TLC como Mecanismos de Protección

El proteccionismo amenaza con endurecer las políticas económicas de los países desarrollados

En los primeros días de octubre se han presentado en el ámbito latinoamericano, tres hechos destacados que dicen relación con la búsqueda de mercados más abiertos y seguros para las mercancías que nuestros países exportan.

Por un lado, la Cámara de Diputados en Chile aprobó el Tratado de Libre Comercio con Malasia, lo cual abre la casi segura probabilidad de que, prontamente se agregue un nuevo eslabón en la larga cadena de tratados de esa naturaleza, que Chile tiene en plena vigencia, entre los cuales se encuentran, entre otros, los TLC con China, Estados Unidos, Unión Europea, y con todos y cada uno de los países de Centro, Sur y Norte América.

En segundo lugar, Perú puso en vigencia un acuerdo de libre comercio con Islandia. Este último es un país pequeño con el cual el comercio de Perú, -y de casi todos los países latinoamericanos- es muy escaso. Sin embargo, ese acuerdo recién puesto en vigencia por Perú, forma parte de un convenio más global con el conjunto de la Asociación Europea de Libre Comercio, EFTA, conformada por Suiza, Liechtenstein, Noruega e Islandia. Se trata de cuatro países que no forman parte de la Unión Europea, y que se despliegan y negocian en forma independiente, en el mercado internacional contemporáneo.

Ese grupo de países constituyen la cuarta área de importancia para el comercio exterior de Perú, después de Estados Unidos, Unión Europea y China. Hacia esos cuatro países europeos, Perú canalizó en el año 2010 un total de 3.988 millones de dólares. Esa cifra es -para hacer uso de un punto de referencia- una cantidad mayor o igual que todas las exportaciones venezolanas no petroleras. Este acuerdo peruano se suma a los que este país ya tiene con China y con Estados Unidos, además, de con Chile y con la Comunidad Andina de Naciones, entre otros.

Pero el hito más trascendente en la dirección del libre comercio es, sin duda, la tramitación en la Cámara de Representantes de Estados Unidos de los tratados de libre comercio suscritos con Colombia y con Panamá. Aun cuando en el campo de la política y de la economía las cosas no están seguras, sino hasta cuando efectivamente suceden, es altamente probable que dichos tratados terminen pronta y exitosamente su tramitación legislativa y sean rápidamente firmados y puestos en vigencia por el Presidente Obama. De ser así, eso modificará en forma sustantiva la estructura, el volumen y el direccionamiento del comercio exterior de ambos países latinoamericanos, pero muy en particular de Colombia.

En los tiempos que corren, el proteccionismo amenaza con hacerse presente en el campo de las políticas económicas de los países desarrollados. Frente a esa situación, los tratados de libre comercio se convierten en mecanismos de defensa -o en pólizas de seguro- de los países en desarrollo contra los efectos negativos que tendrían dichas políticas proteccionistas, si se llegaran a imponer total o parcialmente en los países desarrollados, aun cuando en los actuales tiempos de globalización, nadie está totalmente blindado contra los efectos de una crisis. Pero los países que tienen acceso a mercados, consagrados en tratados comerciales, están en mejor posición defensiva que los que no gozan de una situación de esa naturaleza.

Si los aranceles subiesen en tal o cual país desarrollado –incluso sin violentar la letra de los acuerdos de la OMC-, eso afectaría y perjudicaría en mayor medida el comercio de los proveedores que no tienen firmados con dicho país tratados, en los cuales se establezca el cero arancel como política recíproca y obligatoria.

Además –aun cuando no exista una expresa política proteccionista-, si el consumo baja en los países en desarrollo -como consecuencia de la crisis-, es altamente probable que esa situación se traduzca en una baja de las importaciones correspondientes. Pero esa reducción del comercio exterior, no afectará por igual a todos los socios comerciales del país en cuestión, sino que golpeará más débilmente a aquellos países exportadores que no tienen -por obra y gracia de un tratado internacional de libre comercio- que pagar aranceles al entrar a dichos mercados.

Los Tratados de Libre Comercio, por lo tanto, aun cuando estaban concebidos originalmente como un mecanismo para integrarse activamente en el comercio internacional, en etapas de auge y crecimiento del mismo, se manifiestan también como herramientas útiles para protegerse de la crisis, en épocas de lento crecimiento o incluso de retroceso en los intercambios internacionales.

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