La verdad es que cuando uno piensa en la forma de salir del atolladero en el que nos encontramos – pareciera llegarse a la conclusión – que por muchos deseos que se tengan de mirar en positivo; la conclusión es que, si no hay cambios en la conducción del país, salir del foso en el que hemos caído será casi que imposible.

Es perfectamente observable la caída en la oferta de empleo, la cual refleja el pobre desempeño en la producción de la mayoría de los bienes y servicios en la economía. Especialistas económicos nacionales e internacionales, coinciden en afirmar que los resultados son consecuencia de las medidas o políticas que se han implementado durante los últimos años, generando un entorno de total incertidumbre y desconfianza que arropa la totalidad del país. O lo que es lo mismo, una actuación gubernamental que no estimula la creación de ofertas de empleo significativo.

Es bien sabido en economía, que medidas de incrementos de salarios sin estar ligados a la producción y productividad laboral lo que ocasiona son altos niveles de inflación que atentan con la posibilidad de cubrir las necesidades de la fuerza laboral y; en el caso de las empresas, de cubrir las vacantes dejadas por las personas que han optado por la emigración, ya que es poco rentable contratar nuevos trabajadores cuando la producción está semi paralizada. De igual manera, la caída de las ventas reales también aflora como limitante al aumento de la cantidad demandada de trabajo.



Estudios realizados indican que el mayor deterioro en cuanto a la oferta de trabajo recayó en el sector de restaurantes y hostelería con una caída que ronda el 65% en comparación con las del último trimestre del año pasado. Este es un sector que cuenta con una permanente rotación de personal y es por ello probable que el comportamiento observado se deba al último incremento del salario mínimo.

El sector de la salud también se estima que supera el 50% en la caída de la oferta de trabajo respecto al año pasado, lo cual explicaría el declive que muestra la industria de la salud y el bajo nivel de funcionamiento de los centros hospitalarios que se encuentran actualmente en operación.



En la misma dirección del deterioro de los sectores productivos, se encuentran las actividades de soporte o servicio – aunque a una menor tasa – se encuentran los sectores de distribución, almacenamiento, logística y transporte con contracciones que superan el 40%, mientras que la administración, gerencia y finanzas se encuentran alrededor del 20%.

Las contrataciones en tecnologías, sistemas y comunicaciones y ventas, mercadeo y atención al cliente han decrecido alrededor de un 15 y 20%.

Mientras no se susciten cambios que estimulen la actividad económica en Venezuela, será difícil salir a flote ante la alta contracción de la demanda. Es más, no representa ninguna sorpresa que la oferta de empleo del país siga cayendo como consecuencia de la duda, inseguridad, recelo y el miedo de los potenciales inversionistas o emprendedores hacia la creación de nuevas actividades e incluso, de los que solo deben invertir para reponer los productos que ofrecerían en el corto plazo.

Sectores como la construcción, petróleo, minería y gas en los cuales se habían creado ciertas expectativas de mejoras para este año, también se han desvanecido debido a la diatriba política existente. Se piensa que la leve mejoría que se había suscitado en el último trimestre es como consecuencia de los reemplazos del personal que prefirió emigrar en busca de mejores oportunidades laborales, de seguridad y tranquilidad familiar.

A esta fecha, el panorama general del país se ha enturbiado cada vez más debido a la deficiencia en el suministro de los servicios públicos básicos, como la electricidad, el agua, el gas, el transporte y otros que se reflejan en el comportamiento de desesperación e intranquilidad manifiesta que vive la población. 

En resumen, la situación del empleo reinante en la nación se caracteriza por una alta contracción de su demanda motivada a la baja producción de bienes y servicios estimulada por la alta inestabilidad política que ocasiona a su vez, la alta desconfianza en los entes gubernamentales y en general una alta incertidumbre que en definitiva nos plantea una situación de cambio.

De ahí que afirmemos, que no se sabe cuándo ni de qué forma se producirá el cambio que se requiere, porque de lo contrario seguirá desmoronándose el país y por supuesto agravándose la conflictividad social.