El comportamiento del índice de precios al consumidor, ha determinado una pérdida importante en el poder adquisitivo del bolívar, que obliga a un mayor desembolso de dinero para compensar la capacidad de compra.

El poder adquisitivo mantiene una relación inversamente proporcional al índice de precios. Si este sube, el poder adquisitivo disminuye y aumenta si aquel desciende.

Las cifras dadas a conocer por el Banco Central de Venezuela recientemente dan cuenta de un crecimiento acumulado de los precios del 68,5% en 2014. La cifra es la más alta alcanzada desde 2008 cuando entró en vigencia el bolívar fuerte. Los primeros cinco años, la variación de los precios estuvo relativamente controlada. En 2008, alcanzó a 30,9%, en 2009 bajó a 25,1%, para situarse sobre 27% en los dos años subsiguientes, pero en 2012 se desaceleró, llegando a una tasa de 20,1%. En los dos años posteriores, el ritmo se aceleró de nuevo, llegando a una tasa de 56,2% en 2013 y 68,5% en 2014.

En los últimos siete años, se produjo una caída en el poder de compra del bolívar del orden de 88%. Es decir, que el bolívar de inicios de 2008, tiene apenas un poder de compra de 12 céntimos (Bs. 0,12).

Visto de otro modo, para poder comprar la misma cantidad de bienes y servicios que podíamos adquirir a comienzos de 2008, necesitaríamos hoy, en promedio, algo más de ocho veces más monedas. O sea, que para equiparar el poder de compra de Bs. 100 de comienzos de 2008, necesitaríamos hoy casi 8.400 bolívares.

El índice de precios se incrementó en los siete años del análisis, en casi 840%, pero de allí a asegurar que el bolívar se depreció en la misma medida, se cometería un pecado imperdonable que nos llevaría a una conclusión desatinada, por decir lo menos.

La moneda nunca puede depreciarse en un 100%. Si lo hiciera, su valor sería absolutamente nulo. Es decir, no tendría ningún tipo de valor de compra y dejaría de tener significación. Por agudo que sea un proceso inflacionario, y con él, acentuada la pérdida de poder de compra, siempre tendrá un valor y nunca llegaría a cero.

Puede darse el caso en esté por debajo del valor metálico intrínseco y se produzca una tendencia a utilizarla como metal para fundirla y deja de tener significación como medio de pago. Cuando eso ha ocurrido, se produce la crisis del "sencillo", porque las monedas desaparecen al ser utilizadas para fundirlas por su valor metálico. El otro fenómeno que ocurre cuando la inflación deteriora demasiado el poder de compra de la moneda, es que plantea la necesidad de emitir billetes de mayor denominación, para poder asegurar las transacciones de la economía.

Ello, a la larga, plantea la conveniencia de ajustes en la economía para detener el proceso inflacionario por los efectos adversos que causa sobre la moneda. Sin embargo, en algunos casos, para evitar los ajustes de fondo, se cambia el valor nominal de la moneda mediante la eliminación de ceros.

Fuente. El Universal