Una reseña más que necesaria (A Santiago Quintero)

“Es un logro de largo plazo. No es un logro
de un partido o de un año, es
algo de toda una carrera”

Randy Johnson

La hazaña de anoche, sin pitchers en el horizonte a corto y mediano plazo, con posibilidades de emularla, la añade Randy a sus cinco premios “Cy Young”, a su juego perfecto lanzado ante los Bravos de Atlanta en mayo de 2.004, al no hit no run que le propinó a Seattle el 2 de junio de 1.990, a sus 4.845 ponches de por vida, (la segunda mejor marca de la historia) , a sus cuatro lideratos de efectividad en la Liga y sus nueve lideratos de ponches. A todo esto, añade Randy, el ser el único pitcher en la historia, (con más de 300 partidos abiertos), que logra ponchar a 10,64 bateadores por cada nueve entradas trabajadas.

Randy, inauguró anoche un nuevo club: el de los lanzadores -con al menos- 300 victorias y más de 4.800 ponches. En esa cofradía está acompañado por un sólo lanzador: Nolan Ryan. Es una especie de Olimpo monticular.

Un buen amigo me recordaba, un episodio poco tratado en la vida peloteril de Jonson. Lo comparto con ustedes: “recuerdo el momento en el cual relevó a Curt Schilling para asegurar el último juego de Arizona en la Serie Mundial que ganaron los Cascabeles. Sin su concurso y, en particular, sin aquel insólito relevo más propio de las crónicas tempranas del béisbol legendario que de la actualidad, los Arizona Diamonds Back no hubiesen obtenido aquel lauro. Era sencillamente, el héroe necesario en el momento preciso. Al salir al rescate del bullpen, luego del juego anterior lanzado por él, todos sabíamos que el cetro, a partir de ese momento, era ganado por los ofidios. A los rivales debe haberles parecido la visión, que tuvieron los moros en el sitio de la ciudad de Valencia, España, del Cid Campeador montado sobre su caballo después de muerto, conduciendo en la delantera a las tropas castellanas del Rey Alfonso. No era posible tal visión. El intimidante pitcher, que hacía un suplicio la comparecencia del bateador ante él, lo cual producía que éste viera navajas en vez de pelotas de béisbol dirigiéndose a su humanidad, provocaba el pánico en el equipo contrario, tal como le ocurrió a Krock en un juego de estrellas. Sin duda, la Gran Unidad de Seattle. Grande entre los grandes, el más intimidante pitcher que hayamos visto montado en un box”.

No deja de sentir uno, ante tanta demostración de constancia, pundonor y talento, renovadas sus esperanzas en un futuro del béisbol limpio, sano, libre de máculas y naturalmente lleno de esfuerzo digno y compromiso.

¡Felicidades Randy!
Tienes el ticket para la inmortalidad impreso desde ya.

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