El mundo no se preocupa de nosotros

Se pretendió en los días recientes hacer creer que el riesgo país de Chile en el ámbito financiero internacional había aumentado como consecuencia de la cercanía del plebiscito y de la alta probabilidad de que en esa consulta ciudadana triunfe lo opción Apruebo, lo cual daría paso a la redacción de una nueva constitución. Ese hecho político -que todo indica que efectivamente sucederá – se mostraba como generador de incertidumbres y desconfianzas en el seno de los agentes financieros internacionales, lo cual en última instancia le traería perjuicios económicos al país. 

Puras mentiras. El índice EMBI  -Emergency Markets Bonds Index – que es uno de los instrumentos más corrientemente  utilizados internacionalmente para medir la tasa riesgo país, – elaborado por el JP Morgan Chase –  lejos de haber aumentado para Chile, disminuyó durante el mes de octubre. El día 7 del presente mes ese índice presentaba para Chile un valor de 167 y al lunes de la presente semana, alcanzó el nivel de 163. Lejos de subir, bajó. 

¿Que mide ese índice? Mide la diferencia entre la tasa de interés que pagan los bonos de deuda soberana de un país, en el mercado financiero internacional, con relación a la tasa de interés que pagan los bonos del Tesoro norteamericano. Estos últimos instrumentos financieros se asumen que son los de más alta seguridad en el mercado internacional. Ofrecen una tasa de interés por lo general bastante baja, precisamente porque la seguridad que ofrecen es muy alta, en términos de que el emisor pagará puntualmente lo convenido, sin riesgo de no pago. A menor riesgo de no pago, menor tasa de interés y menor valor del índice Embi. Si sube el riesgo de no pago, el índice Embi sube. Esa es la regla que impera en estas materias.

La tasa riesgo país de Chile, medida a través del Indice Embi, no solo es baja y no se ha movido hacia el alza, sino que lo ha hecho hacia la baja, y es una de las más baja de la América del Sur. Solo Perú y Uruguay tienen índices de esta naturaleza más bajos que los de Chile. Perú exhibe un índice de 1.42 y Uruguay de 1.54. Brasil, en cambio, presenta un nivel de 3.01, Colombia de 2.30 y Ecuador de 9.58.

Esto no significa que el sistema financiero internacional piense que aquí todo está como una taza de leche. En el mundo globalizado de hoy en día todo se sabe casi en tiempo real. Saben, por lo tanto, que aquí habrá cambios relevantes para los chilenos, pero confían también, al mismo tiempo, de que eso no afectara la capacidad de Chile de pagar sus deudas externas, que es en definitiva lo que a ellos les interesa. Nuestras exportaciones no han decrecido en forma sustantiva, más aún han aumentado de septiembre del 2019 a septiembre del 2020, de 5.267 millones de dólares, a 5.463 millones de dólares. Las importaciones, a su vez, si han disminuido, de 5.567 en septiembre del 2019 a 4.890 millones de dólares un año después, por lo cual el saldo comercial se mantiene alto. También las reservas internacionales del Banco Central se mantienen en niveles cómodos para el país: 37.821millones de dólares. El precio cobre, aun cuando fluctuante, se mantiene alrededor de los tres dólares por libra, lo cual es precio que se ubica en el campo de las buenas expectativas. 

En síntesis, la crisis chilena actual tiene muchas facetas – económica, social, sanitaria, institucional- pero no es una crisis de comercio exterior ni es una crisis de pagos internacionales. Menos mal. 

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