ENTREVISTA

El economista Víctor Álvarez, ex ministro de Industrias (2005-2006), señala que Venezuela pudiera duplicar y hasta triplicar la producción industrial si optimizamos el uso de la capacidad que el país ya posee, sin tener que hacer nuevas inversiones
Publicado: Noviembre 30, 2015

El acceso de Venezuela a la categoría de país industrializado ha sido un objetivo perseguido desde hace décadas, particularmente a partir de la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, no la ha podido alcanzar. La Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONADI) indica que un país logra ese rango cuando el aporte de su industria manufacturera al producto interno bruto (PIB) es igual a 20% mínimo.

El economista Víctor Álvarez, ex ministro de Industrias (2005-2006), señala que la contribución de la manufactura venezolana al PIB se acercó al 19% en 1999. “En este momento es de algo más de 13%, lo que quiere decir que la economía venezolana se ha desindustrializado”. Añade la disminución de la densidad empresarial. “En 1999, Venezuela tenía 0,33 establecimientos manufactureros por cada mil habitantes, mientras que en 2015 apenas tiene 0,25, en tanto que, por ejemplo, Colombia tiene 1,2, México 1,7, Argentina 1,9 y Brasil 2,2”.

¿Venezuela tiene hoy capacidad para industrializarse?

Esa capacidad está asociada a su aptitud para reactivar la industria ya instalada, que está trabajando apenas a 45%-50% de su disponibilidad, según Conindustria. Venezuela pudiera duplicar y hasta triplicar la producción industrial si optimizamos el uso de la capacidad que el país ya posee, sin tener que hacer nuevas inversiones en maquinarias, equipos, galpones, etc. Otro objetivo es la reconversión o modernización del actual parque industrial, que ya acusa obsolescencia  tecnológica. Luego, para alcanzar por lo menos el 20% de aporte de la manufactura al PIB, se debe reindustrializar la economía nacional, esto es, levantar nuevas plantas y fábricas, lo que permitiría elevar la densidad empresarial a por lo menos una empresa industrial por cada mil habitantes en los próximos años. Esto cuadruplicaría el número de industrias que tiene el país, desde las actuales 7.000 hasta 28.000.

¿Por qué Venezuela no termina de industrializarse?

El principal freno a la industrialización de Venezuela ha sido la sobrevaluación de la tasa de cambio. Hace algunas décadas, cuando se lanzó la política de industrialización por sustitución de importaciones, el dólar barato permitió importar maquinarias, equipos y tecnología con las que se instalaron las primeras industrias.

Esas empresas  pudieron sobreponerse a las importaciones, que también podían efectuarse a esa tasa barata, porque fueron amparadas por una política proteccionista con medidas arancelarias y para-arancelarias que le permitieron a esa naciente industria multiplicarse, fructificar y prosperar durante ese período. Ese proceso llegó a su fin cuando se inició la apertura comercial en la década de 1990, pues se retiraron dichas protecciones, de modo que la industria tuvo que competir con importaciones baratas y de mucha mayor calidad que la producción industrial venezolana.

Esa sustitución de importaciones ha sido muy criticada. ¿Qué opina sobre esto?

Por la restricción que impuso la sobrevaluación de la tasa de cambio, esa industria fue, sobre todo, ensambladora, envasadora y empaquetadora con muy poco valor agregado nacional y un altísimo componente importado que la hizo tradicionalmente dependiente de las divisas preferenciales de la renta petrolera. Esa tasa sobrevaluada implantó un sesgo pro-importador y anti-exportador en la industria, rasgo que se vio acentuado en los últimos diez años por una sobrevaluación mucho mayor y la más prolongada en la historia industrial venezolana. Eso llevó a que el mejor negocio en Venezuela fuera importar en lugar de fabricar. Esa tasa y la transmutación de muchos industriales en importadores desde 1999 es lo que explica que el aporte de la manufactura al PIB haya caído y que disminuyera la densidad empresarial de 0,33 a 0,25 establecimientos industriales.  

¿Qué diferencia hay entre el “compre venezolano” de la época de ProVenezuela y el del gobierno de Hugo Chávez? 

Buena parte de los incentivos y estímulos de política industrial que se otorgaron en la primera etapa de sustitución de importaciones fueron concedidos de modo permanente e incondicional para instalar empresas que gradualmente tenían que producir a menores costos y mayor calidad. Empero, a lo largo de ese primer período de sustitución de importaciones, cuando la industria nacional fue sobreprotegida y gozó de incentivos no condicionados a mejoras en la calidad y productividad, el consumidor venezolano fue condenado a comprar productos más caros y de menor calidad que los importados. Por eso cuando se abrió el mercado interno al torrente de importaciones, el consumidor optó por adquirir el producto importado.

