Lo peor y mejor de nosotros

Si usted trabaja en una panadería y produce 500 panes diarios de buena calidad, y le pagan, en nombre del socialismo, lo mismo que su vecino –que produce solo la mitad y con baja calidad– usted se sentirá motivado a descuidar la producción y calidad de su labor, comenzando una competencia, con su compañero, hacia abajo. El socialismo saca lo peor de nosotros. Nadie se esfuerza, ni se prepara, en nada distinto que no sea la actividad del Partido Único. Por eso tanta pobreza y miseria.

En el capitalismo se compite hacia arriba, saca lo mejor de nosotros. Nos esforzamos en aprender, en superarnos, en ganar más. Por eso los inmensos niveles de producción, que permiten financiar generosos programas sociales.

El caso de Alemania es patético, dividida después de la Segunda Guerra, una socialista y otra capitalista, la misma gente, la misma raza, hermanos de padre y madre. Los primeros siempre buscando una excusa, cualquier razón para no hacer; aprendieron a vivir sin esperanzas. Hoy, al reunificarse, cuesta que se adapten al estilo, altamente competitivo, de las empresas capitalistas. Donde todos buscan cómo resolver, qué inventan para superarse. Hará falta una o dos generaciones, para corregir totalmente, los males generados por el socialismo.

Molesta a los políticos e intelectuales resentidos, que un simple panadero gane más dinero que ellos. Valoran en poco el talento para producir bienes y servicios, masivamente y de calidad. Dejan que la envidia los llene de odio.

El socialismo limita la generosidad. Usted no comparte con su prójimo el fruto de su trabajo, se lo quitan y reparten entre los más sumisos al comandante en jefe del partido y del país. Se compite por ser el más el más adulador, el más “baboso” –“mande comandante, socialismo, patria o muerte”—

En el capitalismo usted está obligado a contribuir con su prójimo, pagando impuestos. Pero queda suficiente para practicar o no, la generosidad –el amor que Jesús nos enseñó. En el capitalismo los perezosos, los dementes, los enfermos y hasta los delincuentes, encuentran una mano amiga, que generosamente les extenderá la mano, sin pedir nada a cambio.

El socialismo pretende despojarnos del libre albedrío. Somos, sólo, esclavos del régimen.

Hoy vemos lo que ha hecho el capitalismo por el ser humano, en cuanto a producción de bienes y servicios, ecología, entretenimiento, arte, deporte y santidad.

El socialismo sólo ha sembrado pobreza, odio, terrorismo y muerte.

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