Wagner y el Ocaso de los Dioses

El arte de dirigir consiste en saber cuando hay que abandonar la batuta para no molestar a la orquesta.
Herbert Von Karajan

Wilhelm Richard Wagner (1813-1883) nació en Leipzig, Alemania. Compositor, director de orquesta, poeta y escritor. Se ha escrito mucho que esta obra constituye un verdadero monumento musical, de carácter eminentemente sinfónico por las majestuosas y drásticas combinaciones de los diferentes temas musicales.

Lo dramático y complejos temas que caracterizan a Hagen y la acción de la maldición, se oponen y desfiguran constantemente la nobleza y claridad de la música asignada a la pareja que representa el amor. Su fuerza no es suficiente para eliminar los efectos de la maldición; Sigfrido y Brunilda también son sus víctimas y su caída arrastra a todos los seres, dioses y nibelungos al exterminio total, ya que su triunfo en el amor constituía su única esperanza de liberación.

En la obra, Sigfrido se despide de Brunilda, pues desea conocer el mundo de los seres. Le confía el anillo en prenda, de su único amor. En la Tierra de los Guibijungos, se encuentra con Hagen, medio hermano de la pareja reinante: Gunther y su hermana Gutrune. A través del engaño representado por un filtro del olvido y con el objeto de obtener el preciado anillo de manos de Brunilda, Hagen consigue que Sigfrido no sólo la olvide, sino que se comprometa a traerla como esposa para Gunther, si este consiente en otorgarle la mano de Gutrune. Pero, al llevar a Brunilda, Sigfrido guarda el anillo para sí, por lo que Hagen apoya la declaración de venganza de Brunilda contra Sigfrido por su traición. Antes de ser engañada, Brunilda ya había sido advertida por una de las walkirias de que sólo devolviendo el anillo al Rhin, a su verdadero dueño se liberaría del Anatema.

De esa misma forma, en una cacería, Sigfrido es precavido por una de las ondinas, Pero a igual que Brunilda se niega a devolverlo porque es para ello un símbolo de amor. Durante un descanso de esta cacería, Sigfrido cuenta su vida a Gunther y a Hagen. Recuerda su Victoria ante Fáfner, la conquista del anillo y…. su amor por Brunilda. Como ella ahora es la esposa de Gunther, el rey Hagen hunde su lanza en la espalda de Sigfrido, pero no logra quitarle el anillo del cadáver; su única y legítima heredera es Brunilda, quien lo devolverá al Rhin una vez que una enorme hoguera purificadora haya consumido el cuerpo de ella y de Sigfrido. Ella piensa que una vez destruida la materia, sólo el amor permanece. Cuando el fuego consume sus cuerpos, Hagen trata de recuperar el anillo, pero es abatido y ahogado por las ondinas del Rhin, el cual se desborda. La destrucción de la materia, que es la ley de la naturaleza, proclama la supremacía del amor sobre la ambición material que lo sacrifica……

No cabe la menor duda, como bien lo comenta Gutiérrez, en el “Ocaso de los Dioses”, los trágicos acentos provenientes de la maldición del anillo apagan la heroica y conmovedora expresión de amor entre Brunilda y Sigfrido.

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