Los bodegones en Venezuela pudieran en el futuro no lejano enfrentar un declive

De acuerdo con un estudio de los economistas Benedict Bull, Antulio Rosales y Manuel Sutherland, la verdad de la tendencia comercial que denominan «capitalismo bodegonero» es muy diferente a como muchos suponen.

Este tipo de iniciativa que se ha venido desarrollando en Venezuela pudiera estar enfrentando un declive.

¿Los bodegones son realmente un ejemplo válido de recuperación económica? Aparentemente, hay muchos mitos sobre estos negocios que surgieron en masa como resultado de importaciones libres de impuestos y aranceles, un mayor volumen de divisas extranjeras circulando en la economía en un contexto de mayor libertad cambiaria y la escasez de algunos productos muy populares en ciertos sectores socioeconómicos del país.

De acuerdo con un estudio de los economistas Benedict Bull, Antulio Rosales y Manuel Sutherland, patrocinado en colaboración por la Universidad de Oslo en Noruega y el Centro de Investigación y Formación Obrera (CIFO), la verdad de la tendencia comercial que denominan «capitalismo bodegonero» es muy diferente a como muchos suponen.

Una de las conclusiones más llamativas es que 66 % de las transacciones se producen en bolívares, mientras 23 % se registran en divisas a través de transferencias vía Zelle u otras plataformas, mientras 11 % restante se concretan en moneda extranjera en efectivo, básicamente dólares.

Concretamente, los autores señalan los siguiente: «Muchos bodegones venden mercancías con precios de uno o dos dólares, esos productos son generalmente comprados en bolívares, a través de tarjetas de débito. Igualmente, en gran cantidad de compras los clientes “completan” pagos en bolívares. Por ejemplo, si algún artículo cuesta 12 dólares, se suele pagar con un billete de 10 dólares y el resto en bolívares, por la escasez de billetes de bajo importe. Muchas ventas se frustran por no tener “cambio”. Muchas transacciones terminan en una sensación de molestia y pérdida, porque los consumidores tienen que adquirir mercancías adicionales, que no desean, para ‘completar’ compras».

Y añade: «Los bodegones, entonces, son una cara de la creciente dolarización y uso de divisas mixtas con diversos impactos en la economía. Diversas empresas de opinión pública han mostrado la dispersión geográfica del uso del dólar… Estos estudios revelan que la penetración de monedas distintas al bolívar es mayor en las zonas fronterizas y los grandes centros urbanos. Comienzan además a registrarse pagos por medio de criptomonedas, cuya minería e intercambio ha sido crecientemente incentivada por el gobierno nacional».

Los autores hacen una explicación útil que puede aclarar cualquier confusión que generen estos datos: «Aunque la cantidad de bolívares en la economía (liquidez monetaria) equivale a alrededor de 500 millones de dólares (para el momento de la realización del estudio / NdR), 99 % menos que en 2011, los venezolanos siguen usando con más frecuencia los bolívares a través de medios electrónicos para pagar montos pequeños, que son los importes más recurrentes en las ventas. Esto se refiere a las compras de baja cuantía que no encuentran disponibilidad de cambio en divisas por lo bajo de los montos. Supongamos que 9 de los 10 clientes de un bodegón compraron bienes por un total de 20 dólares, pero un cliente pagó 80 dólares en una sola compra. La frecuencia de pagos en bolívares sería de 90%, pero el total de pagos en bolívares sería de apenas 20%».

Esa situación refleja que aunque la mayoría de las transacciones se realicen con bolívares -solos o en combinación con otras divisas-, el mayor volumen de facturación se verifica en moneda extranjera.

Precariedad laboral

Otro ángulo del fenómeno de los bodegones tocado por este estudio que se realizó mediante encuestas a más de 100 consumidores y a 83 bodegones a nivel nacional -los autores aclaran, por cierto, que los establecimientos más grandes fueron más reacios a participar-, son las condiciones laborales «opacas» y donde los trabajadores tienen un bajo poder de negociación.

Los autores señalan que «aunque los bodegones reciban, en total, más divisas que bolívares, sólo un escueto 12 % paga a sus asalariados su sueldo en divisas. De nuevo, aunque no sea algo evidente en la cotidianidad por el uso del dólar como referente de cambio, en la práctica, se suele cancelar a los trabajadores una cantidad en bolívares equivalente a las divisas acordadas. Lo que también parece indicar que el proceso de dolarización plena podría estar más bien concentrado en élites».

A la fecha de realización del estudio, noviembre 2021, «89 % de los trabajadores de los bodegones gana menos de 60 dólares estadounidenses mensuales y que el 65% (del total general) gana menos de 40 dólares mensuales. Los beneficios de devengar remuneraciones en divisas son reales, al estar protegidas de la hiperinflación que sufre el bolívar. Sin embargo, a pesar de esta ventaja, el 89% de esos trabajadores recibe menos del 25% de la canasta alimentaria de acuerdo con CENDAS alcanzó en el mes de diciembre a 432 dólares.

Hay que matizar que esta ventaja se hace más relativa debido a la fuerte apreciación del tipo de cambio.

«Aun así, el salario mínimo en los bodegones es alrededor de 30 veces más alto que el salario mínimo que se devenga en la administración pública», refleja la investigación.

El auge con limitaciones

No obstante, señalan que «el auge de una especie de ‘variantes de bodegones’ dedicados a la venta de electrodomésticos, vehículos importados, cafeterías con café importado, restaurantes de lujo con ingre[1]dientes ‘exóticos’ y mega bodegones de gran tamaño es visto por algunos sectores con agrado y como una señal de recuperación, pero, como se ha dicho anteriormente, el efecto de impresión visual positiva por la apertura muy concurrida de estos establecimientos da una sensación de recuperación, pero esta sensación no siempre se ve acompañada de la activación del aparato productivo».

La conclusión de los investigadores es que en Venezuela persiste una «burbuja bodegonera» que «está muy limitada a la captación de clientes de poder adquisitivo medio y alto, que en buena parte reciben remesas de la diáspora venezolana en el mundo y ostensiblemente estarían conectados con negocios productivos de índole transnacional».

Sin embargo, los investigadores Benedict Bull, Antulio Rosales y Manuel Sutherland sostienen que «estos clientes poco a poco están siendo más ‘competidos’ por la irrupción de más bodegones, y el poder dinamizador de su demanda solvente, se está viendo cada vez más disminuido».

Con una oferta prácticamente inédita, estos establecimientos «parecen estar vendiendo mucho menos que antes y sus productos parecen estar tiempos muy prolongados en el anaquel», en un contexto en que abren cada vez más locales.

«En resumen, el crecimiento con base a la bodegonización parece estar enfrentando un declive, y poco a poco revela lo oneroso, poco productivo y eficaz de sus negocios», desde una perspectiva de recuperación real de la economía.

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