Superficie agrícola cosechada del país decreció 41% en la última década

El descenso abrupto en las fuentes de abastecimiento interno de alimentos en estos últimos nueve años, explica la crónica escasez y altos precios que se presentan en el sector alimentario del país. El valor de la producción agrícola per cápita este año será de -42% respecto al valor que dicha variable presentó en el 2008 y la evaluación de las importaciones agroalimentarias han caído-62,4% en los últimos tres años.

A partir del 2008 hay un descenso vertical en los niveles de producción agrícola interna

Esa es la explicación que el economista Wilfredo Briceño, responsable de la cátedra Política y Desarrollo Agrícola de la Unellez desde hace 20 años y exdirector general de quien llamaron el ministro del milagro agrícola, Felipe Gómez Álvarez, hace sobre la crisis alimentaria que confrontan los venezolanos y que genera problemas de malnutrición de la población en general y de desnutrición aguda en los grupos etarios más vulnerables.

Conocer la situación del orden alimentario que vive el país, a juicio de Briceño, obliga a evaluarla en función de sus dos variables determinantes: La producción agrícola interna y la evaluación de las importaciones agroalimentarias.

En el 2008 el país produjo en maíz 2.995000 toneladas, este año solo un millón 150 mil

¿Qué ha pasado con la producción nacional agropecuaria?

Las estadísticas hablan por sí solas. Si comparamos los niveles de producción a obtener este año respecto a lo alcanzado en el 2008, año de producción récord de los últimos 18 años, nos encontramos con un descenso vertical en los niveles de producción agrícola interna. Por ejemplo, de acuerdo a cifras oficiales en el 2008 el país produjo en maíz 2 millones 995 mil toneladas, este año solo un millón 150 mil toneladas. En arroz, en 2008 se obtuvieron 1.360.000 toneladas (tn), este año 247 mil, el descenso es 81%. En sorgo, de 376 mil tn bajamos a 37 mil este año, es decir, 90% menos. En carne de pollo de 950 mil toneladas pasamos a producir 420 mil toneladas, 56% menos que en el 2008. En caña de azúcar de 9 millones 450 mil toneladas este año solo se cosechará 3.500.000, 63% menos, mientras que el descenso en café es de 50% y en leche -35%.

La situación en hortalizas tanto de clima templado como de piso intermedio es especialmente delicada. Este año se producirá 1kg/Per Cápita (PC) de papa, el tubérculo de mayor consumo en el país, cuando se debe consumir al menos 14kg/PC; es decir, solo se producirán 32 mil toneladas de las 480 mil que es el consumo si tuviésemos una situación normal de país.

Agrega el catedrático que deberíamos producir 400.000 toneladas de cebolla, pero de acuerdo con los propios productores, tan solo cosecharemos 120.000 toneladas, es decir, 30% del consumo total. En condiciones normales tanto para consumo industrial como fresco, la demanda nacional de tomates es de unas 450.000 toneladas, de las cuales este año alcanzaremos a producir solo 45%.

En el eje Guárico-sur de Aragua, zona productora de hortalizas de clima cálido, este año se cosecharon unas 400 hectáreas (ha), cuando en el lapso 2010-2013 en promedio se cosechaban 4 mil hectáreas.

El indicador que retrata a cuerpo entero la caída en la producción agrícola vegetal es la superficie agrícola cosechada, afirma el economista. Este año escasamente se recolectarán 1.400.000 ha, cantidad que constituye un decrecimiento de 41% respecto a lo cosechado en 2008, cuando se recogió, de acuerdo a cifras del Ministerio de Agricultura, 2 millones 375 mil hectáreas, casi 1 millón de hectáreas menos cosechadas.

Igual tendencia regresiva observamos con las importaciones agroalimentarias. Según datos del Banco Central de Venezuela (BCV), en el 2014 las importaciones agrícolas montaron a $10.125 millones y este año se calcula que al cierre del mismo se ubicarán en $3.800 millones, un descenso de 63% en tan solo tres años.

“Si la producción nacional ha caído tan abruptamente como lo señalamos, y para colmo de males, por las restricciones en el presupuesto de divisas, de igual forma se han comportado las importaciones, pues, en lo absoluto, debe sorprendernos este estado de escasez que a diario padecemos los venezolanos”, comenta Wilfredo Briceño quien remata diciendo que los altos precios de los alimentos y paralelamente, este criminal desabastecimiento que golpea duramente nuestra cotidianidad, son el resultado directo del negativo comportamiento que han tenido tanto la producción agrícola interna como las importaciones agroalimentarias.

Venezuela posee 9,5 millones de cabezas de ganado bovino

¿En el corto plazo, qué factores afectan mayormente el abastecimiento interno de alimentos?

Creo que lo que más pesa es este proceso de inflación crónica que prácticamente pone a trabajar a pérdida a todos los productores agrícolas.

