Venezuela:Una inflación que amenaza la estabilidad política

Este país tiene el índice de precios más alto de América Latina, con un porcentaje superior a 60%. La posibilidad de que en 2015 la cifra llegue a 110% será una consecuencia de las medidas que adopte el Gobierno para reducir el descontento social que genera la escasez. De todos modos, el encarecimiento de la vida ofrecerá un escenario complejo

Ariana Guevara Gómez – www.lindro.it – Hace unos días, varios expertos presentaron un panorama desalentador para Venezuela. Entre otras cosas, señalaron –en un foro realizado por la organización Ecoanalítica– que en 2015 la inflación en el país podrá llegar a 110%. El asunto es preocupante, pues hasta agosto de este año el porcentaje se encontraba en 63,4%, el más alto entre 10 naciones de América Latina.

Si se considera el aumento anual de los alimentos, el problema es aún más grave: de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la inflación para estos rubros llegaba a 91% en agosto de 2014, mientras que la de Colombia alcanzó 3,5% y la de Panamá 1,4%. Entonces, ¿qué habría que esperar para el año que viene, cuando la cifra supere los dos dígitos?

En la arena política, esta situación tendrá sus efectos. Carlos Carrillo, profesor universitario especializado en análisis financiero, dice que habrá inestabilidad por el aumento del costo de los productos y la reducción de la capacidad de compra. Los venezolanos sentirán aún más las consecuencias de una realidad económica asfixiante y, probablemente, decidan hacer protestas, como las que ocurrieron entre febrero y abril de 2014.

Ante este escenario, la oposición, liderada por políticos como Henrique Capriles Radonski –ex candidato presidencial en 2012–, y Leopoldo López –en prisión desde febrero de 2014 por promover manifestaciones contra el Gobierno–, podrán capitalizar las demandas de la población para, quizás, lograr algún cambio de poder.

Pero, más allá del aprovechamiento político posterior, el Ejecutivo está convencido de que, en realidad, esta situación la han causado esos grupos contrarios. Dicen que existe una “guerra económica”: las empresas, con la intención expresa de generar descontento en la sociedad, no producen lo suficiente y, además, practican la especulación y el acaparamiento. Un comunicado del Banco Central de Venezuela señala que en 2013 se desarrollaron medidas para garantizar el bienestar, pero que las protestas de febrero de 2014 tuvieron graves consecuencias: “Un grupo radical de la oposición, guiado por el afán de hacerse con el poder a toda costa, no dudó en poner en práctica iniciativas para generar desestabilización, promover crispación colectiva, auspiciar un marco de condiciones políticas caóticas y de desasosiego, para estimular la insurrección social e, incluso, la intervención de sus aliados foráneos”.

Hablan, específicamente, de Estados Unidos. Una información publicada por la Agencia Venezolana de Noticias –perteneciente al Gobierno– indica que para 2014 el Departamento de Estado del país norteamericano planificó invertir 5 millones de dólares en la profundización de la democracia venezolana. Para los sucesores de Chávez, entonces, tal aporte monetario contribuye con esa inestabilidad, consecuencia de la “guerra económica”.

Pero, para los expertos, el asunto no puede simplificarse de esta manera. Carrillo asegura que habrá una situación especialmente complicada, que golpeará con fuerza a la sociedad. En primer lugar, existen riesgos de que ocurra una estanflación: la confluencia de la inflación y el estancamiento –el Fondo Monetario Internacional calcula que en 2014 el Producto Interno Bruto se contraerá en 3%, y en 2015, en 1%–. Eso significa que habrá poca capacidad para ofrecer empleo a los 300.000 venezolanos que cada año se incorporan a la población económicamente activa; para estas personas desempleadas será aún más difícil hacer frente a un incremento de precios. “Sucederá lo que en economía se denomina la tormenta perfecta”, dice.

Para Henkel García, analista financiero y director de la organización Econométrica, el descontento popular se hará sentir mucho antes que la llegada de la inflación de 3 dígitos. La escasez, dice, será uno de los detonantes. Hasta enero de 2014 –cuando se publicó por última vez la estadística oficial– este índice se encontraba en 28%. Carrillo apunta que, como en 2015 se realizarán elecciones parlamentarias, el gobierno de Nicolás Maduro hará todo lo posible por reducir el desabastecimiento, y así mantener a raya cualquier expresión de malestar. Además, deberá garantizar el flujo de dinero para cumplir con las exigencias de grupos sociales y asegurarse el triunfo electoral.

Por eso, señala, tomará medidas que, de algún modo, serán la causa de la inflación elevada. Una de ellas es el ajuste de precios: habrá que aumentar los costos de productos, estancados por el control gubernamental que comenzó en 2003. Desde ese año, no está permitido el incremento libre de los precios de algunos rubros, como los implementos de aseo personal, lo que influye en la capacidad de producción de las empresas. Por eso, si se logra el incremento para darle movilidad a la economía, se verán las consecuencias en los bolsillos cada vez más vacíos de los venezolanos.

A eso se suma que, en la actualidad, existe una escasez de moneda extranjera, que se evidencia en la reducción de las reservas internacionales –al 30 de octubre se encontraban en 19.758 millones de dólares, una de las cifras más bajas de la historia del país–. Por eso, dicen los especialistas, será necesario levantar el control cambiario. En Venezuela hay tres tipos de tasas: a 6,30 bolívares por dólar, a 11,70 bolívares por dólar o a alrededor de 49,97 bolívares por dólar. Las empresas, de acuerdo con los criterios gubernamentales, tienen derecho de conseguir divisas con alguno de estos cambios. Carrillo señala que al igualar las tasas –un proceso en el que se devaluará la moneda– se logrará una fuente de financiamiento para el país.

De llegarse a aplicar esta medida, los productos importados que ahora se consiguen a un cambio de 6,30 bolívares –entre ellos, alimentos y medicinas– necesariamente subirán de precio. “Esto ya ha ocurrido en el pasado, al momento de liberar los controles cambiarios”, explica García.

También hay que considerar una madeja de variables. Carrillo dice que la inflación se produce por las malas políticas monetarias. Por ejemplo, el Banco Central de Venezuela ha aumentado el dinero inorgánico, lo que quiere decir que circula mucha moneda, pero sin sustento de las reservas internacionales y sin incremento de la producción de bienes y servicios. Esa es una consecuencia de los presupuestos deficientes, el aumento de la deuda interna y, entre otras cosas, la dificultad de pedir dinero a otros países por el elevado riesgo país.

De todos modos, Henkel García asegura que la posible inflación de tres dígitos no tendrá efectos negativos en el mercado latinoamericano. “En los años noventa se vivió una ola de inflación en varios países. Pero ahora Venezuela está aislada. En Ecuador, Nicaragua y Bolivia, con visiones políticas alineadas a la izquierda, han sido más pragmáticos que el gobierno venezolano”, señala.

Carrillo dice que la inflación no es una enfermedad contagiosa: “Todo depende de las políticas monetarias de cada país”. Asegura que, con el encarecimiento, los productores venezolanos tendrán más dificultades para vender en el mercado internacional. Aunque las exportaciones son principalmente petroleras, hay un pequeño porcentaje de envío de otros rubros que llevan adelante algunas empresas privadas –produjeron 1.374 millones de dólares en 2013, en comparación con los 64.396 millones de dólares provenientes de la exportación de petróleo–. Los que se verán beneficiados, dice el especialista, serán los socios comerciales: “Para los productores externos será aún mejor negocio vender en Venezuela, por las ganancias que podrán obtener”. Para los habitantes de este país, en cambio, será un año de menor poder adquisitivo y grandes sacrificios.

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