mercosur¿Qué debería hacer Venezuela con el Mercosur, después de su reciente suspensión indefinida? ¿Seguir luchando por permanecer en su seno? ¿Tratar de redefinir su relación con los cuatro socios fundadores? ¿Pelearse a muerte con cada uno de los países del Mercosur? Creo que la respuesta es muy simple: no debe hacer nada. Debe pasar agachada, tener bajo perfil, no seguir dando peleas perdidas y no seguir recibiendo humillaciones diplomáticas.

El comercio de Venezuela con los países del Mercosur no ha logrado despegar. Según las cifras correspondientes al año 2016, Venezuela exportó hacia ese bloque un total de 210.9 millones de dólares en bienes no petroleros, de los cuales casi el 70 % fueron exportaciones a Brasil. A Argentina se le vendieron escasamente 59.6 millones de dólares y a Uruguay y Paraguay se le enviaron cantidades simbólicas y marginales.

A la Alianza del Pacífico -conformada por Chile, Perú Colombia y México – se le vendieron en ese mismo año mercancías no petroleras por un monto de 425,5 millones de dólares, es decir, más del doble de lo que se le vendió al Mercosur. Y eso sin grandes acuerdos, tensiones ni humillaciones.

Tanto Colombia como México adquieren más exportaciones venezolanas no petroleras que Brasil. Chile compra más que Argentina. Perú, que compra muy poco, compra más que Paraguay y Uruguay juntos. Y eso, sin una diplomacia venezolana que tenga muchas ganas de potenciar el comercio con esos países. Esos niveles de ventas son el resultado de dejar que funcionen las fuerzas del mercado, o de no luchar con demasiada fuerza en contra de las tendencias que el mercado señala.

El mercado no solo reciente, sino que también los intercambios de los últimos 20 años, muestran que las exportaciones hacia los países de la Alianza del Pacífico pueden y deben ser mucho mayores. Con buena diplomacia, y con acuerdos comerciales que faciliten y potencien en comercio, se podrían recuperar niveles anteriores y avanzar en la promoción de las exportaciones venezolanas, incluso sin pretender incorporarse de lleno a esa alianza de países.

Con cada uno de los países del Mercosur Venezuela ha logrado un nivel de preferencias arancelarias que bordea el cero % de arancel, casi para el 100 % de las mercancías intercambiables, y eso está suficientemente consolidado en la normativa actualmente vigente, que no depende para nada de la pertenencia o no de Venezuela en el Mercosur. Se trata de acuerdos bilaterales, que no dependen de la tratativa multilateral. Eso es casi irreversible. Hay que dejar esas cosas tal como están. No retroceder en ese contexto bilateral potenciador de la competencia y del comercio.

Al ser suspendida en forma indefinida del Mercosur, Venezuela no queda obligada a mantener el arancel externo común. Puede establecer un arancel igual al del Mercosur, como decisión autónoma y soberana, o puede hacer los cambios que estime conveniente. En todo caso – al no quedar atada a una decisión multilateral en materia de arancel externo común – Venezuela recupera su capacidad de establecer libremente acuerdos comerciales con terceros países, cuestión que tiene muchísima importancia en el mundo contemporáneo, sobre todo cuando uno queda un tanto aislado de sus socios regionales.