Consideraciones Sobre La Producción Escrita De Los Estudiantes Universitarios

La falta de capacidad que se observa en los estudiantes de pregrado y postgrado en las universidades, de expresarse por escrito con claridad, sencillez y coherencia, no es un problema exclusivo de una universidad en particular, ni de las universidades del país. Se trata, por lo demás, de un problema de orden internacional, que afecta las universidades del mundo, tanto de los países desarrollados como los llamados en vías de desarrollo. Por ello, para nadie es un secreto, que muchos textos escritos producidos por estudiantes y profesionales de las diversas facultades de las universidades del país, presentan serias debilidades y omisiones. Morales ( 2003 ) sostiene: “ En nuestras universidades la situación es grave. Muchos de los textos producidos por los estudiantes y participantes de las distintas universidades, presentan profundas deficiencias (conceptuales, textuales, sintácticas, semánticas y ortográficas), que imposibilitan su comprensión” (p 385).

Por otra parte, en el país y sobre todo en los últimos tiempos, no existe una cultura dirigida a la investigación. Así mismo, se observa un considerable retraso y una baja productividad en la culminación de los proyectos y de los trabajos de investigación. La UNESCO (2003) señala: ”Los países en vías de desarrollo deben tener, como mínimo, un investigador por cada cien habitantes. “ (p 24). De lo antes citado, en Venezuela hay un déficit considerable de investigadores. Por ello, es que la formación de investigadores no es una tarea sencilla, que se aprende de la noche a la mañana, ni que se produce por la retórica oficialista y/o por el capricho de un grupo de bisoños que desean que, a corto y mediano plazo, se produzcan trabajos de calidad. Históricamente, la investigación siempre ha requerido de mucho esfuerzo, dedicación, y trabajo. Pero, sobre todo, de mucha paciencia.

Precisamente, una reflexión importante está referida a las debilidades y omisiones que se observan en los trabajos de grado, los cuales son objeto de estudio por parte de los jurados. Según algunos docentes, las fallas de dichos trabajos no están en los participantes sino que, por el contrario, enfilan sus baterías hacia los profesores de Seminario y Metodología de la Investigación. En algunas oportunidades se han deslizado frases como: ¿Qué hacen y para qué sirven los profesores de Seminario? ¿Acaso no leen los trabajos de los participantes? ¿Cómo avalan y suscriben trabajos con debilidades de calidad?. De tal manera, que cada vez que termina una cohorte o un semestre, se abre una copiosa crítica, tras bastidores y en los pasillos de la universidad, acerca de la capacidad y profesionalismo de los profesores que dictan las materias de Investigación.

Resulta conveniente puntualizar que, en toda indagación, la profundidad de la misma depende fundamentalmente del participante o del investigador; significa, pues, que la motivación, el interés, y la dedicación del trabajo, está en manos del participante y, por ende, en ningún caso, corresponde al profesional que facilita los contenidos. Por consiguiente, por más esfuerzo, voluntad y vocación que desarrolle alguien para enseñar; si los estudiantes se encuentran poco interesados, pendiente más en sus cuestiones personales y particulares, preocupados más por la hora en que deben de salir de clase; con promedios de notas relativamente bajos, con carencia de tutores y dejando los trabajos para última hora, qué producto podemos lograr. Y a esto se agrega, participantes con serias dificultades en el dominio y manejo de las herramientas básicas para la investigación. En consecuencia, ante está realidad, es muy difícil obtener el producto y los resultados de calidad que algunos colegas profesores esperan.

Ahora bien, no se trata de eludir la responsabilidad que pueda tener el área de Metodología en la elaboración escrita de los participantes. En todo caso, lo que conviene es, ubicar en su justa dimensión, el problema y ver todas las variables que están en la discusión; es decir, con frecuencia se miran los árboles y no el bosque. En suma, el problema de la producción escrita de los estudiantes, es responsabilidad de todos los profesores de la universidad. (Rosemblat).

En relación a los tutores, el éxito del tesista depende de dos elementos vitales: en primer lugar, una adecuada escogencia del tema y, en segundo término, la selección de un tutor que acompañe al tutoreado en su proceso de investigación. Finalmente, seria saludable, para la institución que aquellos profesores preocupados por el problema, expresen sus inquietudes por escrito o conversen con los profesores de Seminario, a fin de iniciar una reflexión seria, y de buscar alternativas y soluciones que permitan encarar la situación planteada.

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