“El venezolano es el sistema de votación más automatizado del mundo, pero permite el ventajismo oficial e iniquidad en el acceso a los medios de comunicación”

“La práctica de las inhabilitaciones es alarmante”

“Chávez dio visibilidad y sentido de dignidad a la gente humilde y destruyó las viejas instituciones en nombre del cambio, pero creó un sistema muy dependiente de su persona”

Mario Villegas – En medio de la severa crisis política que vivió Venezuela en la primera mitad de la pasada década, la Organización de Estados Americanos y el Centro Carter hicieron de facilitadores para que el Gobierno y la Oposición se sentaran a conversar y a buscar soluciones eficientes a aquella grave coyuntura política que amenazaba con desembocar en un conflicto violento de incontrolables proporciones.

Por aquellos tiempos, entre los venezolanos se hicieron familiares una imagen y una voz femenina de acento anglosajón que con frecuencia aparecía ante las cámaras y los micrófonos de los medios para dar partes sobre los avances de la Mesa de Negociación y Acuerdos que se instaló en Caracas en noviembre de 2002, y concluyó en mayo de 2003.

Esa era Jennifer McCoy, la representante del Centro Carter, y una de las personas no venezolanas que mejor conoce el espectro político y el sistema electoral de nuestro país.

Hace ya varios meses ella se separó del Centro Carter, donde dirigía el Programa para las Américas, y volvió a su universidad de origen, la Universidad del Estado de Georgia, en su natal Estados Unidos, donde ahora dirige el Instituto de Estudios Globales.

Desde allá, Jennifer McCoy responde para el Semanario Quinto Día el conjunto de preguntas que le formulamos en ocasión del anuncio oficial que hace apenas unos días hizo el Centro Carter de que se retira de Venezuela.

-¿Es posible la reconciliación nacional entre los venezolanos? ¿A qué atribuye que no la hayamos encontrado?

-La reconciliación es posible, pero difícil. Requerirá de los venezolanos la capacidad para poner el bien del país por encima de todo, asumir el riesgo que significa acercarse al “otro”, y tener el coraje de rechazar las voces extremistas, que siempre van a llamarlos “traidores a la causa”. El manejo del conflicto requiere el respeto del otro como ser humano, la tolerancia hacia diferentes puntos de vista y la comunicación para despejar los temores, las sospechas y las visiones conspirativas que resultan de la falta de comunicación e información. Cuando la lucha de fondo es sobre el manejo de los recursos, los cuales en Venezuela están fundamentalmente en manos del Estado, es fácil percibir la lucha por el control del Estado como un juego de suma-cero, en vez de una lucha para asegurar el respeto a los Derechos Humanos -civiles, políticos y sociales- de todos los venezolanos. Pero aún en los países petroleros existe la posibilidad de lograrlo, como lo atestigua Noruega, por ejemplo.

-¿Qué es lo que más recuerda de su interacción con el ya fallecido presidente Hugo Chávez?

-Era impresionante su capacidad de comunicación con varias audiencias, desde grupos económicos y financieros internacionales hasta la gente humilde de los pueblos del país, a quienes dio sentido de dignidad y visibilidad. Tenía la capacidad para conectarse con una persona individualmente, manteniendo al mismo tiempo su visión estratégica de largo plazo, adaptándose a pérdidas tácticas para ganar la guerra de largo plazo. Todo esto, sin embargo, lo hizo a un costo enorme para el país: Destruyó viejas instituciones en nombre del cambio, pero fracasó en el intento de crear nuevas instituciones que pudieran actuar con independencia de los factores políticos. En vez de esto, creó un sistema muy dependiente de su persona. Ahora Venezuela está luchando con dificultad para ajustarse a una nueva realidad y crear una nueva institucionalidad, que pueda manejar los recursos y las políticas públicas del país con transparencia, respeto e inclusión de todos los ciudadanos.

-¿Observó en nuestro país demasiados factores ultra radicales y fundamentalistas tanto en el Gobierno como en la Oposición?

-Claro, en contextos de polarización, los actores con puntos de vista extremos tienen un interés en común: Mantener la división y empujar el conflicto, porque buscan conquistar al adversario de una vez y por fin. Presionan, por lo tanto, a los que están más cerca del centro o más dispuestos a buscar concesiones para el bien de todos. Resulta que estos se callan, las voces más radicales ganan y la polarización se profundiza.

-¿El venezolano es ciertamente el mejor sistema electoral del mundo?

