¿Dónde está la revolución en los barrios?

Como quien se mira el ombligo en vez del horizonte. El Presidente ordenó la expropiación del edificio La Francia en el centro de Caracas. De modo, desafiante aparentando que soluciona el mayor problema del país.

Cuando sólo con alzar su mirada podía encontrarse con la deplorable miseria humana que se vive en las barriadas Caraqueñas, cada día más parecidas a las de Río de Janeiro. Pese a las diferencias en cuanto a población y territorio, tienen elementos comunes: tráfico de drogas, delincuencia y lo más grave la iniciación de niños y niñas desde los 12 años en pandillas organizadas. Pero para Chávez, lo importante es expropiar un edificio, que además, es de la Universidad de Oriente, es decir, es del Estado.

La pobreza de un país no está representada sólo en sus niveles de ingreso (PIB), sino, en la calidad de la salud, educación, vivienda, ambiente y seguridad de sus habitantes. La proliferación de zonas marginales comenzó antes de la democracia (1958), las personas construyeron ranchos por sus propios medios, en zonas que no contaban y no cuentan, con los servicios mínimos. Los diferentes gobiernos han atendido el problema puntualmente al regalar planchas de zinc o engranzonar las calles putrefactas por las aguas negras. Mientras la realidad crece como una bola de nieve.

El problema gravita en la agenda pública desde hace muchos años sin solución definitiva. Según el proyecto de transformación física de los barrios del Ministerio para la Vivienda y Hábitat de la República Bolivariana de Venezuela: “…en estas zonas donde habita un poco mas del 50% de la población venezolana, radica la corriente principal de la producción de viviendas en el país. En los últimos 76 años, los residentes en los barrios han producido alrededor de 2.500.000 viviendas, mientras que el Estado ha producido, alrededor de 1.000.000…”.

La atención gubernamental se ha hecho efectiva a través de programas sociales. (Antes: ayudas. Ahora: misiones). Al distribuir la renta a personas de escasos recursos económicos, lo cual ayuda, pero no ataca al problema de fondo. Porque el problema está en la pobreza, en que esos seres humanos que se ven obligados a construir ranchos, no tienen trabajo, ni educación y menos comida para sus hijos, no tienen otra salida; porque para ellos no hay un buen diseño de políticas de vivienda.

Entre tanto, se limitan a grandes anuncios: sustitución de ranchos por viviendas salubres (Política de Vivienda Nacional del Banco Obrero (1946); batalla contra el rancho (1952); reconocimiento de habilitación en el marco de la Ley de Ordenación Urbanística (1987); programa de organización e incorporación de las comunidades a los barrios (1994); programa de mejoramiento urbano en barriadas de Caracas (promueba) Banco Mundial (1997); programa segundo de habilitación físicas de las zonas de barrios en el marco de la política nacional de vivienda (1999) y el último de ellos, política de vivienda nacional (2005). Todos impecables en su estructura; sin implementación.

Me pregunto: ¿Dónde está la revolución, qué no atiende a los “niños de la patria”?

Quienes deben sobrevivir en esas callejuelas insalubres, donde impera la ley del más fuerte. Al tiempo me respondo: en su proyecto político hegemónico por el control del poder, alejado cada día, de los reales problemas del país.

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