Hubieron momentos en el pasado reciente en que el Presidente Chávez se ufanaba de que la política petrolera que él y su gobierno llevaban adelante había posibilitado que los precios petroleros estuvieran por sobre los 100 dólares por barril en el mercado internacional correspondiente. Hoy en día los precios internacionales del petróleo han  descendido por bajo los 30 dólares por barril, lo cual para Venezuela significa un precio que ha llegado en la segunda quincena de enero a los 24 dólares por barril, o incluso menos ¿Significa ello que Venezuela cambió de política, y que ya no lleva adelante la política que fue tan exitosa en épocas recientes? ¿O significa que los socios de la OPEP dejaron de hacerle caso a Venezuela y por eso todos están pagando las consecuencias? ¿O quizás la razón de toda esta situación está en que en el mercado petrolero internacional gravitan fuerzas en las cuales en ningún momento Venezuela ha tenido mayor influencia, aun cuando haya tratado con soberbia y con buen humor de  atribuirse la responsabilidad cuando las cosas andaban bien?

Hoy en día, con un precio de 24 dólares por barril – o menos-  la situación es dramática para Venezuela.  Es una autentica situación de crisis o de emergencia nacional. Es dramática por cuanto más allá, de las declaraciones de rigor, en la realidad de las cosas Venezuela no ha hecho nada sustantivo en los últimos 15 años para romper con la dependencia petrolera. Cuando los precios del  petróleo estuvieron más elevados que nunca en el mercado petrolero era el momento oportuno como para canalizar gruesa parte de esa renta petrolera extraordinaria para generar un aparato productivo no petrolero con capacidad de competir internacionalmente. Pero no se hizo nada. La inmensa masa de petrodólares que se han volcado sobre el país en los últimos 15 años se han hecho sal y agua. Se los comió el despilfarro, la generosidad internacional, la ineficiencia, la corrupción y la repartidera con fines electorales. Venezuela no tiene la culpa de que los precios del petróleo hayan bajado a los niveles actuales, como tampoco tenía la culpa cuando los precios estaban por sobre los 100 dólares por barril. Pero Venezuela sí que tiene toda la culpa de haberse farriado esa riqueza cuando ella existió. No se ahorró nada para los años de vacas flacas. Lo que se acumulaba en el Fonden o los milloncitos que le traspasaba generosamente el Banco Central al Ejecutivo Nacional, se gastaron alegremente. Se actuaba con el criterio de que la riqueza petrolera iba a durar eternamente. Ahora, cuando se ha demostrado claramente que esos eran supuestos erróneos, no puede Venezuela limitarse a ir a llorar p´al monte. Hay que tomar medidas para enfrentar la crisis. No tomar medidas y dejar que el mercado encuentre por sí solo la solución a  la crisis es la más neoliberal de las políticas económicas que se pueden tomar y, curiosamente, es en alta medida lo que ha venido haciendo el gobierno en el transcurso del los últimos meses.

¿Qué hacer frente a la situación presente? Lo primero de lo primero es tener un diagnostico claro de la situación, No se puede seguir jugando con un presupuesto  nacional en el cual no están claras las cantidades de petróleo que se pueden producir y exportar y donde no son creíbles las cifras sobre el precio probable al cual se va a vender cada barril. Hay que construir pronósticos creíbles respecto a cuántos dólares tendrá  disponibles el país. El Banco Central de Venezuela tiene que informar al Parlamento y al país de esa situación.

Lo segundo, es genera un plan en que se establezca cual es la forma más conveniente de utilizar esos dólares de los cuales se dispone. Hacer un presupuesto de divisas. Saber en qué cosas se van a gastar los dólares y en cuáles no. Es posible y deseable que una gran cantidad de importaciones que no son necesarias – que son claramente prescindibles – se dejen de importar, o por lo menos no lo hagan con dólares oficiales. Pero es necesario saber cuánto es lo que puede estar disponible para cada uno de los sectores productivos del país, de modo de que las empresas sepan a qué atenerse. Es imprescindible terminar con el secretismo y el amiguismo en la asignación de las divisas. Donde hay secretismo hay la posibilidad de corrupción, y eso genera, a su vez, la imposibilidad de generar consensos y acuerdos sobre esa posible distribución de las divisas. Un aspecto que  no es marginal en este campo es que Cencoex, que es el organismo encargado de la asignación de las  divisas, se encuentra adscrito a la Vicepresidencia Ejecutiva del país, que es un órgano básicamente político, y no a la Vicepresidencia Económica ni a ninguno de los ministerios relacionados con la economía.

La producción de petróleo y las divisas que esta actividad genera han sido y siguen siendo no solo la columna vertebral de la economía nacional, sino también de la política nacional. En alguna medida se podría decir que la política venezolana gira desde hace 80 años en torno a cómo repartir o repartirse la renta petrolera. Un programa económico nacional debe dejar claro eso: cómo repartir lo que va quedando de la renta petrolera entre los diferentes sectores de la economía nacional. Si alguien cree que esa renta es de él y la reparte como quiera, entonces esto no tiene solución cercana.

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