Comportamiento moral: ¿tontos útiles?

Debido a las cambios que han ocurrido en el mundo organizacional de pasar de un entorno eminentemente tecnócrata a uno humanista, se ha afianzado un interés cada vez más pronunciado en los modelos de comportamiento alejados de las orientaciones económicas, manteniendo como proceso intelectual el que está centrado en la elección individual u organizacional. Estos nuevos modelos de comportamiento difieren del económico en sus supuestos fundamentales, por cuanto han asociado los supuestos centrales de un modelo que está orientado básicamente a los principios morales. Esta nueva realidad acentúa el hecho de que las personas eligen los medios y no sólo los fines, y que los primeros se escogen con base en sus valores y emociones. Como consecuencia a que los argumentos morales y utilitarios son cualitativamente diferentes, no pueden intercambiarse y las personas ratifican un sentido de afirmación cuando se rigen por sus compromisos morales. Por tal motivo la suposición neoclásica de la supremacía del individuo se modifica tendente a explicar que las comunidades sociales (incluidas las organizaciones; como lo son las asociaciones de vecinos y las étnicas) son unidades vitales en la adopción de decisiones.

Se puede reafirmar la realidad anterior mediante las ideas y conceptos de la nueva ciencia de la noología (teoría y uso del cerebro), en las implicaciones para el capital intelectual, intuitivo, operacional. Gracias a los aportes que ha brindado esta ciencia acerca del conocimiento del cerebro y sus funciones viene progresando lentamente en los aspectos anatómicos y neurofisiológicos, pero mucho más lentamente en los aspectos de educabilidad y su utilización. En ese orden de ideas T. Tyler expresa lo siguiente: «No es ridículo establecer una analogía entre el cerebro y un país (o una comunidad o planeta) donde los ciudadanos representarían las neuronas y las ciudades a los núcleos nerviosos. Las ciudades están interconectadas por las múltiples líneas de comunicación y realizan constantemente actividades específicas; por ejemplo, comercio, turismo, manufacturas varias. Los individuos que viven en esas ciudades trabajan en tales actividades e influencian a otros individuos, pero muy pocos son en realidad indispensables. La suma del conocimiento, la memoria o la cultura de la sociedad se distribuyen entre los componentes de la ciudadanía. Digamos, por un fin, que toda la nación es influenciada, para bien o para mal, por el medio que la rodea, tanto el natural como el artificial». Sin lugar a dudas que esta afirmación es muy subjetiva, podría mejorarse tomando en cuenta que una comunidad, un país o el planeta pueden ser imaginados como un gran cerebro que se prolonga en tres subgrupos que dirigen, construyen y disputan el proceso usuprestante. Se admite pues que el cerebro es una caja de resonancia del universo externo, una planta de transformaciones y una condensación del universo material en símbolos, casi aespaciales y atemporales; es decir una realidad virtual, por supuesto que en estos escenarios están presentes tres fuerzas representadas por los sub-grupos: oficial, anti-oficial y oscilante.

Cuando en estos escenarios predomina el sub-grupo oficial el estilo de comportamiento es dominante, hegemónico y sacral, socialista o neoliberal, político y económico. El estilo conductual revolucionario, disidente, hereje religioso, invasor o concurrente económico es característico de la actuación del sub-grupo anti-oficial; mientras que cuando prevalece el sub-grupo oscilante el estilo conductual es de: populacho, capitalista, socialista y sacral. La meta del primer sub-grupo es mantenerse en el poder, liberarse de los anti-oficialistas y depredar a los oscilantes. Por su lado, el sub-grupo anti-oficial tiene como meta el cambio, la renovación, substitución del oficial con ayuda de los oscilantes. El propósito de los oscilantes es unidad, amor y paz, son moralistas. Realmente, el drama del ecosistema y de la humanidad ha sido y es realmente este juego triádico, es decir: el enfrentamiento de los tres subgrupos con el objetivo de buscar sus satisfactores de sobrevivencia, reproducción y convivencia. La violencia en estos escenarios está siempre presente en todos los niveles, para aseverar esta última afirmación, basta pensar en la Teoría de Selección Natural de las Especies de C. Darwin.

Hasta ahora las proposiciones y destrezas empáticas de los sociólogos y psicólogos sociales, así como también las técnicas de espejo (de ponerse en el lugar del otro) las reglas morales (como «ama a tu prójimo como a ti mismo» y el «no hagas a los otros lo que no te gustaría que te hicieran»), no han tenido mucho éxito para normalizar este juego social, cada vez más feroz y cruel. En el pasado la ley, la norma jurídica, ética y moral fueron eficaces, ero ya no es así, puesto que también fueron prostituidas por el abuso del poder de los sub-grupos oficiales negativos, cuyos integrantes parecen disfrutar del clima de violencia que engendran, condiciones que los más perjudicados son los sub-grupos en donde prevalece los principios éticos y morales, por cuanto -por ser oscilante- son manipulados por los oficialistas.

Sin lugar a dudas que hay que buscar nuevas ofertas e insistir en la reducación, la repolitización y la reorganización de las fuerzas sociales y económicas, dentro de las perspectivas de las nuevas reglas del juego social, para evitar que las comunidades de vecinos, los países y el planeta en general se alejen de esa percepción virtual que es una jaula con dos posiciones características: el ataque y la defensa. Los tres sub-grupos mencionados en párrafos anteriores tienen culpa y mérito proporcional. Y, esto es precisamente lo que hay que replantear y revaluar en términos de proporcionalidad.

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