“Dolarizar la economía es políticamente inviable, y administrativamente inaplicable”

“Recurrir al Fondo Monetario Internacional sería una solución para Venezuela”

“Los estallidos sociales son incontrolables, y su salida es una incógnita que puede empeorar lo que ya venía mal”

Mario Villegas – Aparte de su condición de dirigente político, Eduardo Semtei es experto en economía financiera, con larga experiencia en el ámbito académico y profesional.

Desde esa perspectiva, analiza la actual coyuntura económica en el marco de esta entrevista que realizamos para el Semanario Quinto Día.

-¿El Gobierno no puede o no quiere frenar la inflación?

-No puede. Los fenómenos económicos, como la inflación, el crecimiento del Producto Interno Bruto, el empleo, la tasa de cambio, la tasa de interés, no obedecen ni nunca han obedecido, ni obedecerán, a la voluntad de los gobiernos. Hay una multiplicidad de factores y variables sobre las que se puede actuar sin garantía de resultados. Pero además de todo eso, el Gobierno tampoco actúa para incidir sobre su comportamiento.

-¿Por qué el Banco Central no da a conocer los indicadores económicos, entre ellos el índice de inflación?

-Hay varias razones. La principal es porque el presidente Maduro ordenó no publicarlas sobre la base de los argumentos de sus asesores franceses y españoles, según los cuales la tasa de inflación adoptada por Naciones Unidas no refleja en realidad el estado de bienestar y de felicidad del pueblo, sino que se traduce en un elemento especulativo y de distorsión económica. Una información tiene valor económico cuando saberla o no saberla conduce a decisiones distintas. La segunda razón es que una parte importante de las decisiones de los agentes económicos nacionales e internacionales se basan en la medición de variables como la inflación. Digamos, por ejemplo, el ajuste de los contratos internacionales que tienen cláusulas de indexación.

-¿Dolarizar la economía puede ser una salida eficiente frente a la crisis?

-No. Dolarizar la economía primero no es técnicamente posible, es políticamente inviable, y es administrativamente inaplicable. Los casos de Ecuador y de Panamá obedecen a procesos de una larga tradición de manejo cotidiano por parte de los consumidores y de los empleadores para el pago de los salarios.

-¿Cuál es la receta básica para salir de la crisis económica en el corto plazo?

-Hay como tres o cuatro medidas básicas. Primero, establecer el concepto básico de la economía, que está asociada indisolublemente a la inversión privada. Bajo esta premisa, la apertura a los inversionistas nacionales y extranjeros debe ofrecer mejores condiciones que nuestros competidores en América Latina. Especialmente, donde tenemos ventajas competitivas: Petróleo, gas, oro, hierro y aluminio. La situación de debilidad crónica en que se encuentran PDVSA, Sidor, Venalum, reclama ingentes recursos que no existen sino en manos privadas. Ahí la apertura debe ser total, resguardando los intereses de Venezuela. El segundo elemento tiene que ver con las condiciones jurídicas y políticas en las cuales se invierte. Respeto a la propiedad privada y respeto al equilibrio y funcionamiento de los poderes públicos y al funcionamiento de los partidos políticos. Establecer un programa de libre tasa de cambio, que reclama un tiempo de estabilización que se estima entre tres y cinco años. Sumado a esto una separación radical entre la política monetaria, fiscal y tributaria. Independencia del Banco Central. Ajuste gradual de los precios de los bienes y servicios, con la adopción de un modelo de subsidio a los consumidores.

-¿Qué puede hacer la oposición desde la nueva Asamblea Nacional para abatir la perversas tendencias que marcan el rumbo de nuestra economía?

