El yuan es la moneda nacional de China. Cualquier país que tenga un nivel importante de comercio con dicho país ve como conveniente mantener un monto elevado de sus activos financieros bajo la forma de yuanes, para efectos precisamente de llevar adelante ese comercio bilateral.

El comercio de Venezuela con China – hasta donde es posible conocerlo- tiene situaciones muy particulares. Venezuela le vendió mercancías durante el año 2016 – último año sobre el cual hay estadísticas relativamente confiables- por un monto de 5.562 millones de dólares. De esa cantidad, 5.171 millones de dólares, es decir el 93 % de esas ventas, correspondieron a la venta de petróleo y sus derivados. Dado que China ha hecho prestamos significativos a Venezuela, es dable suponer que gruesa parte de esa factura petrolera no entra a nuestro país en calidad de dinero fresco y de libre disposición, sino que queda en forma de abono para pagar el capital y los intereses de la deuda que Venezuela mantiene con China. Es decir, se trata de petróleo pre pagado. Solo una parte, cuyo monto exacto desconocemos, asume la forma de dinero u otros activos financieros nominados en alguna moneda de uso internacional. Si Venezuela dispone que se le pague en yuanes, indudablemente los chinos estarán sumamente contentos con esa decisión, pues siempre es conveniente para cualquier país comprar bienes internacionalmente pagando con su propia moneda.

¿Qué hará Venezuela con esos pocos yuanes que reciba a cambio de su petróleo, después de pagar lo que corresponda anualmente por concepto de deudas viejas? Lo más probable es que destine esos yuanes a comprar bienes en China, lo cual obliga a dejar de comprar bienes en otras partes del mundo.

En el 2016 Venezuela compró bienes en China por un monto de 2.518 millones de dólares. Es decir, el comercio chino venezolano es favorable a Venezuela. Si nada del petróleo que se le vende a China se destinara a pagar deudas anteriores con dicho país, Venezuela podría prácticamente duplicar sus compras en China, con lo cual se gastaría todos sus yuanes. Pero como tiene una deuda grande que honrar, tiene que mantener un saldo comercial positivo para poder ir pagando sus deudas anteriores.

Si incrementa las compras en China, sin incrementar las ventas, tendría que dejar de pagar las deudas, o renegociarlas, o conseguir nuevos créditos por parte del gobierno chino, todo lo cual tiene costos políticos y económicos. Venezuela tiene una mirada de corto plazo y busca un salvavidas para mejorar su difícil situación económica presente. China tiene una mirada de largo plazo – de varias décadas adelante inclusive – y busca servir sus intereses económicos y geopolíticos en América Latina para lo cual no sería malo invertir en un socio bien dotado por la naturaleza, pero muy desesperado por la economía.