El Amor: Bálsamo milagroso

Es de vital importancia, SÍ, de vital importancia, que las personas a las cuales decimos amar, lo sepan. El amor es el mejor remedio contra las enfermedades; una persona que se sienta amada, brilla, se ve alegre, rebosante de felicidad.

Caso contrario sucede con otra que no se siente amada, que se siente despreciada, aislada, olvidada; esa persona se mira triste, cabizbaja, muchas veces se muestra molesta, agresiva, enojada; y hasta llega a enfermarse, ya que todo su dolor lo manifiesta en su cuerpo.

En ocasiones, nos cuesta montones manifestar lo que sentimos, dar muestras de cariño, de afecto. Es increíble, pero hay personas a las cuales se les hace más difícil darle un abrazo o un beso a un ser querido, que realizar arduas labores en el trabajo, o ir al gimnasio o aprender a manejar, o inclusive presentar alguna prueba en el colegio o la universidad.

¿Por qué nos cuesta tanto? ¿Será que tuvimos experiencias desagradables durante nuestra infancia, las cuales no nos permiten ser muy expresivos, en cuanto a muestras de cariño y afecto se refiere?

Por favor, si ha sido así, si nuestra infancia no fue lo que realmente hubiésemos deseado, si nuestros padres no nos dieron el amor que sentíamos
que nos merecíamos, si no fueron lo cariñosos y amorosos que deseábamos.

Perdonémoslos y hagamos lo que tengamos que hacer para comprenderlos, practiquemos la empatía con ellos.

Por favor, no repitamos ese patrón con nuestros hijos, con nuestra pareja e incluso con nuestros padres. Puede que ellos arrastren una larga cadena de maltrato, de indiferencia, y es lo único que saben dar, lo que recibieron.

Un amigo me dijo una vez que a su hijo no le gustaba que él lo abrazara; que cada vez que lo hacía, se ponía rígido y se soltaba del abrazo. Yo le dije que lo siguiera abrazando por siempre, que puede ser que su hijo relacionara el abrazo con alguna experiencia no muy grata del pasado; pero que de tanto recibirlo, iba finalmente a volverlo a aceptar y a disfrutar.

La ventaja que nosotros tenemos, es que somos conscientes de lo que nos sucede, no nos escudemos detrás de lo vivido. Abramos nuestra mente y nuestro corazón al amor.

Dejemos la pena y la vergüenza a un lado, ya que creemos que dar muestras de afecto, de cariño, de amor nos va a hacer vulnerables ante los demás. Al contrario, nuestros hijos, nuestra pareja, nuestros seres queridos nos van a respetar, abrazar y besar más.

Hagámosles saber a nuestros seres queridos cuánto los amamos, cuán importante son para nosotros. Abracemos y besemos a nuestros hijos, no importa la edad, ni el sexo que tengan. Abracemos a nuestros padres, a nuestros hermanos y familiares; abracemos a nuestros seres queridos.

Rompamos cadenas, sembremos amor, hagamos de nuestras casas, bellos y
cálidos hogares.

Disfrute el día.

“Si yo hablo en lenguas de hombres y de ángeles, pero no tengo amor, vengo a ser como bronce que resuena o un címbalo que retiñe.
Si tengo profecía y entiendo todos los misterios y todo conocimiento; y si tengo toda la fe, de tal manera que traslade los montes, pero no tengo amor, nada soy.
Si reparto todos mis bienes, y si entrego mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me sirve”.

San Pablo (Corintios 13)

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