El Futuro de la Reproducción

En días recientes tuve oportunidad de leer un artículo en una revista argentina, en donde se planteaban algunas interrogantes acerca de los cambios que han venido ocurriendo, debido al enorme avance que dentro de la reproducción humana, la ciencia y la tecnología han producido.
Básicamente eran cuatro preguntas, todas ellas planteaban el elemento ético ante situaciones que, por las vías de la concepción natural, sería imposible que se sucedieran y por ello, sólo mediante el uso de los laboratorios de reproducción, es que se pueden presentar y por ende, comentar al respecto.
La primera plantea el embarazo de una mujer de 63 años, utilizando óvulos de su hija, por lo que además del cuestionamiento por la edad avanzada y las implicaciones que esto trae, ya que el organismo probablemente no esté en condiciones de llevar la ardua carga que representa un embarazo; y es por ello que se observan patologías que no son más que el grito desesperado de ayuda que está lanzando ese cuerpo ante tamaña agresión, así como el planteamiento que esa mujer va a traer al mundo un hijo que también será su nieto.
La segunda interrogante era acerca de los llamados ‘bebes medicamentos’, y la interrogante surgía cómo una pareja tenía que escoger entre un grupo de embriones, cual de ellos seria el elegido para una vez nacido, le suministrara el material necesario para el tratamiento del hijo aquejado de una patología susceptible de un tratamiento de esta naturaleza; en el caso especifico del articulo se trata de un niño con cuadro de Anemia de Fanconi, ameritando un trasplante de médula ósea, el cual sería 100% exitoso si el donante (en este caso su hermano) pueda ser obtenido y estudiado en el laboratorio antes de ser implantado en el útero, garantizando que no es portador de la enfermedad y además, sea inmunológicamente compatible con el receptor, para evitar la posibilidad de rechazo en el tratamiento.
La tercera comentaba, acerca de la posibilidad de una mujer aquejada de una patología maligna, pudiera crío preservar sus óvulos, para luego, pasados los rigores del tratamiento antineoplásico, puedan estos ser utilizados para la concepción, además de que se previene el daño que los tratamientos médicos pueden producir en el tejido ovárico ya que pueden, en muchos casos, producir lesiones irreversibles en el ovario, causando así esterilidad definitiva.
El planteamiento original comentaba acerca de la posibilidad de colocar los embriones obtenidos luego de la fertilización de esos óvulos en el útero de otra mujer, ya que probablemente la portadora de la patología maligna no pudiera sobrellevar un embarazo, bien por haber perdido su matriz, o bien por que sus condiciones físicas no lo recomendaran.
Y por último, sobre la posibilidad que dos lesbianas pudieran concebir un hijo de ambas sin la intervención de un espermatozoide situación que técnicamente es posible con el uso de la llamada Transferencia Nuclear Terapéutica, también conocida como Clonación, en donde es posible tomar un óvulo, extraer su material citoplasmático y utilizar el material del otro óvulo y transferirlo al primero, y mediante el uso de corrientes eléctricas estimular el desarrollo celular, para luego ser implantado en el útero de alguna de las parejas hasta lograr el nacimiento del nuevo ser.
Realmente no es fácil opinar ante todos estos planteamientos, sobre todo por la condición de trabajar en el área de la Reproducción Humana desde hace algunos años y exhibir con orgullo un número importante de niños que sin duda representan la felicidad de muchas parejas que acudieron a nosotros en busca de la solución de su problema de infertilidad.
Son tan importantes los cambios producidos con los avances científicos en este tema que los gobiernos han tenido que legislar al respecto, en tanto que se hacen observaciones como el hecho que existan diferencias en los tratamientos que se pueden ofrecer a las parejas dependiendo del país donde residan, debido a que muchos países ya tienen legislaciones vigentes, limitando o quizás normalizando el uso de estas tecnologías, tomando así el estado el control de estos tratamientos.
Analizando las interrogantes expuestas anteriormente, siempre vamos a encontrar elementos de peso que justifiquen bien la aceptación, o bien el rechazo, de las mismas, y dependiendo del bando que tomemos defenderemos acaloradamente o rechazaremos vehementemente la aplicación de estas tecnologías, argumentando a favor o en contra, los derechos humanos, el derecho que tiene todo individuo a ser padre de sus propios hijos, o la tecnología a favor de la cura de todas las enfermedades entre muchos otros argumentos.
Pienso que los profesionales que nos dedicamos al tratamiento de este tipo de patologías tenemos una gran responsabilidad, y que, sin duda, los valores morales obtenidos durante nuestra vida tanto existencial como profesional, juegan un papel preponderante ante las situaciones que se nos puedan presentar, y es por ello que las creaciones de Comités de Bioética son un paso importante ante estos planteamientos, y que dichos comités estén conformados por individuos de diferentes ramas del quehacer humano, con elevada solvencia en el desarrollo de sus diversas áreas, que puedan analizar en profundidad cada caso en particular, para así no tomar parte de uno u otro de los bandos comentados con anterioridad, sino tratar de estar lo más cercano al fiel de la balanza.
Artículos como el que hizo el planteamiento que dio inicio a este escrito, nos llevan a reflexiones profundas y nos obligan a documentarnos y a prepararnos en esta rama del conocimiento llamada Bioética; en eso andamos. 

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