Eso se vio agravado en los últimos diez años porque la sobrevaluación de la tasa de cambio provocó un deslave de importaciones subsidiadas que prácticamente barrió con la producción industrial nacional. Hoy los instrumentos de política industrial tienen que estar sujetos a un principio de reciprocidad. Es decir, la industria que los reciba tiene que comprometerse a introducir mejoras en sus procesos productivos y en sus productos, aumentar la productividad y la calidad, fortalecer su competitividad, para que el consumidor tenga acceso a un producto tan bueno y de precio tan atractivo como el importado.

¿Qué opina de la nueva comisión para sustituir importaciones?

Uno siempre saluda cualquier gesto de voluntad política que tenga el gobierno para reivindicar en la agenda de la política económica un lugar para la industrialización. Pero para que esa comisión tenga éxito y pueda cumplir los objetivos de reactivar y modernizar la industria nacional y, sobre todo, de reindustrializar la economía venezolana, tiene que estar respaldada por decisiones en materia de políticas macroeconómicas  e industriales. Debe definirse una tasa de cambio que exprese la verdadera productividad y competitividad de la industria nacional.

Esa comisión por sí sola nunca podrá respirar ante las importaciones que el propio gobierno efectúa a tasas tan bajas como Bs. 6,30 y Bs. 12,0 por dólar.

Ninguna industria se puede instalar en Venezuela con esperanzas de desarrollarse si se ve obligada desde su inicio a competir con las importaciones subsidiadas que efectúa el gobierno.

Hace falta diseñar otras medidas de políticas agrícola, industrial y tecnológica para que podamos ver una floreciente industria y agroindustria nacionales que produzcan, en una primera etapa, los bienes que conforman las canastas alimentaria y básica que es donde se concentran los actuales problemas de desabastecimiento, escasez, acaparamiento y especulación.

Hay que abordar el marco legal y el entorno institucional para generar el ambiente propicio para la inversión productiva e industrial. Si no se resuelve el problema de inseguridad jurídica, si en el país continúa prevaleciendo la sensación de que una empresa industrial puede ser intervenida, ocupada o expropiada, es muy difícil que se logren los objetivos de reactivación industrial. También se debe crear un clima de paz laboral, en lugar de un ambiente de conflictividad. Los trabajadores deben ver que la prosperidad de las empresas es también la posibilidad de que mejoren sus condiciones salariales.

En contextos adversos es muy difícil que se cumplan los objetivos de la industrialización, la cual requiere inversión privada nacional y extranjera, porque ha quedado claro que el modelo estatal de industrialización no dio los resultados que se esperaban. Todo el proceso de expropiaciones, nacionalizaciones y estatizaciones que llevó a cabo el gobierno bolivariano desde los años 2007-2008 se tradujo en que el Estado venezolano tiene hoy la carga de más de 1.000 empresas que fueron expropiadas, la mayoría de las cuales no producen o no facturan ni siquiera para pagar su nómina.

La solución debe apuntar hacia la desestatización, que no privatización, sino un proceso a través del cual los trabajadores de esas empresas se conviertan en verdaderos co-propietarios sociales.

¿Los productos nacionales pueden competir con los importados?

La industrialización venezolana, en sus primeras décadas, se basó en aprovechar las ventajas comparativas que tenía el país en cuanto a materias primas, recursos minerales y energéticos, fuerza de trabajo calificada y barata, posición geográfica, etc. La industria que tenemos es entonces intensiva en el uso de materias primas, energía y fuerza de trabajo. Ese paradigma cambió. Lo que hoy marca y define la competitividad de las empresas es la capacidad que desarrollan para generar y utilizar conocimientos científicos y tecnológicos. La producción industrial se ha hecho cada vez más intensiva en información y conocimiento. La reforma de la Ley Orgánica de Ciencia y Tecnología es otra clave para la nueva comisión presidencial, de modo que a las industrias se les permita financiar directamente sus proyectos de innovación tecnológica, de mejoras en procesos productivos y productos, porque sólo fortaleciendo sus capacidades tecnológicas e innovadoras es que la industria manufacturera podrá ser lo suficientemente competitiva para encarar con éxito la reñida rivalidad en los mercados internacionales. 

Por César Contreras

redaccion@dinero.com.ve

La nota completa está publicada en la edición 299 de la revista DINERO disponible en todo el país.

 

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