-El sistema venezolano es el sistema de votación más automatizado del mundo. Tiene algunas ventajas; por ejemplo las máquinas de votación venezolanas producen un comprobante que permite verificar el voto y el conteo automatizado, y que participan todos los partidos durante las auditorias pre y post electorales. Los Estados Unidos no  tienen estas provisiones. Al mismo tiempo, existen déficits importantes del proceso electoral venezolano, los cuales incluyen lo que se conoce en el país como “ventajismo” (que en inglés llamamos “unlevel playing field”): Ausencia de financiamiento público para facilitar la igualdad de condiciones de campaña; uso de recursos del Estado, incluyendo el uso de empleados civiles y oficiales para fines de campaña e iniquidad en el acceso a los medios de comunicación. La práctica de inhabilitaciones es alarmante.

-¿Cómo valora la calidad de la democracia venezolana?

-La democracia venezolana está dañada. La democracia como sistema de gobierno ofrece la manera de que una sociedad llegue a reglas colectivas y adopte decisiones colectivas, las cuales nunca van a satisfacer a todos los ciudadanos al mismo tiempo. Pero el propósito es ofrecer un mecanismo (elecciones) con el cual todos los puntos de vista tienen chance de ganar por un tiempo, pero que pueden cambiar en la próxima oportunidad. Hay que garantizar estas oportunidades de cambio en el poder. Y al mismo tiempo, hay que garantizar que los derechos básicos de cada ciudadano siempre sean respetados. Estas dos garantías están en duda hoy en día. Lo bueno de la revolución bolivariana de estos 15 años ha sido la inclusión de sectores marginados en términos de servicios sociales, distribución de los recursos nacionales e identidad. Los experimentos en la democracia participativa y comunal valen, pero son muy variables, y a veces politizados. El estado de derecho está muy débil en cuanto a la garantía de acceso igual a la justicia y el castigo a la corrupción.

-¿Cree que alguna vez se normalizarán las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela?

-Si se pudieron normalizar relaciones entre China y EE.UU. en los años 70’s, o Vietnam y EE.UU. después de una guerra feroz, o Cuba y EE.UU. después de 50 años de hostilidad, seguramente puedan normalizarse entre dos países que nunca han tenido guerra ni ruptura de relaciones económicas. El gobierno norteamericano ha mantenido que están listos para normalizar cuando lo indique Venezuela, y el gobierno venezolano ha dicho privadamente durante varios años que quiere mejorar, pero en público echa la culpa a EE.UU. por muchos de sus propios problemas. El mundo está cambiando. EE.UU. no dependerá tanto del petróleo que importaba, pero no veo a Venezuela desarrollando alternativas. Todo el hemisferio quiere que Venezuela tenga éxito como país: Estabilidad, paz, desarrollo económico y democracia. No veo a nadie intentando desestabilizar al país. Corresponde a los venezolanos lograr ahora su éxito.

-¿Por qué se fue usted del Centro Carter?

-Salí del Centro Carter para volver full-time a la universidad a crear un nuevo Instituto de Estudios Globales en Georgia State University. Después de 17 años dividiendo mi tiempo entre el Centro Carter -con proyectos muy interesantes en muchos países de la región- y la universidad como profesora de ciencias políticas, yo quería aprovechar esta nueva oportunidad que me ofrecieron.

-¿Alguna vez la tendremos de vuelta en Venezuela?

-Siempre mantendré mi interés en Venezuela. Como académica, he visitado el país desde 1983. Como directora, he trabajado con muchos venezolanos y un equipo muy profesional para proveer espacios para el diálogo y el encuentro entre los venezolanos, facilitar los insumos de invitados internacionales con experiencias en otros países y distribuir informes objetivos con recomendaciones para mejorar el desempeño de los procesos electorales. Agradezco y aprecio a todas las personas a quienes he conocido y con quienes he trabajado durante tres décadas.

Quién es quién

Jennifer McCoy ha sido profesora de ciencias políticas en la Universidad Estatal de Georgia desde 1984. Desde que se separó del Centro Carter, dirige el Centro de Estudios Globales de la Universidad del estado de Georgia.

En el marco de sus responsabilidades en el Centro Carter, le correspondió dirigir el Programa para las Américas y encabezar misiones de observación electoral en Bolivia, Nicaragua, Panamá, México, Venezuela, Jamaica y Perú, además de haber participado en delegaciones electorales a Indonesia, Haití, Surinam y Guyana.

Como especialista en democratización, protección internacional colectiva y la promoción de la democracia y la política de América Latina, ha producido y participado en varios libros: “Mediación Internacional en Venezuela” (con Francisco Diez, 2011); “La desintegración de la democracia representativa en Venezuela” (con David Myers, 2004); “¿Los políticos, aprender de las crisis políticas?” (2000), y “La democracia venezolana bajo estrés” (1995).

Dirección-E: mariovillegas100@gmail.com