Desmotivación en el trabajo

La motivación arranca de un estado de equilibrio. Cuando surge una necesidad, aparece el estrés creador que nos impulsa a satisfacer esa necesidad. Luego, emprendemos la acción para alcanzar esa necesidad.

La desmotivación arrancaría de la insatisfacción, que provocaría una ruptura del comportamiento (como nos sentimos a disgusto, cambiamos nuestra forma de plantearnos el trabajo). Esta ruptura del comportamiento, frena la acción y aparece la apatía que mata el estímulo. Cuando llegamos a este punto, es imposible alcanzar el equilibrio y nos sentimos mal.

Muchas personas piensan, que el elemento desmotivador más fuerte es el propio salario; pero existen ciertos factores que producen insatisfacción en la persona: Un trabajo sin sentido, carecer de autonomía, la falta de reconocimiento, pérdida de confianza, la ausencia de expectativas de promoción. En general, se pueden clasificar en dos grupos: Causas externas, las identificamos como las verdaderas razones de nuestra desmotivación y, sin embargo, son las únicas sobre las que no podemos ejercer un control directo, como ausencia de promoción, falta de reconocimiento, falta de contacto personal, cuando reiteradamente son rechazadas nuestras ideas por los superiores, el trabajo rutinario, tedioso, la incongruencia de los jefes. Y las causas internas, como la culpa, resentimiento, miedo a asumir responsabilidades, la queja, aburrimiento, monotonía, rutina, entre otras.

ALGUNOS CONSEJOS PRÁCTICOS PARA SALIR DE ESA SITUACIÓN DE LA DESMOTIVACIÓN LABORAL
• Cambiar la forma de pensar: Dejar de considerarnos víctimas de las circunstancias y pasar a ser protagonistas de nuestra propia vida. “Debemos darnos cuenta de que nosotros mismos somos los autores de nuestras acciones y los responsables de alcanzar nuestros objetivos”. Una vez realizado este cambio de actitud, acostúmbrate a pensar en positivo: La certeza y la esperanza de que podemos conseguir lo que nos proponemos, nos acerca al triunfo.

• Por regla general, no todo en el trabajo es negativo. Revisa los aspectos que te pueden resultar desmotivantes (un mal jefe, un salario estancado…) y sitúalos en una balanza junto a aquéllos que consideres motivantes (un empleo que te gusta, beneficios sociales…). Sopesa los pros y los contras con objetividad. Puede que hayas realizado una elección equivocada o, tal vez, tus aspectos motivadores no estén claramente definidos.

• Establece etapas para ir logrando esos pequeños objetivos que te llevan a la meta y disfruta con su consecución. Escribe los plazos, porque el mensaje escrito refuerza nuestro compromiso y, además, resulta muy motivador ir tachando los avances. Y cuando los alcances, analiza el por qué del triunfo.

• Debemos analizar fríamente nuestras carencias. Para conseguir nuestra meta, debemos invertir en nosotros mismos, con el fin de desarrollar nuestro potencial. Ampliar conocimientos es casi un deber. Realizar una maestría, inscribirnos en algún curso de perfeccionamiento o de idiomas. Otras veces, pasa por cambiar algunas actitudes: Ser más dinámicos, tener más iniciativa, aumentar nuestra flexibilidad, o conocer mejor la estructura de la compañía y las ventajas que podemos aportar.

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