El economista Felipe Pérez Martí, quien fuera Ministro de Planificación del gobierno venezolano entre los años 2002 y 2003 bajo la primera presidencia de Hugo Chávez, responde al artículo de Luis Vicente León titulado"¿Habrá Referendo Revocatorio en 2016?", publicado en ProDaVinci el domingo 26 de julio de 2016.

Prodavinci | 11 de agosto, 2016

Estimado Luis Vicente y demás amigos lectores: quiero comentar tu artículo sobre escenarios publicado acá en Prodavinci el pasado 24 de julio por varias razones.

Veo este ejercicio de escenarios como algo muy útil para entender las condiciones objetivas en las cuales nos desenvolvemos. Ahora bien, ya he dicho que algunas veces el futuro hay que predecirlo, pero me parece más importante producirlo. Sobre todo en circunstancias como las nuestras. Si queremos que este año haya un cambio beneficioso para la grandísima mayoría de los venezolanos, como el Referendo Revocatorio o la renuncia del presidente, no podemos conformarnos con ver que las cosas dependen de otros, como quien ve  una pelea de boxeo desde la tribuna y hace predicciones sobre cuál de los peleadores es el que va a ganar. Porque en una democracia verdadera es crucial la participación de los ciudadanos como actores y no como espectadores que ven pasivamente cómo los políticos y otras fuerzas determinan su futuro.

En el caso de Venezuela, es mucho más grave no estar en el ring de boxeo político para defendernos. Tenemos que entender que todo cuanto ocurra determina nuestra vida o nuestra muerte, porque lo que pretende el boxeador contrincante, en la práctica y más allá de sus deseos, es aniquilarnos como país. Tenemos la capacidad para ganar, pero sólo si nos coordinamos. Todos somos políticos, al menos en el sentido que lo dice el Papa Francisco: debemos involucrarnos para determinar nuestro propio destino.

De hecho, ya he explicado aquí mismo en Prodavinci que  no debemos adoptar una actitud de “ver para creer”, sino la de “creer para  ver”. Si creemos y actuamos en consecuencia vamos a ver. Con las condiciones objetivas garantizadas, claro está. Usando las mismas referencias de ese artículo anterior, focalizarse en el pesimismo, en el conformirmo, en el fatalismo, produce un equilibrio de Nash malo, donde los ciudadanos juegan el perfil de estrategias [pasividad; pasividad] y el gobierno gana. De hecho: si uno como analista y líder de opinión divide las creencias de los jugadores entre varios equilibrios posibles, sin coordinar el equilibrio focal de [luchar; luchar] se dividen las creencias y las acciones conducentes, algo que hace probable que se produzca un resultado donde el gobierno gana y nos convierta en sus rehenes hasta el 2019.

[Descripción: Tibisay Lucena] Pero si coordinamos las creencias y las acciones respectivas en el equilibrio de Nashbueno, focalizando eso que los militares llaman “el poder de fuego”, Nicolás Maduro sale del poder en 2016. La acción de todos, aunque sea modesta desde lo individual o enorme desde lo colectivo, producirá un resultado global contundente gracias a la acción de cada uno de nosotros desde su propio ámbito. Como dice el antiguo proverbio chino: “gota a gota se hace un mar”.

Pero pasemos a analizar las condiciones objetivas de la probabilidad de esos escenarios que planteas, amigo Luis Vicente, porque creo que a pesar de los anuncios de Tibisay Lucena (que en la práctica pretenden demorar el revocatorio y hacer que no ocurra en 2016) Maduro sale este año.

Y por eso intentaré argumentar mis razones nuevamente aquí en Prodavinci, yendo escenario por escenario.

1. “Se alarga la agonía”

Aquí pretendo explicar las razones por las cuales creo que éste es un escenario muy poco probable. Para esto necesito hablar sobre cómo está el chavismo por dentro, cómo está la oposición y cuáles son los intereses en juego.

Empecemos por el chavismo. Una de las cosas que hay que reconocerle a Hugo Chávez es que politizó a los pobres y, en cierto sentido, a la clase media.Y me refiero a politizar en la parte positiva: los puso a analizar aquello que más le convenía en términos de acción política y actores políticos. Sin esa politización lograda por el chavismo, hubiera sido imposible eso que pasó el 6 de diciembre.