Para agosto, según el cálculo que hace la Asamblea Nacional, la inflación fue de 33,8% lo que permite señalar que ya tenemos una inflación de cuatro dígitos anualizada, es decir, más de 1000 por ciento. “Situación grave que traza una tendencia que inexorablemente nos conducirá a un escenario hiperinflacionario en muy poco tiempo, a menos que se modifiquen los fundamentos en que se basa la actual política económica”, afirma.

Briceño cree que esta circunstancia altera al alza de tal forma los costos de producción, que hace inviable, financieramente, acometer ciclos productivos de muchos rubros. Por ejemplo, sembrar una hectárea de pimentón cuesta sobre los 30 millones de bolívares, sin apalancamiento financiero, resulta difícil para cientos de productores, comenta.

Del lado de las importaciones, acota, la principal amenaza la constituye las sanciones financieras instrumentadas por la administración Trump. Para el último trimestre de este año el Gobierno confronta un déficit en sus cuentas externas calculado en 3.400$ millones, sin posibilidad de emitir nueva deuda como tampoco de usar Citgo para operaciones de triangulación financiera, e incluso, con restricciones para la venta de algunos activos públicos como el oro monetario del BCV, por las mismas sanciones, el Gobierno se verá forzado a reducir aún más las importaciones agrícolas y de todo tipo, ahondando la situación de escasez que tenemos, explica.

Eso le permite afirmar al también asesor técnico del Movimiento Agroalimentario de Voluntad Popular, que en los meses venideros los niveles de desabastecimiento se profundizarán y, con ellos, los precios continuarán su tendencia alcista.

¿Qué medidas deben implementarse para resolver la crisis del sector?

En Voluntad Popular estamos trabajando en la configuración de un plan que dé respuesta a los graves problemas que presenta el sector agroalimentario.

En primer lugar se debe restablecer los equilibrios macroeconómicos básicos. Con inflaciones de cuatro dígitos, tasa cambiaria en extremo volátil y un déficit fiscal de 20 puntos del Producto Interno Bruto (PIB), es impensable instrumentar una política agroalimentaria que retome la senda del crecimiento. La política agrícola debe de inscribirse en un marco de estabilidad de precios y de cambios para que el crecimiento tenga sostenibilidad, asevera.

De otro lado, debe definirse un programa a ejecutarse entre 8 y 10 años que tenga por objetivo aumentar la superficie cosechada de los 466 metros cuadrados (m2) por habitante actualmente, a 1200 m2 por habitante; es decir, cosechar una superficie para el 2028 de 4 millones 450 mil hectáreas. Esto requiere un inmenso esfuerzo financiero, institucional, organizacional y humano; acompañado, además, de un incremento en la productividad de entre 3 y 5% interanual.

Esto último es clave: nuestros vecinos ya evalúan sus sembradíos haciendo uso de drones, trabajan con semillas transgénicas y utilizan maquinarias y equipo de alta precisión mientras nosotros perdemos cosechas por falta de insecticidas. Lo del café lo ilustra perfectamente; la roya diezmó nuestra producción porque el Gobierno no asigna los dólares para importar los fungicidas que corresponden, expuso el docente universitario.

Briceño es de los que comparte que debe modificarse completamente el marco legal que rige al sector a fin de garantizar el ejercicio pleno del derecho sobre propiedades agrarias y la rentabilidad apropiada para quien se dedica a producir comida; que el Estado haga lo que le toca y al mercado lo que le corresponde, enfatizó.

Hay que descentralizar funciones que se llevan a cabo en Caracas y transferirle a los estados y municipios. El Ministerio de Agricultura y Tierras, el Ministerio de Agricultura Urbana y el de Alimentación deben fusionarse y constituir uno que planifique estratégicamente para el sector agroalimentario de alta facturación técnica.

Al final debemos autoabastecernos en todos aquellos rubros propios de ambiente tropical, generando una oferta exportable, logrando así una balanza comercial agrícola superavitaria; es decir, en un lapso de 10 años las exportaciones agroalimentarias deben financiar las importaciones agroalimentarias, considera.

¿Cuál es la situación de la producción bovina en el país

El diagnóstico y las estadísticas que nos provee la Federación Nacional de Ganaderos son demoledores. Para el 2008 poseíamos un rebaño que montaba a 12 millones de cabezas, 9 años después, tenemos 9,5 millones de cabezas. En lugar de aumentar, vamos para atrás, sostiene Briceño.

Es pertinente precisar que de acuerdo con los estándares internacionales nuestro rebaño solo representa 40% de rebaño óptimo que garantizaría autoabastecernos en carne y leche; es así como, de consumir 21kg/PC año de carne bovina en 2008, hoy consumimos 7.5 kg/PC año, un descenso de 64% de tan vital e insustituible proteína.

De: Marieva Fermín | Fuentes: El Pitazo – Q’ Pasa en Venezuela

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