Una noticia un tanto marginal en el universo informativo internacional daba cuenta hace pocos días atrás, de que Venezuela había pasado a ser parte del Banco Asiatico de Inversión en Infraestructuraanco, BAII, organismo patrocinado y dirigido por la autoridades chinas. Nada se dice en esa información – y nada se ha sabido nacionalmente – sobre el momento en que Venezuela formalizó esa incorporación a  esta nueva institución financiera internacional, ni sobre cual es la cuota o la parte del capital que Venezuela suscribió para tales efectos. Con esta incorporación de Venezuela ya son 70 los países que participan en dicho banco, el cual ya empezó a funcionar en el transcurso del año pasado, y ha otorgado créditos a proyectos de infraestructura en diferentes partes del mundo: un terminal portuario en Oman, un gaseoducto en Azerbaiyan, una central eléctrica en Myanmar, una autopista en Pakistan. 

El capital suscrito del BAII alcanza a los 50 mil millones de dólares, lo cual lo coloca desde el inicio como un agente importante en el campo de los organismos financieros internacionales, en particular de los que otorgan créditos para proyectos de desarrollo.

Como en todos estos organismos internacionales, la capacidad de decisión está íntimamente ligada al capital que cada uno suscriba. En este caso en particular China mantiene más o menos el 27 % del capital del banco, lo cual le da derecho a veto sobre cualquier decisión tomada en su seno. No se conoce el monto del capital suscrito por Venezuela. La capacidad china de otorgar internacionalmente créditos para proyectos de desarrollo, que son créditos a mediano o largo plazo, se canalizará, se supone, fundamentalmente a través de este banco, y no a través de otros bancos chinos que tienen más bien la función de créditos operativos, comerciales o de más corto plazo. Esto permitirá un grado mayor de participación de otros paises en las  decisiones correspondientes y también generará una mayor transparencia respecto a cada una de estas operaciones, eliminando asi el secretismo que muchas veces rodea a las operaciones de gobierno a gobierno, cuestión que ha estado presente en alta medida en las relaciones entre Venezuela y China. 

Llama la atención en todo caso la poca difusión que ha rodeado a esta situación en el seno de Venezuela. Un gobierno tan acostumbrado a creerse parte de los actores relevantes del mundo contemporáneo, podría haber aprovechado la oportunidad de sacarse por lo menos una foto con el logo del banco. El banco del Alba, y el banco del Mercosur, que fueron iniciativas de bastante menor calado -y de las cuales ya hoy en dia nadie sabe nada – tuvieron en su oportunidad una amplia cobertura de prensa.¿Porque ahora tanto secretismo?