La ralentización de la economía china se ha convertido en un concepto a partir del cual se pretenden explicar más fenómenos de la economía internacional que los que verdaderamente se pueden explicar a partir de dicha situación. Todo parece indicar que efectivamente la economía china ha reducido su ritmo de crecimiento. Ya nadie espera –ni los propios chinos- que esa inmensa economía crezca en el futuro cercano a las tasas próximas al 10% anual  -que se presentaron y se sostuvieron durante décadas- sino que su tasa de crecimiento, para el año 2015 estará cercana al 7.0%.

Si la economía china crece al 10% necesita llevar adelante grandes importaciones de materias primas, pues ese crecimiento no se puede sostener solo con insumos y productos provenientes de la economía interna, sino que todo crecimiento, en cualquier parte del planeta tierra, tiene necesariamente un componente importado. Mas crecimiento está, por lo tanto, relacionado con más importaciones, y más importaciones significan más exportaciones por parte de los países productores de petróleo, cobre, carbón soya, etc. Es decir, por parte de los países latinoamericanos. Si la economía china crece al 7% interanual, eso debería implicar un crecimiento de sus importaciones, no un decrecimiento. Un crecimiento no tan violento como el que tenía lugar, de año en año, en períodos anteriores, pero crecimiento al fin y al cabo. Y mayor crecimiento de las importaciones debería significar crecimiento de los precios internacionales de dichas materias primas, y no una caída de dichos precios.

Pero la realidad de los hechos es que los precios de las materias primas están cayendo. Es obvio -por lo dicho en el párrafo anterior- que eso no se puede explicar únicamente por la ralentización de la economía china. La ralentización de la economía china podría explicar que los precios de las materias primas crezcan más lentamente que antes, pero no es una causal suficiente como que los precios bajen. Las importaciones realizadas por China en cada uno de los siete primeros meses del presente año son más bajas –medidas en dólares- que las realizadas en los mismos meses del año anterior. Así por ejemplo, en enero las importaciones chinas cayeron en 19.7% con relación a las cifras del año anterior; en febrero la caída fue de 20.5%; en marzo de 12.7%. La situación es similar en cualquiera de los siete primeros meses del año 2015. Sin embargo, el PIB chino aumenta. Los datos que se han publicado sobre el primer y el segundo trimestre muestran un crecimiento del 7%.

¿Cómo se explica esta extraña situación de que la economía china crezca –a una tasa de 7% que sigue siendo una tasa sumamente alta en el contexto internacional-  pero se requiere para esos efectos de menos importaciones que en los años anteriores? Muy sencillo: la importaciones que China lleva adelante tienen un precio más bajo en el mercado internacional y, por lo tanto, la misma cantidad de petróleo, soya, carbón,  cobre u otros bienes primarios -o incluso una mayor- tienen un costo total en dólares menor que antes. La economía china puede perfectamente estar demandando e importando más, pero pagando menos por todo ello.  De ser así, quedaría flotando todavía en el aire la pregunta de ¿por qué bajan los precios de esos bienes en el mercado internacional, si no se debe a una menor demanda por parte de China?

Una explicación posible de todo este asunto –que ha sido mencionada en diferentes estudios internacionales- es que las materias primas no solo eran demandadas para efectos de incorporarlas a procesos productivos en China y en otros lugares del mundo, sino que eran demandadas con fines meramente especulativos. Agentes financieros de diferentes países compraban grandes volúmenes de materias primas –incluso sin moverlas internacionalmente- para mantenerlas bajo su poder durante un tiempo determinado, pasado el cual las vendían con un precio superior, en un mercado en que se presentaba efectivamente esa tendencia hacia el alza sistemática de los precios. Más aun, esa demanda especulativa alimentaba y potenciaba ese incremento de los precios, convirtiéndose en una profecía autocumplida. Cuando esa tendencia amenaza revertirse, por una ralentización de la economía china y por una recuperación de la economía norteamericana, esos capitales especulativos giran hacia otros mercados y hacen desaparecer del mercado un volumen importante de la demanda que estimulaba los precios.

Hay que tener en cuenta que las exportaciones chinas también han retrocedido durante lo que va corrido de este año en relación a igual período del año anterior. Es decir, nuevamente, la extraña situación de que se produce más, pero se exporta menos. Es altamente probable de que la reciente devaluación del yuan revierta el proceso de caída de las exportaciones, y que fortalezca la disminución de las importaciones. Las menores exportaciones, en un contexto de mayor producción nacional, pueden explicarse -en un plano meramente teórico, pues no tenemos antecedentes concretos que avalen o desmientan esa hipótesis- por una reorientación de la producción hacia un mayor consumo interno.  El mayor consumo interno es indudablemente una asignatura pendiente en la economía china y es probable que se esté caminando en esa dirección.

No es posible, con los pocos datos con que se cuenta -sobre un momento económico tan cercano- hacer afirmaciones muy seguras, pero en todo caso, lo que queda claro para todos es, que lo que pase en China, para bien o para mal, tendrá repercusiones, buenas o malas sobre el conjunto de la economía mundial, y muy en particular, sobre la economía latinoamericana.

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