De hecho, el chavismo ahora está mucho más antimadurista que entonces, tal como indican las encuestas. No por casualidad muchos líderes políticos e intelectuales del chavismo quieren que Nicolás Maduro salga ya del poder y lo han expresado  públicamente, a riesgo de las consecuencias: Juan Barreto, Marea Socialista, Mosonyi, Arconada, Edgardo Lander, Clíver Alcalá, Rodríguez Torres, Ana Elisa Osorio y otros más. Queda claro que el pueblo chavista está cada vez más en contra Maduro, en buena medida por razones económicas y sociales: “amor con hambre no dura”.

Por otro lado, la dirigencia media está clara en cuanto a que mientras Maduro esté en el poder el chavismo no va a tener futuro político: nada de alcaldías, nada de gobernaciones. Así que saben que lo más conveniente para el movimiento es que Maduro renuncie, para luego pasar factura a la actual dirigencia del PSUV por todo lo ocurrido y entonces reagruparse para seguir el juego democrático en el futuro.De no hacerlo, vendrá el naufragio político: nunca más serán considerados como alternativa de poder en Venezuela.

Por eso esa dirigencia ya está actuando en consecuencia, aunque sus acciones no salgan a la luz pública: saben que si este años pierden esta oportunidad del revocatorio o la renuncia, tendrán que calarse dos años más de desgaste político. Éste es el momento y no lo quieren perder.

Ahora, en relación a la clase media y la oposición, queda claro que quieren la salida y la quieren ya. Han sido muy mal tratados todo este tiempo y en febrero del 2014 explotaron en protestas, pero el gobierno supo criminalizarlos aun cuando la protesta era perfectamente legítima.

En mucho, la clase media se ha desmovilizado porque se ha creído el cuento de que “no es bueno” protestar. Está claro que la protesta no debe ser violenta, pero de ahí a evitar la protesta por miedo a que algunos exaltados tiren algunas piedras e insulten a los policías y a la guardia, dejando que el gobierno los use a su favor, es un terrible golpe autoinfligido, un autogol de la dirigencia opositora.

De hecho, los dirigentes de  oposición deben responsabilizarse y estar al frente de las protestas hasta el final. Incluso persuadir a los muchachos tirapiedras o denunciar y neutralizar a lo infiltrados que quieren provocar. Hay que mejorar el desempeño de la protesta, no impedirla por miedo a que el agresor se victimize.

[Descripción: Una respuesta de Felipe Pérez Martí a Cuándo se acaba esto de Luis Vicente León] Mi punto en este segundo argumento es que las protestas ya se han retomado, como todos sabemos, alcanzando niveles históricos. Y van a seguir extendiéndose e intensificándose por la fuerza del sufrimiento de la gente enojada. Aunque hayan sido localizadas, descordinadas y en buena mediad espontáneas o ligadas a reivindicaciones, un “Venezuelazo” en materia de protestas puede estar a la vuelta de la esquina, con lo político, lo económico y lo social como está. Y las mismas organizaciones militares de investigación lo han predicho y está claro, como ya explicaré, que los funcionarios no van a matar gente a mansalva, como sucedió con El Caracazo.

El gobierno ha estado implementando cortafuegos mediáticos y represivos contra las protestas. Sin embargo, la gente está usando cada vez más los medios a su disposición, logrando sobrepasarlos con ayuda de los medios tradicionales nacionales e internacionales y así decir las verdades. Y con el cambio de Néstor Reverol en la Guardia Nacional Bolivariana y con Padrino López de Comandante General, la represión va a ser más comedida, luego de este intento de “poner orden”. No creo que Reverol en el Ministerio del Interior vaya a prevalecer sobre Padrino López.

Tampoco creo que nuestro país siga deteriorándose al punto de la africanización. Aquí la cosa es muy distinta. Hay muchos  intereses en juego. Hay muchos a quienes les conviene un país normal para poder desarrollar sus intereses. Pero estamos en un punto de quiebre: si no lo aprovechamos, podemos caer en la anarquización y la destrucción de nuestro país.

No me cabe duda de que eso no va a pasar y vamos a aprovechar el momento, cada quien aportando su parte. Como una muestra quiero poner el ejemplo de las mujeres venezolanas, que yo diría son quienes más han soportado los males de todo este desastre y se mantienen en rebelión silenciosa.

El pueblo venezolano es como un tigre acorralado que está despertando, aunque sea de manera desorganizada. Está claro que si seguimos con este gobierno Venezuela se convertiría en “tierra de nadie”, un campo de batalla entre grupos anárquicos donde triunfará quien tenga el poder de las armas y de los negocios turbios. Pero ya lo dije: hay muchos intereses en juego para que eso ocurra, en particular intereses petroleros, en las inmensas extensiones de tierras y aguas, que son cada vez más escasas en el mundo.

