Todo pareciera indicar que mientras las autoridades gubernamentales no decidan modificar su concepción del modelo económico implantado hasta ahora en nuestro país, la población venezolana debe seguir pasando más penurias; es decir, escasez y carencia de lo necesario para sobrevivir.

Ese obscurantismo económico ante el verdadero problema, refleja un país carente de producción y de buenos empleos; más un ingreso familiar disuelto frente a una elevadísima inflación, unos procesos indiscriminados de ajustes de precios. Tampoco hay nuevas inversiones ni capacidad instalada para atender las necesidades de los bienes y servicios de la población. Esa realidad indica, que las causas del problema del país son estructurales y por lo tanto no se corregirán con medidas efectistas.

Lo que se puede esperar de las medidas tomadas por el gobierno es el agravamiento de la actual situación, ya que los incrementos al salario mínimo y al cesta ticket se trasladarán al mercado en busca de productos que no se están produciendo en el país, generando movimientos inflacionarios que la población no podrá cubrir – a pesar de la ilusión monetaria que pueda ocasionar el referido aumento. Mientras el gobierno no actúe para detener la inflación, sus medidas se convertirán en sal y agua para la gente, especialmente para los más humildes; y peor aún, para los desempleados que no perciben ingresos por ninguna vía.

La situación se ha hecho tan crítica, que los especialistas nacionales e internacionales a través de sus seguimiento e investigaciones, estiman que el poder de compra del salario o de los ingresos que percibe la población- comparado con los niveles de inflación en lo que va del año – ha caído en más de un 50% – y que en comparación al poder de compra del año pasado, este alcanzará valores alrededor de – 20%, afectando la calidad de vida de los venezolanos y dramáticamente la economía del país por la serie de medidas económicas equivocadas.

Mientras el gobierno continúe con la tozudez o ceguera de atacar las consecuencias, pero no defina una efectiva estrategia inflacionaria para la mejora del salario real o poder adquisitivo, será más de lo mismo. La política indiscriminada del control y ajuste de precios no puede estar por encima de una verdadera reactivación agrícola e industrial que incremente la producción, genere buenos empleos y acabe con el financiamiento inorgánico al déficit fiscal.

Todo ese panorama descrito anteriormente, se agrava al considerar otros aspectos, tales como: las restricciones económicas y financieras impuestas por el gobierno norteamericano y las de la realidad actual de nuestro petróleo, que siendo el principal producto de nuestra economía, atraviesa por una severa crisis, en sus fases de producción, refinación y sobre todo de exportación, porque no se trata solo de la baja de los precios, sino de la inexistencia de capital, tecnología, recursos humanos calificados y una gerencia competente.

Por esas razones y otras de diversa índole, es que Venezuela en lugar de haber generado riqueza, se ha empobrecido de tal manera que por primera vez se piense que el país va hacia un hueco profundo y obscuro, demostrándose así la inefectividad de las medidas económicas tomadas por la elite gobernante.

En condiciones más normales, los responsables de las medidas económicas buscarían alternativas ante el fracaso manifiesto. No obstante, el objetivo de los gobernantes de turno luce distorsionado al primar el objetivo político ante el objetivo económico sin tomar en cuenta que, para lograr el equilibrio, lo económico será lo más importante porque la gente tiene que cubrir las necesidades básicas de alimentación y salud.