-Hay algunas leyes que se pueden aprobar. Una ley de reversión de las empresas expropiadas, confiscadas y compradas que vienen significando pérdidas para el país como Agropatria, Sidor, Lácteos Los Andes, Harina Juana, centrales azucareros. Las únicas que dan ganancias son Movilnet y Cantv por razones distintas a la sana administración. Una ley de control y supervisión y regularización del endeudamiento público y privado en el ámbito nacional e internacional. Una ley de control y supervisión de las iniciativas de solidaridad internacional en petróleo, gas, armamento y demás rubros. Otra ley de control para la sinceración de los presupuestos nacionales, de modo que los créditos adicionales no sean mayores que los presupuestos. Y una ley de control y supervisión del endeudamiento interno y externo, entre otras leyes.

-¿Hasta dónde el presidente Nicolás Maduro puede correr la arruga?

-Esa pregunta no tiene respuesta económica sino política, y se refiere hasta qué punto puede una población tolerar un empeoramiento de sus condiciones de vida antes de estallar o cambiar a un gobierno. Por ahora, el cambio previsible es el del 6 de diciembre, que si ocurre lo que dicen las encuestas hace insostenible la presidencia de Maduro, a menos que el Gobierno cambie su política.

-¿Tiene interés la Oposición en un estallido social?

-No. Por la sencilla razón de que los estallidos sociales son incontrolables y su salida es una incógnita, que puede empeorar lo que ya venía mal. Basta señalar los casos de Irak, Siria y Egipto.

-¿Es previsible un nuevo “Dakazo” en las vísperas de las elecciones de diciembre?

-Un nuevo “Dakazo” no es previsible, pero una medida populista sumamente costosa no es descartable. Tan sólo ayer aprobaron 500 millones de dólares para viviendas, que aunque no resuelven nada son un elemento propagandístico muy poderoso.

-¿Qué puede esperarse de la política de sustitución de importaciones recién anunciada por el presidente Maduro?

-En mi criterio eso es una payasada, porque las condiciones técnicas, administrativas, financieras, de inversión, de personal técnico requeridas para una política de esa naturaleza han venido empeorando en forma acelerada y parecen un tren sin freno en una pendiente. Las embajadas de la Unión Europea ofrecen unas cifras oficiales con las cuales coincide un trabajo del sociólogo Tomás Páez, según las cuales más o menos un millón de profesionales venezolanos han ingresado a Europa en busca de empleo. El Gobierno ha hecho fugar los cerebros con los que se podría acometer una política de sustitución de importaciones.

-¿En la actual coyuntura venezolana recurrir al Fondo Monetario Internacional sería una solución o una maldición?

-Una solución. Nosotros estamos pagando por la deuda ya contraída con organismos distintos al FMI, unos 12 mil millones de dólares anuales en el pago de capital e intereses, con tasas hasta de 35%, como es el caso de los bonos de PDVSA y los bonos soberanos, mientras que el FMI nos cobraría cuando mucho el 5% por sus empréstitos. La gran diferencia está en que el Gobierno cuando obtiene créditos de los inversionistas internacionales ha venido haciendo con ese dinero lo que le da la gana, como regalar casas en Centroamérica, plantas eléctricas a Bolivia y a Cuba, pagar el patrocinio de Pastor Maldonado en la Fórmula 1 y pare de contar. Con el fondo tiene que haber un programa económico acordado voluntariamente entre las partes con un riguroso control de la inversión.

-¿Quién es el verdadero cerebro gris en la conducción de la política económica oficial?

-Hasta el año 2013 era Giordani. Ahora lo conforman una serie de personajes incógnitos recomendados por Pablo Iglesias, del partido español Podemos, y otros franceses recomendados por Ignacio Ramonet, entre los cuales no hay ninguno que destaque en las esferas del conocimiento económico internacional. Hay dos grandes economistas que se acercaron con timidez para asesorar al gobierno venezolano y fueron descartados por las roscas ortodoxas del chavismo: Paul Krugman y Joseph Stiglitz, ambos premios nobel de economía y considerados los economistas de izquierda más avanzados.

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Fotos: Abraham De Barros