Y entre los grupos que naturalmente están contra la anarquización sin límites están las Fuerzas Armadas, una institución a la cual no le conviene diluir su poder militar frente a otros grupos armados irregulares.

Estamos, pues, ante el gran riesgo de la “tragedia de los comunes” que surge cuando cada quien actúa anárquicamente por su lado. La manera de evitar esa tragedia es la reinstitución del Estado de Derecho, sin el cual no hay Estado de Justicia. Ya suficiente cantidad de gente sabe que éste es el momento para cambiar las cosas. De manera que la probabilidad que le asigno al escenario “Se alarga la agonía”, Luis Vicente, es prácticamente nula, tanto por la politización del chavismo descontento como por la generalización de la rebelión consciente de los venezolanos (y algunos intereses extranjeros), muchas veces silenciosa pero muy efectiva, además del liderazgo de la MUD, incluso con sus problemas internos.

2. “La explosión inútil”

Es claro que la situación es insoportable. Y va a empeorar. Incluso con Padrino López como súperministro, porque la solución a estos problemas no es militar, sino económica, social y política. Y más ahora con la remoción de Pérez Abad, considerado por muchos como la única esperanza de que mejoraran las políticas económicas. Ahora bien, ¿pensar en un autogolpe militar? ¿Pensar en Maduro gobernando a punta de plomo limpio? No veo ninguna probabilidad de que ocurra.

Los tiempos han cambiado y el gobierno ya están mandando por decreto, sin ningún apego a la ley y con el apoyo militar. No tiene sentido mostrar a rajatabla su verdadera cara en lo político, porque perderían el poco apoyo que les queda en las bases y pondría en su contra a la comunidad internacional, en especial a algunos de sus socios políticos. En Miraflores ya están en en mejor de los mundos en materia militar. ¡No van a optar voluntariamente por algo que empeore su relación con las Fuerzas Armadas!

De hecho, el nombramiento de Padrino López como súperministro puede resultar en algo positivo para conseguir la salida de Nicolás Maduro, porque la institución armada no va a querer cargar con el muerto.Y ya sabemos que los CLAP van a fracasar con Padrino López. No por un tema de logística, sino por las mismas razones que fallaron los programas similares en la Unión Soviética, con planes y recursos inmensamente superiores a los nuestros: la producción y distribución desde el Estado no funciona por los incentivos perversos de los implementadores, quienes tienden a desviarse del plan para su propio provecho.Y en la Unión Soviética también probaron con fuertes controles para evitar esos desvíos, pero con eso sólo vienen nuevos desvíos: los impuestos por los controladores.

En Venezuela ya se ha notado la inmensa corrupción en los CLAP, generando una fuerte división interna en el chavismo de base, pero también entre el chavismo de base y las Fuerzas Armadas, que se lleva una gran tajada en dicha distribución.

Creo que lo que hará Padrino López (quien sigue con el control de las Fuerzas Armadas, a pesar de Reverol, importante ficha de Diosdado Cabello en este juego) será tratar de salvar el pellejo de la institución armada. Tal como hicieron el 6 de diciembre: facilitando la democracia y garantizándose un futuro tanto personal como para la institución.

No es posible un golpe militar ni una salida a plomo limpio, sencillamente porque  no son salidas disponibles, en cuanto a racionales, predecibles.

3. Negociación militar

Este escenario tiene varias fallas que, de antemano, lo hacen muy poco probable.

El primero es que los militares no pueden aspirar a controlar el resultado de ningunas elecciones en este momento. Lo que pueden hacer (y creo que harán) es apostar a a ganador.

El segundo es que no se trata de “calmar los ánimos”, pues eso no va a pasar mientras no se resuelvan los problemas económicos, sociales y políticos. Es decir: mientras Nicolás Maduro siga en el poder, el deterioro seguirá y se acelerará el desprestigio de las Fuerzas Armadas.

Su salida del poder no puede esperar hasta 2017 y los militares no van a querer correr con los costos del desastre. Ahora, lo que sí podría pasar es algo similar a aquella salida que le permitió a Violeta de Chamorro gobernar en Nicaragua después del sandinismo: que la MUD, por ejemplo, le ofrezca a Padrino López el Ministerio de la Defensa del nuevo gobierno… y con eso Maduro saldría de una vez.

