Una empresa puede desaparecer a causa de una crisis

Tal como lo lees. Mira esto:
· Un banco cerró operaciones debido, a que un rumor ampliamente divulgado de quiebra, provocó retiros masivos de dinero de sus ahorrantes.
· Los socios extranjeros de una empresa concesionaria tuvieron que mal vender sus acciones, por ataques mediáticos de sus competidores
· Una universidad privada con mucho prestigio tuvo que cerrar, a causa de la muerte de un estudiante extranjero en un accidente
· El presidente de una corporación internacional fue despedido, a causa de una acusación de soborno y fraude que nunca se comprobó
· El gerente de una empresa estatal de teléfonos debió dejar su cargo, a causa de una acusación de espionaje telefónico ampliamente divulgada en los medios de comunicación
· Una empresa que ganó una licitación internacional sufrió grandes pérdidas, al cancelarse el proceso por acusaciones de soborno de sus competidores, etc., etc.
¿Cuál es el factor común en todas estas situaciones de crisis? La respuesta es: Un mal manejo de crisis.
Una empresa con muchos años de éxitos puede desaparecer por un simple error mal manejado. Es importante que toda empresa esté preparada para poder soportar una posible crisis comunicacional para, así, poder sobrevivir en el mercado.
Una situación de crisis comunicacional no puede tomarse a la ligera, las consecuencias podrían ser catastróficas para una institución, como dijimos al principio: Una empresa puede desaparecer a causa de una crisis.
Por eso insisto en la importancia de diseñar una estrategia de comunicación de contingencia.
La comunicación debe tener un rumbo, una dirección clara y bien definida.
Una comunicación efectiva lo facilita todo. Sin embargo, por obvio que parezca, no es fácil establecer una comunicación que le permita a las instituciones públicas o privadas, (o a las personas), conseguir sus objetivos políticos o de negocio en un manejo de crisis.
Para que un programa sea efectivo en situaciones de crisis, debemos desarrollar estrategias de comunicación que, respetando su esencia, le den dirección a su interlocución con cada uno de sus diferentes públicos.
“Dirección”, en este sentido, significa «camino o senda que uno se propone seguir en lo que intenta o procura». Así, pues, la comunicación con rumbo le da certeza y fortalece la relación que una institución -pública o privada- establece con sus audiencias.
Esto garantiza que, potenciando las fortalezas de la organización y mitigando sus debilidades, la comunicación responde al rumbo de negocio o prioridades de trabajo, con base en un horizonte claro, evitando, así, los brincos de un lugar a otro, generando así posicionamiento que lleva a un cambio de percepciones.
Sin una estrategia clara, las acciones y tácticas de comunicación pierden efectividad y sentido. La estrategia define el qué, cómo, a quién y cuándo. Debemos entender el proceso de comunicación como una secuencia de círculos: Esencia de la organización, concepto de negocio, plan de trabajo, comunicación interna, comunicación externa. Cuando estos círculos están alineados, el posicionamiento que se logra a través de una comunicación con rumbo debe ser relevante, creíble y único.
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(*) Editor de http://www.imagen-empresarial.com

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