Machado rompe con la creencia tradicional de que la inteligencia es una facultad heredada, y plantea que todos los seres humanos tienen las mismas potencialidades de llegar a ser genios.

libro estudio escritorEn julio de 1975 salió a la luz pública un libro con autoría de Luis Alberto Machado que, con el atractivo título de La Revolución de la Inteligencia tuvo una masiva demanda, al extremo de que ya para marzo de 1977 se había hecho la décima edición. Dos años después, el autor de esta interesante obra y de otra con el título El Derecho a ser inteligente, fue designado durante el gobierno de Luis Herrera Campins como Ministro de Estado para el desarrollo de la Inteligencia, lo que representó un relevante reconocimiento oficial a las propuestas de Machado sobre las posibilidades de incorporar sus novedosas tesis como política pública fundamental en la gestión de los gobiernos. Pero las propuestas de este ilustre intelectual venezolano desbordaron en su tiempo las fronteras del país y se incorporaron como material de estudio en Harvard y otras prestigiosas universidades. Personalmente tuvimos la oportunidad de comprobar el alcance mundial del mensaje de Machado, en ocasión de una visita que en 1993 realizamos como integrante del Center for International Affairs de la Universidad de Harvard al Ministerio de Planificación de Corea del Sur. En esa ocasión el ministro anfitrión nos informó que los libros de Machado -que ya habían sido traducidos al inglés, francés, italiano y chino- formaban parte del estudio de los planificadores artífices del exitoso desarrollo de ese país que ha permitido que en la actualidad sus ciudadanos disfruten de un ingreso de más de 28 mil dólares p/c, tengan una esperanza de vida superior a 82 años y que esa nación se ubique en el puesto 16 en el índice mundial de desarrollo humano.

Machado rompe con la creencia tradicional de que la inteligencia es una facultad heredada, y plantea que todos los seres humanos tienen las mismas potencialidades de llegar a ser genios; pero son las desigualdades sociales y condiciones de índole ambiental las que determinan que las posibilidades del desarrollo de la inteligencia no estén al alcance de todos. Por ello reclamaba el derecho natural de los pueblos al desarrollo máximo de sus potencialidades de inteligencia, y la obligación de los gobiernos de impulsar las condiciones que faciliten el logro de ese objetivo que debe reflejarse en la superación intelectual de los ciudadanos, sin ningún tipo de discriminación.

Señala Machado que la inteligencia como facultad de relacionar pensamientos para producir pensamientos nuevos, es una facultad que puede ser aprendida y enseñada. Por lo que para alcanzar ese objetivo revolucionario el autor propone cambios radicales en el sistema educativo, considerando la educación como el problema fundamental a resolver en un país para alcanzar el desarrollo sustentable. Por ello -dice- la educación no puede limitarse a enseñar conocimientos, debe enseñar también a pensar, porque el modelo educativo tradicional se ha limitado a enseñar los frutos de la inteligencia y lo revolucionario es enseñar a tener más inteligencia, es enseñar a pensar con el más absoluto respeto a la personalidad de cada quien para que sea cada persona quien logre su propio perfeccionamiento y desarrollo. Diríamos que es la confirmación del aforismo chino: No darles el pez sino enseñarlos a pescar.

Los revolucionarios planteamientos educativos de Luis Alberto Machado se reflejaron, dos décadas después, en el informe realizado por la UNESCO en 1996 titulado La Educación encierra un Tesoro, en el cual se propone una nueva educación para el siglo XXI, como herramienta fundamental para el progreso de la humanidad frente a las nuevas realidades globales. Se señalan en dicho informe cuatro pilares del cambio: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir y aprender a ser (CON HA CONSER). Este último sintetiza los tres anteriores y en el fondo recoge la idea de Machado del desarrollo de la inteligencia para facilitar el raciocinio, la imaginación, la memoria, las aptitudes físicas, el sentido de la estética y las facilidades para interactuar razonablemente con los demás. Todo lo cual, como se señala al final de dicho Informe -y como lo plantea Machado en sus dos obras- contribuye a la convivencia humana y a la promoción de una cultura de Paz. Otro ejemplo concreto del impacto de la tesis de Machado lo podemos encontrar en el sistema educativo de Finlandia, catalogado como el mejor a nivel mundial, y en el cual se están introduciendo nuevas reformas para incorporar la enseñanza en base a problemas y no a la fragmentación arbitraria de la enseñanza por asignaturas, incorporando un enfoque más colaborativo del aprendizaje. Finlandia con su educación de excelencia ha logrado un notable nivel de desarrollo humano que ubica a este país en la posición 23 entre las 186 naciones del planeta.

A nivel nacional, y en el crítico entorno imperante en el país (EN NUESTRO PAÍS) en las últimas décadas, las propuestas de Machado no han tenido la adecuada receptividad que se merecen. Sin embargo, podemos afirmar que el modelo del sistema de orquestas infantiles y juveniles, que es un ejemplo a nivel mundial, concebido y fundado en 1975 por José Antonio Abreu, es una muestra de lo que se pueda lograr con el sistema pedagógico que refleja los planteamientos de Machado. Pero no hay dudas que sus revolucionarias ideas resultan peligrosas para quienes manipulan el concepto de revolución para aferrarse al poder sostenidos en el manejo demagógico y populista de la ignorancia del pueblo. Es por ello que en Venezuela se impone la perentoria necesidad de un gran acuerdo nacional que debe sustentarse en la promoción de la verdadera revolución, que no es otra que la revolución educativa, para superar el populismo, el caudillismo y el militarismo, que son las peores amenazas contra la institucionalidad democrática y frenan el Progreso del país y su inserción en las oportunidades de desarrollo que plantea la sociedad global.

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