Existe un punto importante a favor de este análisis: con el empoderamiento de Padrino López ya hay una alianza entre el chavismo-no-madurista y el sector institucional (que ya he descrito como nacionalista, democrático y anticubano). Por otra parte, el diosdadismo quedó bastante golpeado con la salida de Néstor Reverol de la Guardia Nacional. Y ya muchos sabemos qué es lo que opina la mayoría en el estamento militar y qué piensan las distintas facciones sobre su poder casi absoluto, al menos por lo que han dicho voceros como Clíver Alcalá y Rodríguez Torres.

Y la decisión de poner a Reverol como Ministro del Interior, luego de haber sido acusado internacionalmente por narcotráfico, paradójicamente jugará en contra del gobierno por dos razones. La primera, que intensifica notablemente las contradicciones al interior de las Fuerzas Armadas, poniendo a buena parte del estamento militar en la necesidad perentoria de tomar acciones para facilitar la transición hacia la democracia y tratar de conservar una posición ventajosa en el nuevo régimen. La segunda es que Reverol, con l oque se ha dejado ver de su talante ético, puede convertirse en un objetivo claro para la oposición con intención de negociar su salida y algunas garantías.

4. “Negociación política”

Este escenario tiene un problema fundamental y se resume en la frase “el gobierno no negociaría su cabeza. En ese caso preferiría la guerra”. Se trata de un argumento falaz, porque se basa en el supuesto (falso) de que el gobierno puede mantenerse en el poder si así lo desea. Es decir: cree que puede hacer “la guerra” si se pone en peligro su permanencia en el poder. Pero, de hecho, ya están en guerra: una guerra contra la oposición y el país. Y aún así no han podido vencer y sólo se han estado desgastando.

Y ahora esa guerra los desgasta exponencialmente, porque no sólo no han podido controlar la situación, sino que además la han empeorado con sus múltiples errores. No tienen la capacidad de gobernar ni la de mantenerse en el poder.

[Descripción: De-que-se-trata-el-proyecto-sobre-Venezuelade-la-Universidad-de-Harvard-Ricardo-Hausmann 320] En finanzas internacionales hay una distinción muy clara entre willigness to pay (“voluntad de pagar”) y ability to pay (“capacidad para pagar”). Es decir: una cosa es que el gobierno quiera permanecer en el poder y otra muy distinta que pueda hacerlo. No tiene el capital político necesario para lograrlo, proque ese capital lo han dilapidado por completo y ahora pretenden arrastrar a la debacle a uno de sus pocos activos remanentes: las Fuerzas Armadas. Y eso no va a ocurrir. Creer lo contrario sería ir contra la lógica. Y pretender que la oposición no vea esto y ceda el Referendo Revocatorio en una negociación es creer que son miopes.

Está claro que van varios autogoles en la oposición, pero ya hemos dicho que aquí va a ganar quien meta menos autogoles. Y eso la MUD lo tiene muy claro.

La oposición, en todo caso, negociaría la forma de la salida pero no la salida misma. De hecho, tienen que llegar a un acuerdo de cohabitación política con el chavismo (¡y con las Fuerzas Armadas!) para un nuevo  gobierno, pues sin eso sería imposible tener éxito en su gestión frente al Ejecutivo. Hacer otra cosa sería apostar a la ingobernabilidad.

El plan de estabilización económica y social que proponga el nuevo gobierno debe contar con el suficiente apoyo político e institucional para que pueda levantar al país. En ese sentido, la negociación de la oposición con el chavismo implicará conseciones importantes que, además de funcionar como facilitadoras de la salida, garantizarán la paz, la gobernabilidad y la recuperación de Venezuela. Si se logra, las fuerzas internas del chavismo (y los militares) tendrían fuertes incentivos para sacar a Maduro. Hasta el punto de que la renuncia sea incluso más probable que el referendo: todos saben que una salida negociada no sería tan traumática.

5. “El referendazo o la renuncia”

De los cinco escenarios propuestos, Luis Vicente, creo que éste es el único con alta probabilidad de que ocurra. Incluso, es congruente con la ya citada solución nicaragüence. Sólo deseo recordar que se trata de un conflicto político en sentido amplio y no sólo legal-institucional. Es un conflictode facto, no de iure. En parte porque ni las instituciones ni las leyes se aplican, pero también porque el hecho de controlar políticamente instituciones clave como el Consejo Nacional Electoral  y el Tribunal Supremo de Justicia no es suficiente para determinar el resultado.

