¿Cómo fluye la energía en las organizaciones?

La sinergia empresarial implica un cambio cualitativamente superior en una empresa como resultado de la interacción y colaboración entre varias partes, ya sean internas o externas.

Este término se suele asociar con la fusión de dos o más compañías, pero también comprende la colaboración y el trabajo en equipo entre diferentes departamentos de una misma empresa.

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El liderazgo afiliativo  es responsable de cómo se mueve la energía en las organizaciones por cuanto se centra en las relaciones. La intención de un líder afiliativo es generar armonía. Estos líderes carismáticos trabajan para generar relaciones y fomentarlas dentro del ámbito laboral, con lo que se logra un ambiente de trabajo colaborativo y positivo

Según las escrituras, la primera organización humana fue conformada por Adán y Eva, quienes desacataron las instrucciones y fueron expulsados del paraíso, como consecuencia de un proceso entrópico de administración de energía comunicacional.

Ese ejemplo ha sido seguido por muchos que se alejan de las leyes y normas de coexistencia en pro del avance y ascenso generando condiciones imperfectas que llevan hacia la destrucción, pero otros han comprendido la necesidad de evolucionar, reconociendo el destino a construir yendo hacia la subsistencia, el crecimiento y el desarrollo de la perfección. De éstos, unos dirigen y enrumban (líderes), otros les siguen. También hay otro conjunto, el de quienes no hacen lo uno ni lo otro: los «nini» (indiferentes por antonomasia).

Cada líder debe contagiar con su energía a sus seguidores para formar una masa crítica lo más uniforme posible, armónica y sinérgica con sus formulaciones y ha de seducir a los “nin”i para que cambien su modo de pensar y de actuar, invitándolos a subir los escalones para alcanzar su superación, admitiendo que no tiene el poder de hacerles cambiar y que el cambio sólo surge como resultado de la germinación de la semilla del querer ser mejor y esto únicamente se da en los privilegiados que tienen un terreno fértil para ello, pues los alejados de leyes y normas (que debe identificar, desarticular y neutralizar) son -por su naturaleza característica- adversarios a ultranza.

La masa crítica mencionada, casada con lo inducido por el líder, presta un gran servicio al invertir de su energía para coparticipar en el logro de esta tarea porque sus miembros anhelan la optimización gradual de sí mismos y de las condiciones de su escenario de actuación y de su productividad, pues eso les beneficia realmente en todo, muy particularmente en una mejor realización personal, laboral, económica y más.

Por ir naciendo puntos repetidores y reintensificadores (como los de la red de telefonía celular), el centro energético ya no se localiza sólo en el guiador (líder), sino que va expandiéndose, no se conoce realmente cómo crece, lo que sí se sabe es que cada cual -sin saber porqué- le agrega su condimento enriquecedor, produciéndose una luz motivadora de expectativa entusiasmante que circula entre la gente, girando en espiral ascendente, irradiándose en grandes cantidades con chispazos de colores por doquier en el interior de la organización y esto es percibido por fuera de ella: los ajenos, vinculados o no con esa magia, escuchan a los propios hablar de ello y la esplendorosa imagen de la organización es vista como un fulgor especial: hasta llegan a imaginar gustosamente cómo sería si fueran integrantes de ella, lo cual les atrae.

Todo ese largo proceso de formación y crecimiento es gradual y progresivo, va sucediendo de modo natural, pero inducido y dirigido por el equipo del motorizador que se mantiene atento y vigilante cuidando que la evolución sea lo más perfecta posible.

Esa evolución va densificando la energía que se esparce, aumentando su vibración, así ha de planificarse: no debe permitirse que se enfríe.

Después, esas energías que salen de las repetidoras intensificadoras terminarán siendo una megaenergía sistémica, una sola que tendrá diversas modalidades en las diferentes unidades estratégicas de negocio (puntos de labor y producción) porque serán acordes con la tarea específica de cada cual. Basta imaginar un engranaje complejo en el que unos dientes giran a una velocidad y otros a otras en un concierto armónico que termina maravillando a todos por su funcionamiento preciso.

Las organizaciones se originan, se estructuran y evolucionan, unas sobreviven y progresan, mientras que otras sucumben ante lo adverso. Lo ideal y trascendente es que funcionen correctamente y se optimicen llegando a tener derivaciones conexas (sucursales, concesionarios, franquicias, etc.) donde se necesitarán líderes y la masa crítica antedicha. Esto pide muchos tipos de energía, entre ellas: financiera y gerencial, pero ninguna de éstas es la que se mueve en un escenario intangible, pero perceptible: la mente de su gente.

Sí, ¡energía menta! (EM), pues en la mente (una función del encéfalo) es donde halla vida el intelecto, la esperanza, los anhelos, los intereses, los principios, los valores, las convicciones y más: todo un completísimo conjunto de determinantes que establecen el sistema referencial de las condiciones del campo personal individual de ideación, de filtrado, de decisión, de actuación y más que dan luz verde a algunos actos y luz roja a otros, como también a la luz amarilla de la cautela y la incertidumbre.

Es en esa misma función encefálica, en ese conjunto citado, donde la energía del líder (sus palabras y ejemplos) tienen recepción -o: no- y con base en eso la respuesta que será cónsona con la particularidad mental propia de cada receptor.

La EM procede de los pensamientos y éstos son determinados por el sistema referencial individual y desde ahí emerge con gran vibración que es sinergizada con la energía emocional del candor del anhelo por las mejores condiciones en el escenario de todos. Esas energías de naturaleza etérea impactan y estimulan la inevitable diferenciación derivada del proceso de selección natural que va poniendo un orden armónico en el recurso humano lo cual puede ser favorecido por la energía que aportan al avance y desarrollo las alas de la inteligencia de cada cual.

La duración de tal proceso es impredecible y puede ser un trabajo arduo (de implementación, orientación, observación y ayuda) hasta que se logre la canalización (no espontánea, sino inducida) hacia la mayor homogeneidad y equilibrio posible en la adaptación del pensar y accionar de todos en pro del mejor resultado del proceso evolutivo de expansión creciente hacia el perfeccionamiento que ofrece la oportunidad de activar los equipos autodirigidos de alto desempeño (que deben acompañarse con atención y vigilancia extrema, no ir a la deriva, pues una confusión o equivocación puede llevar al atraso, estancamiento y destrucción).

La conciencia es la que efectúa el cambio y toda la información de lo que se hace debe quedar en escritos que se han de guardar y proteger: son un tesoro histórico valioso para evitar tergiversaciones, pues la evolución gradual (no: a saltos) se corresponderá con creaciones mentales que procederán de pensamientos y sentimientos que florecerán de la semilla energética sembrada por el líder.

Foto de Andrea Piacquadio: https://www.pexels.com/es-es/foto/grupo-de-mujeres-haciendo-ejercicio-863926/

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