Hay muchas personas, sobre todo en América, que piensan – con entera buena fe y con total independencia de las redes comunicacionales o políticas chavistas – que en contra de  Venezuela está en marcha una campaña de desestabilización económica para impedir que el Presidente Maduro gobierne con eficiencia y para que la economía vaya de mal en peor, todo lo cual serviría como telón de fondo del accionar político  interno destinado a obligar al Presidente a renunciar.  Creo que en ninguna parte es más fuerte esa impresión que en Chile, donde todavía está presente en la memoria histórica la desestabilización llevada adelante por Estados Unidos para terminar con el Gobierno de Allende.

Por ello, es obligante poner ciertas cosas en claro. La propia palabra desestabilizar parece dar a entender que se trata de una acción conducente a que una situación de equilibrio o de estabilidad pierda su condición de tal. En la Venezuela  actual la economía presenta colosales desequilibrios  fiscales, monetarios y cambiarios, por citar solo algunos. Esos desequilibrios generan, a su vez, desequilibrios  en el abastecimiento de alimentos y de medicinas, y colas en los supermercados. Todo ello se termina manifestando en un proceso inflacionario que tiene locos a todos los venezolanos.  ¿Son esos desequilibrios consecuencia de  decisiones tomadas – y a acciones llevadas adelante – por los sectores políticos adversos  al chavismo, de dentro o de fuera del país?  ¿O, por el contrario, todos esos desequilibrios  son de responsabilidad  única y exclusivamente del Gobierno actual y del anterior?   

Si hay desequilibrios fiscales es única y exclusivamente por que el Gobierno – el anterior y el actual – gastan en lo que se les da la gana, y el Banco Central le pasaba y sigue pasándole  al Ejecutivo la plata que necesite para ello. No se trata de que exista un parlamento que le apruebe leyes que impliquen gastos que no se corresponden con los ingresos. El parlamento ha aprobado desde hace varios años exactamente lo que el Gobierno ha querido que se apruebe, y si en el transcurso del año le bajan ganas de gastar más aun, le aprueban créditos adicionales. Y si todavía la pasión por el gasto no queda satisfecha, hacen que la industria petrolera gaste en todo tipo de obras sociales, educacionales, culturales, mediáticas, publicitarias, etc. En nada de ello la oposición política o económica tiene un milímetro de responsabilidad. Se trata de una política errónea e irresponsable, propia de un gobernante que se sintió con poder para arrasar con todas la leyes de la economía, pues creía que tenia poder y que plata como para hacer lo que se le ocurriera.

Si hay desequilibrios monetarios es porque el Banco Central imprime e inyecta a la economía nacional la cantidad de dinero que el Gobierno y/o que Pdvsa necesiten para financiar sus respectivos déficits. Para ello cambiaron a  su antojo la ley del Banco Central y lo convirtieron en una mera imprenta  de dinero, y no en una instancia que resguarde el valor interno y externo de la moneda nacional.  Esa insensatez monetaria es de exclusiva responsabilidad del Gobierno y del Banco Central – que son más o menos una y la misma cosa – y del Parlamento anterior, que aprobó las leyes que hicieron posible una situación de esa naturaleza. Nada de ello es de culpa de la oposición política o económica, nacional o extranjera.  Todo ello se traduce en presión sobre los precios internos y sobre el precio del dólar, por la sencilla razón de que hay más demanda efectiva que bienes y servicios en los mercados. De allí para adelante el crecimiento de los precios, incluido el precio del dólar, es una cuestión de lógica económica y no de desestabilización política.

Si el precio del dólar está en alza se debe única y exclusivamente a que el  Banco Central se quedó sin dólares. Se farrearon – por decirlo en la forma más amable posible – los fabulosos ingresos provenientes de los altos precios petroleros – más de un cien dólares por barril en su mejor momento – y además se endeudaron alegremente, lo cual se traduce en que hoy día no hay dólares para los gastos más elementales  del país. Todos, chavistas o no chavistas – y creo que más los segundos que los primeros  – tratan de resguardar el valor de sus activos por la vía de ahorrar en dólares. No lo hacen en bolívares que pierden valor día a día. Y el incremento del precio del dólar  incrementa la inflación. Y el desabastecimiento de dólares se traduce en desabastecimiento de insumos, materias primas y mercancías de todo tipo.

Nada de estos desequilibrios monetarios, fiscales y cambiarios son  de responsabilidad de la oposición económica y política.  No tengo la menor idea de si ayudar al Gobierno a llegar a este estado calamitoso de la economía ha estado en la cabeza maquiavélica de algún líder de la oposición,  pero si estoy seguro que no han tenido capacidad ni oportunidad para ello. Los chavistas se han bastado a sí mismos para lograr todo aquello. Si hay desequilibrios y desestabilización es porque la política económica llevada adelante por el Gobierno no conduce al equilibrio ni a la estabilidad, sino todo lo contrario. El Gobierno debe reconocer mas hidalgamente  su responsabilidad en la generación de la crisis, no  seguir echándole la culpa a los demás,  y debe tratar de tomar  las medidas que sean necesarias para enmendar la situación creada. Esa es la verdad de la situación venezolana presente.

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