[Descripción: UnasurEconomICA 320] En Economía, es necesario medir el capital total y no sólo los componentes, porque esos componentes pueden, con cierta facilidad, intercambiarse entre sí. Así como lo importante es el valor total (los activos menos los pasivos), en Política el capital del gobierno, en términos totales, está por los suelos. Y capital político el de la oposición está creciendo. Mucho. Sí, es evidente que este crecimiento se basa más en el rechazo al gobierno que en su propia aceptación, pero el juego de fuerzas es lo que va a determinar un resultado que por los momentos favorece al movimiento liderado por la MUD.

Algunos síntomas de que lo que está por ocurrir responden más al hecho de que el gobierno se está “auto-tumbando” que a la fuerza hecha por la oposición. Una escasez a niveles de hambre y muerte. Una inflación galopante inocultable. Los servicios derrumbándose. Voceros como Diosdado Cabello gritando desesperados “¡No nos vamos!” Los ministros de Planificación y de Salud haciendo el ridículo a escala nacional e internacional con sus cifras inventadas. Jorge Rodríguez y Delcy Rodríguez declarando sin ningún tino. Cilia Flores y sus familiares exponiendo las consecuencias y los trapos sucios de todo esto. Y Nicolás, el rey desnudo, más testarudo que una mula, hablándole a una audiencia aburrida, cansada, que lo va dejando íngrimamente solo.

Algunas notas finales

Creo que en Venezuela las políticas económicas están tan desquiciadas que un mínimo de cordura haría milagros. Muchos economistas hemos estado trabajando en eso, incluyendo a varios chavistas, con la intención de formular una propuesta común en estos momentos, un conjunto de ideas que lime las asperezas que existen sobre las cifras y sus consecuencias, pero montado en un cronograma de medidas específicas.

Ya he dicho que creo firmemente que el resultado de lo que suceda en Venezuela va a depender de la acción de todos y esa acción se basará en la fe de la gran mayoría de la población. Sobre todo lo que esto implica, Luis Vicente y respetados lectores, quería dejarles la siguente idea: en la vida todos los actos podrían clasificarse en las categorías dar y pedir. Si adoptamos la actitud de esperar que “los  políticos” nos resuelvan el asunto, viéndolos desde la tribuna como si sólo fuéramos espectadores, estaríamos adoptando esa misma actitud que tanto hemos criticado del rentismo populista: pidiendo que el gobierno nos resuelva los problemas. Y en este momento es necesario dar.

Para lograrlo es necesaria la coordinación de nuestros líderes de opinión y por eso mi alerta, Luis Vicente. Es necesario verbalizar nuestra acción, nuestro optimismo y esa nueva Venezuela que edificaremos entre todos. En particular, promovamos esa manifestación de calle convocada para el 1 de septiembre. Participemos todos, como jugadores, cada quien desde su posición (incluyendo a los miembros honestos de las Fuerzas Armadas desde su acción política y pacífica, además de los empresarios, los trabajadores, todos los gremios, y el chavismo descontento), con el objetivo de manifestar nuestra oposición a este gobierno hambreador y antidemocrático y exigir su salida este mismo año.

Cuando llegue el nuevo gobierno, el programa económico va a ser expansivo. A pesar de que vamos a partir desde el último de los sótanos, no vamos a descender más. En particular en cuanto al poder de compra de los pobres y la clase media. Las medidas que deben tomarse (como el aumento sustancial del precio de la gasolina y otras acciones similares para cerrar la brecha fiscal y no seguir imprimiendo dinero inflacionario) estarán acompañadas por transferencias monetarias directas a los sectores vulnerables para compensar su impacto y así garantizar su bienestar.

Lo que se necesita en Venezuela es liquidez, solvencia y confianza. En eso coincidimos todos: desde Ricardo Hausmann, pasando por los 60 economistas, por Francisco Rodríguez, llegando ala peña de la UCAB y hasta la Academia Nacional de Ciencias Económicas. Liquidez, solvencia y confianza. Y las tres se van a conseguir. Así que quitemos del camino esa preocupación de que vamos a volver a los errores de la cuarta república.

A estas alturas todos hemos aprendido de nuestros errores y ha llegado el momento de corregirlos: tanto para los de la cuarta como para los de la quinta.

Sí se puede, amigos. Pongámonos en eso.