtuvieron altas utilidades en el primer trimestre de este año se mencionan Codelco (845.973 millones de pesos), Vapores (324.013 millones de pesos), Quiñenco (256.222 millones de pesos), Banco Santander (181.713 millones de pesos), Banco Chile (162.492 millones de pesos), Falabella (137.326 millones de pesos). Viendo algunos casos más particularizados, se puede mencionar lo siguiente:

La Compañía Sudamericana de Vapores cerró el primer trimestre de este año con utilidades por un monto de 448 millones de dólares, en circunstancias que el año pasado, en igual período, esas ganancias fueron solo de 4.7 millones de dólares.

Las utilidades de Falabella se multiplicaron por ocho en el primer trimestre de este año, en relación con el mismo período del año pasado.

Exportaciones forestales se disparan en los cuatro primeros meses del año, alcanzando la cifra de 1.754 millones de dólares, un 14 % más que el año pasado.

Las utilidades de las cinco viñas listadas en la bolsa de Santiago obtuvieron utilidades en el primer trimestre un 68% más altas que el año anterior

El grupo Cencosud obtuvo utilidades en el primer trimestre por 72.068 millones de pesos, en circunstancias que el año pasado, en el mismo período, obtuvieron pérdidas.

Enap obtuvo, en el primer trimestre, ganancias por 39 millones de dólares y solo 34 millones de dólares en el mismo período del año pasado.

El grupo CAP vio crecer sus utilidades en un 85 % en el primer trimestre del año, con relación al año anterior.
Collahuasi más que duplicó sus utilidades.

Otros antecedentes que muestran lo bien que andan los negocios de las grandes empresas nacionales son los siguientes:

Gasmar, la principal proveedora de gas licuado en Chile, fue adquirida en 422 millones de dólares por un grupo inversor extranjero.

Arauco vende 80.500 hectáreas de bosques a un consorcio canadiense, por un valor de 385 millones de dólares
Las exportaciones de productos orgánicos, en los primeros cuatro meses del presente año realizaron exportaciones por 159 millones de dólares, un 19 % más que el año pasado.

El Ciber Day presentó ventas un 57 % más altas que el año anterior.

La empresa brasileña Odata proyecta invertir 250 millones de dólares en un data center en San Bernardo.

Todos los antecedentes anteriores muestran que existe un grupo significativo de grandes empresarios nacionales a las cuales la crisis no les ha afectado en forma sustantiva. Si han tenido algún contratiempo en el transcurso del 2020, ya lo superaron con creces, están vendiendo más en el mercado nacional o internacional y están obteniendo más ganancias que en años anteriores. Entre las causas de este boom de las utilidades hay que mencionar, sin lugar a dudas, el desembolso de cerca de 50 mil millones de dólares provenientes de los fondos ahorrados en las AFP, que generaron pérdidas de patrimonio de los trabajadores, pero incremento de la demanda que tenía lugar en los mercados. Más allá de las grandes empresas nacionales, hay también muchas empresas extranjeras que siguen viendo a Chile como un buen campo para realizar inversiones. Todo lo anterior no quita que existan también una cantidad importante de pequeñas y medianas empresas que han desaparecido o han sobrevivido con grandes dificultades.

La otra cara de la medalla es que las cifras de empleo y desempleo siguen mostrando una situación grave e incluso dramática. Sobre ellas podemos mencionar los siguientes antecedentes:

Los trabajadores ocupados disminuyeron de 8.942.420 a 8.148.210, desde el primer trimestre del 2020 al mismo periodo de este año. De ese contingente de trabajadores empleados, solo 1.376.160 manifiestan que no han tenido disminución de sus ingresos, y 454.820 manifiestan que sus ingresos se han reducido a menos de la mitad.

Los desocupados aumentaron de 801.800 a 941.090 en el mismo período ya mencionado.

Los inactivos habituales aumentaron de 4.319.620 a 5.558.940 trabajadores.

Los trabajadores asalariados cayeron de 6.475.640 a 5.978.290.

Los asalariados del sector privado pasaron de 5.375.690 a 4.876.190 trabajadores.

Estas cifras muestran con claridad que hay una gran cantidad de trabajadores que lo están pasando muy mal, pues sus ingresos han caído o han desaparecido por completo.

Si en el país hay una gran cantidad de empresas y de empresarios que han ganado más que en otros años anteriores, mientras que hay una gran masa laboral que ha ganado menos, no cabe duda que la distribución del ingreso –que nunca ha sido muy buena en el país– se ha hecho más regresiva aun, pues los más ricos están ganando más, y los más pobres están ganando menos.

Además, queda claro que la esperada reactivación de la economía, funcionando de acuerdo a las libres fuerzas del mercado y medida por el mero crecimiento del PIB –aun cuando este presente cifras positivas a lo largo de este año– no parece estar en condiciones de absorber la mano de obra que esa misma economía nacional dejó desocupada como consecuencia de la crisis. La crisis no afectó a todos los chilenos por igual, y la reactivación no alcanzará tampoco a todos por igual. La nueva situación social y económica del país cambió en forma sustantiva y la reactivación no implicará jamás que todo volverá a ser, para todos, tal como antes.

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