Vigencia de Antonio Arráiz

Con sobradísima razón su accionar fue afín al de otro gran venezolano, Miguel Otero Silva. Sus personalidades se asemejaban. Nos referimos a don Antonio Arràiz, político, periodista, ensayista, novelista; pero sobre todo, poeta enamorado de su tierra. 47 largos años han transcurrido desde su partida al infinito y la claridad de su pensamiento, lamentablemente está vigente.

Antonio Arraíz, quién había nacido en Barquisimeto un 27 de marzo de 1903, tenía casi 25 años cuando irrumpió con un puñado de estudiantes universitarios en la historia política de Venezuela. Fue por tanto uno de los miembros (aunque no era estudiante para la época) de la llamada generación del 28, antecesora de esta generación del 2009, que con su fresca y noble presencia combate el mismo estado de cosas que adversaban los de la boina azul. Siete largos años de prisión en La Rotunda, fue el precio que tuvo que pagar don Antonio por esa valerosa y justa participación en la lucha por espacios de libertad.

Desterrado en 1935, regresa a Venezuela al año siguiente, insertándose en el diseño del país que surgía de las sombras gomecistas. Es allí cuando comienza su vinculación con los cargos públicos hasta acceder, por la mano de Miguel Otero y de su Padre, al cargo de Director fundador de EL NACIONAL (1943). Este hecho de por sí constituiría un legado a la historia, pero su inquietud y pasión por su nación le llevó a producir intelectualmente novelas como LOS LUNARES DE LA VIRREINA (1931), PUROS HOMBRES (1938) Y DÁMASO VELÁSQUEZ y un libros de cuento que resume (como nos ha recordado el Dr. Axel Capriles) la picardía lesiva del venezolano, Tio Tigre y Tio Conejo.

En estos tiempos en los que los Ardavines, los Mondragones, los Balbino Paiva, se enseñorean nuevamente en esta dolida tierra, el pensamiento, obra y actitudes de Don Antonio Arraíz cobran especial vigencia. Deberían servir para enderezar entuertos seculares, esquemas repetidos y fracasados, con el objeto de construir lo que, por centurias, no hemos sido capaces de construir: una nación vigorosa, justiciera, progresista, en donde se respete al ciudadano y en la que el ciudadano respete al conjunto, una verdadera nación.

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