Martha, La Corocora Roja

Traducción del Ciconiiforme al Español, por Armando Mendoza.
Ilustración, por Carolina Flores.

¡Hola soy Martha! Una Corocora roja, a quien los científicos llaman (Eudocimus ruber), y nos ubican en el orden Ciconiiformes, el de las aves Zancudas, suborden Ciconiae y junto con mis primas, las Corocoras blancas, castañas y negras; el Tautaco, la Zamurita y la Garza Paleta, formamos parte de la familia de los Threskiormithidae.

Yo vengo de una familia de larga data en los predios del ahora Parque Nacional Morrocoy y Refugio de Fauna Silvestre de Cuare, ya que estamos por acá desde tiempos precolombinos, lo cual nos convierte en lo que ahora llaman “pobladores autóctonos”. Mis amigas me llaman la maestra, pues no me canso de enseñar a nuestros pichones cómo obtener el mejor alimento, cómo prepararse para la vida, dónde deben hacer nidos seguros y sobre todo de mantenerse alejados de nuestros peligrosos vecinos humanos, responsables del decrecimiento de nuestras familias y de nuestras áreas de alimentación. No entendemos por qué existiendo tantas tierras desocupadas, a lo largo de nuestra hermosa costa, los humanos se antojan de hacer canales en nuestros manglares, construir sus casas justo sobre las albuferas que generan no sólo nuestro alimento, sino el de millares de micro-especies que son fuente de vida para otras especies botánicas y animales. Por el bien de nuestra especie, por nuestra supervivencia, creo que llegó el momento de tener que enseñar a los pichones humanos que en nuestro Parque Nacional Morrocoy y Cuare cabemos todos, aves y peces; corales y manglares; quelonios y reptiles; mamíferos y hasta humanos, si aprendemos, los unos de los otros, a compartir nuestro espacio y a respetarnos mutuamente para disfrutar la vida juntos, ya que hay espacio y oportunidad para todos.

Gracias a los avances tecnológicos y del interés de ustedes, los humanos; ahora nos podemos comunicar y así seguir mi vocación de educadora y orientarlos en cuanto a nuestra forma de vida y, en especial, de la necesidad en que estamos todos de conservar en equilibrio, los ecosistemas que nos rodean para continuar viviendo juntos en nuestro Paraíso de Morrocoy.

Las Corocoras rojas, a diferencia de las blancas, castañas y negras, sólo vivimos en la costa nororiental de Suramérica; al este de Colombia, Venezuela, Guyana, parte de Surinam y Guayana Francesa. Pero, en realidad, la mayoría de las familias vivimos en el extremo costero este de Colombia, los llanos y costas venezolanos; siendo los llanos y costas venezolanos, la zona de mayor reproducción de nuestra especie. Esta hermosa realidad nos confía a las familias venezolanas la alta responsabilidad de preservar nuestra especie, ya que el 90% de nuestra población conocida, habita y se reproduce en los llanos, las cercanías de San Juan de los Cayos y en Morrocoy. Ese gran privilegio es compartido entre nosotras, las Corocoras rojas, con nuestra especie; y ustedes, Todos los venezolanos, con el resto de la especie humana, ya que es aquí donde el resto del mundo tiene más oportunidad de vernos. Responsabilidad que sólo podemos asumir de manera conjunta, aprendiendo a vivir juntos y enseñando a nuestros juveniles a respetarnos mutuamente.

A las Corocoras rojas también nos llaman Ibis Escarlata, por el brillante color de nuestro plumaje, modestia aparte, único en el mundo y a la vista de ustedes en el Parque Nacional Morrocoy. Detalle éste, obra de los modistos de la creación, que nos asignaron una dieta bien balanceada entre pequeños y gustosos crustáceos y caracolitos, ricos en betacarotenos, grasositas larvas y escarabajos, jugosas ranitas y garrapatas, son el secreto de tan elegante y llamativa indumentaria. Nuestro pico largo y curvo fue diseñado precisamente para sacar del lodazal, o de la fangosa albufera, esos apetitosos y nutritivos manjares; y claro, nuestras patas estilizadamente flacas, nos permiten caminar por el barrial sin manchar nuestra elegancia. Como es bien conocido de todo artista, los detalles contrastantes dan un toque de distinción, por lo que nos engalanamos con plumas negras en la parte inferior de las alas y de la cola, así como también, en la punta de las alas.

Las Corocoras de Morrocoy pasamos la mayor parte del día buscando alimentos en las sabanas inundadas del valle del Río Agua Linda, al oeste de Tucacas, y en los alrededores de la represa de Tuquerere; por la tarde regresamos al manglar donde podemos descansar y anidar tranquilas, lejos de los depredadores mamíferos de tierra firme. A nosotras no nos importa compartir el dormidero con otras especies como garzas, cotúas, tijeretas y pelícanos, ya que así nos protegemos mutuamente. Generalmente vamos al dormidero justo minutos antes de la caída del sol, para que éste nos alumbre el camino hacia el este donde están los manglares; y según me dicen algunos amigos humanos, que el espectáculo de ver cambiar el brillante verde del manglar por nuestra invasión escarlata en cuestión de minutos, ¡es insuperable!. Nosotras cambiamos la posición del dormidero según la época del año; así en la temporada de invierno dormimos al sur del manglar y, en el verano, dormimos al norte del manglar así el sol nos ilumina la salida hacia los comederos, guiadas por los líderes de bandadas que saben cuáles son los mejores potreros y lagunas, y de regreso, tenemos iluminada la ruta a los dormideros.

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