Vigilancia y seguridad vs. Soluciones integrales

En Venezuela existen numerosas empresas que ofertan diferentes productos en el campo de la seguridad y la vigilancia (seguridad electrónica, protección de personalidades, estructurales y no estructurales blindados, inteligencia y contra inteligencia, electrificación y alarmas de perímetro, seguridad informática, armas, protección de la información, seguridad bancaria, entre un larguísimo listado, etc.). El escenario se ha saturado de productos y los resultados son visiblemente adversos en los titulares de las noticias de cada día.

Los venezolanos vemos aterrados cómo se asesina a centenares de ciudadanos cada semana, en lo últimos años hemos sido testigos de cómo empresarios, productores agropecuarios, políticos y hasta deportistas que, -pese a “gastar” fuertes sumas de dinero en “protección y seguridad”- son víctimas, ellos y sus allegados, de secuestros, atracos, extorsiones y -lo que es peor aún- asesinatos crueles, que denotan el grado de resentimiento y animadversión del malhechor. Somos espectadores de los numerosos delitos financieros que afectan, desde el ciudadano común hasta las grandes corporaciones. Es innegable que la gran inversión que realizan en seguridad electrónica (entre ellas: los de por sí costosos circuitos cerrados de TV), los propietarios de lugares de pública concurrencia -como parques, cines, centros médicos, centros comerciales, etc.- ha servido para testificar de manera tardía, cómo se ejecutan con flagrancia total un sin número de fechorías dentro de tales espacios, mientras que el efecto proactivo de disuadir y/o prevenir no ha sido logrado.

Por las razones ut supra citadas, la colectividad venezolana sigue viendo “la seguridad” como un gasto y no, como la gran e importante inversión que ha de garantizar, no sólo la continuidad del negocio, sino que guarda relación directa con la existencia y calidad de vida. Entendida así, conviene admitir que la seguridad es algo que pide una concepción integral: a problemas complejos, soluciones complejas, completas.

La gestión de seguridad se ha convertido en un verdadero reto, las empresas que ofertan hoy, deben hacerlo mediante una respuesta integral. Lo complejo de la inseguridad mundial -y particularmente de la venezolana- reclama la asesoría global en temas de seguridad. Los dispositivos de seguridad y el resto de productos destinados a tal fin, pueden convertirse en gastos superfluos, si no son el resultado de verdaderos protocolos de identificación y análisis de riesgos, procesados bajo la lente de la vulnerabilidad. Entonces, dicha inversión requiere un estudio exhaustivo de las ofertas del mercado y de la aptitud del producto ofrecido -donde juegan un papel importante, las certificaciones de calidad- luego, la inducción operativa y después, la capacitación real exigida por las nuevas políticas y protocolos de actuación a aplicar, como consecuencia de la incorporación de nuevos instrumentos; finalmente, la revisión y medición de resultados, tomando -como punto de salida del vector a medir- los estándares previamente aceptados y establecidos.

Los equipos, dispositivos, cursos, entrenamientos, etc., no pueden seguirse adquiriéndolos en almacenes o pulperías, ni -lo que es peor- a vendedores ambulantes con empresas de portafolios. En el escabroso tema de la seguridad, los vendedores tienden a desaparecer, pues se está abriendo paso a los asesores expertos que -por encima de su interés comercial- interponen el profesionalismo que la necesidad reclama, a fin de ofrecer soluciones integrales.

Hoy, se ven aparecer en el escenario, empresas de servicios integrales capaces de ofrecer en un sólo espacio:
· Dotación,
· Consultoría
· Asesoría
· Protección
· Formación y entrenamiento.

Dichas organizaciones marcan un rango diferencial con firmas de suministros. Este diferencial viene del valor añadido por la aportación de varios factores, que resultan decisivos a la hora de seleccionar un proveedor de servicios. Así, pués, más allá de la simple oferta de servicios generales, dicha organización debe tener un recurso humano experto en ofrecer soluciones específicas y contextuales, en las que se incluyan los medios y -muy especialmente- los recursos humanos más adecuados a cada proceso concreto, y el período de implantación e implementación del despliegue operativo.

Como consecuencia directa de este principio empresarial, estas organizaciones deben prestar la mayor atención a sus clientes, con un servicio caracterizado por su personalización; tanto en la elaboración de planes correspondientes, como en la asignación de los recursos humanos afectos al mismo. Ellas deben tener un formato dinámico y flexible, que permita facilitar el seguimiento ágil y capaz de cada proyecto orientado a la eficiencia, y a proporcionar un alto grado de atención a cada cliente, todo esto dentro de los estándares de calidad previamente definidos, cuya clave resida, no sólo en el recurso humano, sino -además- en los protocolos de trabajo y controles pro calidad permanentes.

Una organización que pretenda ofrecer “soluciones integrales de seguridad”, debe ofertar una importante garantía adicional: Debe establecer documentalmente con todos sus colaboradores, una cláusula de compromiso de confidencialidad y discreción, en relación con el desarrollo de su misión profesional, base fundamental de todas las ventajas amparadas por un adecuado código de ética profesional organizacional.

Usted, como responsable de protegerse, proteger sus bienes, su organización, su familia, sus patronos y/o trabajadores, su entorno, el medio ambiente, etc., debe reclamar de sus proveedores las características señaladas acá, puesto que sus problemas integrales reclaman soluciones, “Soluciones integrales, protección sin fronteras”…

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