“La familia es la primera institución responsable del desarrollo de valores desde la edad infantil y esa responsabilidad debe ser subrayada”.

Ch. Páez

En la sociedad actual, la educación debe contribuir a formar personas que puedan convivir en un clima de respeto, tolerancia, participación y libertad y que sean capaces de construir una concepción de la realidad que integre a la vez el conocimiento y la valoración ética y moral de la misma.

Esta concepción cívica y humanista de la educación es la que propugna -en teoría- la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) y ha sido desarrollada por las leyes educativas. Señalando como fines de la educación la formación en el respeto de los derechos y libertades fundamentales y en el ejercicio de la tolerancia y de la libertad -componentes sociales que han sido violados constantemente por el actual régimen gubernamental-.

Dicha Carta Magna consideró objetivo primero y fundamental de la educación proporcionar a alumnos y alumnas una concepción de la realidad capaz de integrar el conocimiento y la valoración ética y moral -virtudes personales olvidadas totalmente por los planificadores y ejecutores educativos de esta Venezuela socialista- de la misma mediante la transmisión y el ejercicio de los valores que hacen posible la vida en sociedad, el respeto a todos los derechos y libertades fundamentales y los hábitos de convivencia democrática y de respeto mutuo -estas dos aristas de una sociedad sana no existen en la Venezuela creada desde hace dos décadas-.

Diversos documentos y declaraciones internacionales se refieren a la escuela como promotora de la ciudadanía activa y de la cohesión social a través de la enseñanza que realiza de los valores cívicos. El célebre informe Delors insistió ya en 1996 en esa idea, que ha sido después desarrollada en numerosos foros y organismos. También la Unión Europea (UE) ha adoptado en los últimos años algunas decisiones que se orientan en la misma dirección. Entre los objetivos de los sistemas educativos de la UE para el año 2010 se incluye “velar por que entre la comunidad escolar se promueva realmente el aprendizaje de los valores democráticos y de la participación democrática” -no existen tales objetivos en los sub-sistemas educativos del Socialismo del siglo XXI- con el fin de preparar a los individuos a la ciudadanía activa”.

Ese consenso internacional pone de manifiesto el valor que los países y sus gobiernos conceden al sistema educativo para la formación democrática de la ciudadanía y para el logro de la cohesión social. Cuando tanto se habla de la mejora de la calidad de la educación, debe necesariamente insistirse en que tal educación ha de ser capaz de ayudar a todos los alumnos, sin restricciones ni discriminaciones de cualquier tipo, a aprender y desarrollarse, a formarse como personas y como ciudadanos, a construir y realizar su propio proyecto de vida -imposible de lograr este objetivo, por cuanto las leyes educativas socialistas de Venezuela encajonan a los alumnos en un solo tipo  de pensamiento-  en el marco de una sociedad democrática. Este tipo de sociedad no es aceptada en los regímenes socialistas-comunistas.

Sin embargo, no se puede olvidar que los niños y los jóvenes no se educan solamente en la escuela. El papel de la sociedad y de la familia es fundamental para conseguir un desarrollo personal completo y armónico. En concreto, la educación en valores no puede entenderse al margen del ambiente y la influencia familiar. Pero debido a la “situación país” esta formación de cuna no existe, por cuanto cada día hay mas deserción estudiantil en los sub-sistemas básicos educativos. Como consecuencia de la falta de comida, desnutrición, inseguridad, acoso y la cada día más precaria situación financiera venezolana.

Tal y como está diseñado el sub-sistema educativo venezolano actual lo que promueve son las debilidades en el marco conceptual,  cuyas raíces están instaladas en la mediocridad dependiente de dádivas y de una formación manipulada e inconsistente, despegada de la ciencia,  del humanismo,  y de la integridad moral y ética: una escandalosa y bochornosa situación límite y adversa para la nación y sólo favorecedora de la actual oligarquía dirigente… ¿qué bien hará ese “nuevo hombre”  en favor del país?  ¿qué hará el país con ese sujeto? ¿podrá salirse del barranco profundo y congelado en el cual se ha caído? ¿cuándo se verá la “primavera”  con retoños buenos?

Cuando el difunto Presidente  hablaba del hombre nuevo socialista, es decir: el ser humano producto del socialismo del siglo XXI, no lejos estuvo de imaginar que sería lo que se está  viendo hoy en ciudades y pueblos venezolanos. Su legado en esta materia se yergue amenazante enfrente de todos, camuflado detrás de diferentes ropajes y actividades, todas ellas muy nocivas para la sociedad en general.

Aunque sus acciones fueron variadas, detrás de ellas se esconde un ser hecho de la misma materia, con todos los defectos y sin virtudes, agresivo y amenazante, violador de leyes y normas ciudadanas, aprovechador de la desdicha ajena, solidario sólo consigo mismo, arbitrario, ignorante, sin nacionalidad propia, sin verdaderas lealtades y capaz de los peores delitos y desmanes. Ése es el hombre nuevo socialista creado por la robolución bonita bolivariana en estos 20 años.

El hombre nuevo socialista es el “bachaquero o bachaquera”, que dificulta mucho más la vida del venezolano común, al quitarle toda posibilidad de tener acceso a los bienes de precios regulados. Encareciendo aún más el costo de la vida, al añadir su intermediación especulativa a la inflación generada por el exceso de circulante inorgánico  del Banco Central.

Acentúa la escasez al secuestrar y acaparar productos necesarios para la sociedad. Bachaquero que agrede a hombres, mujeres y niños del pueblo y que contribuye a profundizar el caos y la corrupción, en su asociación con mafias expendedoras privadas y con agentes de seguridad del Estado. Delincuentes asociados en verdaderas bandas que actúan protegidos por un gobierno, que los considera pueblo en lugar de la escoria despreciable que realmente son.

Esta decadencia humana es un factor muy importante en la determinación de la descomposición social que existe. Es provechoso recordar que decadencia (lat. cadentia, de cadere: caer) es todo lo contrario a progreso.

No obstante, tampoco puede ignorarse que en la moderna sociedad de la información hay otros elementos del entorno. Los valores y la formación ciudadana desempeñan un papel relevante en la transmisión y conformación de valores en los jóvenes. Una de las mayores novedades del tiempo actual  consiste en la gran influencia que ejercen la televisión, los medios de comunicación o la información a la que se tiene acceso a través de Internet, que son también instancias educativas -que en toda sociedad democrática existe la libertad de expresión; pero aquí en Venezuela todos los medios de comunicación social están controlados por el régimen y no existe una verdadera información diversificada, esta circunstancia apoya la formación de un pensamiento único-  que se escapan al control de las familias y de la escuela.

Al igual que los centros, los docentes y las familias, también éstos medios tienen una responsabilidad social en la formación en valores de los ciudadanos que no puede ser soslayada. La confluencia o la contraposición de los mensajes transmitidos desde unas y otras instancias tiene un gran impacto educativo en formar hombres libres y pensadores divergentes y, esta heterogeneidad de pensamiento es la principal fuente de enriquecimiento de las sociedades democráticas. Escenarios estos que no existen en un régimen socialista y menos comunista.