El Nuevo Desorden Global (Segunda Parte)

Establecimiento de la «Pax obamaniana» en el conflictivo Oriente Próximo: Tanto Israel como la ANP le pedirán a Obama que lidere el proceso de negociación que ambas partes iniciaron en 2.007, con el objetivo de establecer las bases para la creación del futuro Estado Palestino (previo reconocimiento del Estado de Israel por parte Palestina) y que podría concluir con la firma de un Tratado de Paz entre el nuevo Gobierno de Coalición israelí y el nuevo Presidente de la Autoridad Palestina (que sería el representante del nuevo Gobierno de Coalición que surgirá tras la inevitable aproximación de Hamas y Al Fatah).

Dicho Acuerdo contaría con las bendiciones políticas de Egipto, Rusia, Siria e Irán y como colaboradores económicos necesarios en la reconstrucción de Gaza a la UE, EE.UU., Japón, Arabia Saudí y Emiratos Árabes y sería global y vinculante para todos los países del área geopolítica de Oriente Próximo, logrando la instauración de un nuevo «status quo» en la zona («Pax obamaniana»), tras la solución del contencioso nuclear con Irán y el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países, operación que contará con la inicial oposición del influyente lobby judío y su posterior aceptación, al recibir Israel como contrapartida, las bendiciones de EE.UU. a la culminación del Muro de Cisjordania (que incluiría aproximadamente el 10% del territorio de Cisjordania, incluida Jerusalén Este) y el incremento de la ayuda económica (cifrada durante la Administración Bush en unos 3.000 millones de dólares de ayuda, monto que representa casi el 2% del PIB de Israel).

La paz será inestable y su duración dependerá de las negociaciones de Israel con Siria para la devolución de los Altos del Golán y de la futura actitud de Hisbolad y Hamas, pues si ambas formaciones persisten en sus ataques a territorio israelí violando la sacrosanta «seguridad» exigida por la población judía, podría incrementarse la tensión en la zona y reeditarse la «Guerra de los Seis Días» y caso de consumarse el enfrentamiento bélico y una nueva victoria militar israelí, asistiríamos a la anexión de la Franja de Gaza, del Sur del Líbano y del Sinaí, quedando Israel parapetado en un escudo protector, completado con la culminación del Muro de Cisjordania (que incluiría aproximadamente el 10% del territorio de Cisjordania, incluida Jerusalén Este) y el control de los Altos del Golán, contando con EEUU y su fuerza nuclear disuasoria como únicos aliados.

Gradual retirada de tropas de Irak que deberá esperar al 2011 para su culminación e inicio de un posterior y complejo proceso de reparto de las áreas de influencia entre Turquía, Siria, Arabia Saudí e Irán hasta desembocar en un Gobierno de Coalición integrado por representantes kurdos, suníes y chiítas que derivará finalmente en la aparición de un radical movimiento panislamista que utilizará el arma del petróleo para estrangular las economías occidentales.

La decisión de Obama de incrementar sustancialmente el número de soldados en Afganistán augura la escalada de las acciones bélicas a partir del 2011, pues según señala el último informe del Consejo Internacional de Seguridad y Desarrollo (ICOS), la insurgencia talibán habría conseguido una presencia permanente en el 72% del territorio de Afganistán, (lo que representa un aumento del 18% con respecto a noviembre de 2.007) y se acercarían a la capital Kabul, habiendo establecido los talibanes una especie de gobierno «de facto» en algunas ciudades y pueblos afganos.

La CIA contaría con informes que confirmarían el inicio de la ayuda militar rusa (asesores militares, logística e información de los satélites-espías) a las milicias talibanes de Afganistán, en su lucha contra las fuerzas de la NATO allí desplegadas, con el objetivo de alargar el conflicto y aliado con la falta de liquidez monetaria de los aliados europeos lograr su gradual retirada de Afganistán antes del 2.012 dejando en soledad a EE.UU., lo que implicaría crecientes dificultades para conseguir la aprobación de los Presupuestos en el Congreso, plasmadas en la petición por la Administración Obama de 83.400 millones de dólares adicionales para financiar las operaciones militares en Irak y Afganistán en el 2.009 (se estima que el costo de las dos guerras sería de unos 8.000 millones de dólares al mes).

Asimismo, el presidente de Afganistán Hamid Karzai, sería acusado por EE.UU. de tibieza en la lucha contra los talibanes, existiendo informes de la CIA que podrían involucrarle en la gestación de un Gobierno de Coalición afgano entre los pastunes y talibanes y que exigirían la salida de las tropas de EE.UU., por lo que no sería descartable la creación de un ambiente propicio al golpe de Estado y el posterior derrocamiento y asesinato de Karzai, y el subsiguiente incremento de su apoyo militar, acelerando la escalada que llevará a los Estados Unidos a un nuevo callejón sin salida.

Para evitar una peligrosa «vietnamización» del conflicto, Obama podría firmar en el 2.011, la retirada progresiva de tropas de Afganistán, decisión que no será compartida por su vicepresidente Biden y bajo cuyo mandato se producirá la intensificación y enquistamiento de dicho conflicto bélico y la precipitada salida que se consumará en años posteriores.

Incremento de la tensión entre India y Pakistán: Es previsible que el incremento del conflicto militar en Afganistán por parte de EE.UU., tenga repercusiones en la vecina Cachemira, por lo que tras cruentos atentados terroristas como el de Bombay, la tensión entre India y Paquistán, podría incrementarse y dar lugar a un nuevo enfrentamiento armado en Cachemira (con el riesgo añadido de la posible utilización de misiles con carga nuclear).

Soledad del régimen de Pekín en los Foros Internacionales, debido al enfriamiento de relaciones con Rusia debido al apoyo de Pekín al fosilizado régimen de Kim-Jong-Il y a las disensiones con EE.UU. derivadas de su aplicación de medidas proteccionistas y del incremento de la tensión con Taiwan, aunado con la Pérdida del peso económico de China en el contexto internacional por la constricción del consumo mundial y el establecimiento por parte de las principales potencias occidentales de sistemas económicos proteccionistas.

Asimismo, la Desertización de amplias zonas industriales, originará éxodos masivos de población urbana a las zonas rurales, obligando a vivir una gran parte de su población por debajo del umbral de la pobreza, e igualmente son previsibles epidemias y episodios de hambruna, un notable incremento de la inestabilidad social y un severo retroceso de las clases medias y de las incipientes libertades democráticas.

Recuperación por EE.UU. de la «doble vía» kennedyana en su relación con los países de Iberoamérica: EE.UU. se verá obligado a prestar una atención especial al tradicionalmente considerado «patio trasero » para intentar frenar la expansión de la influencia rusa en Latinoamérica, tras la firma por Mendeiev del Pacto por la Amistad y la Cooperación con Cuba (y por extensión con los Gobiernos de corte populista-progresista de Iberoamérica), aprovechando la miopía política de una Administración Bush obsesionada con el Eje del Mal.

En caso de no llegar a rápidos acuerdos en temas como el boicot comercial a Cuba, podríamos asistir la firma de un tratado de colaboración militar de Cuba y Venezuela con Rusia que incluiría la instalación de bases militares en territorio cubano, (no siendo descartable la presencia de aviones estratégicos con armas nucleares, los temibles TU-160 conocidos en Occidente como BlackJack), complementado con la instalación de una megabase naval y logística en Venezuela.

Asimismo, EE.UU. procedería a la gestación de una Alianza Panamericana (liderada por México, Brasil, Chile y Argentina) que conjugaría la ayuda económica y la firma de acuerdos preferenciales con dichos países amigos con el Boicot comercial y el aislamiento en los Foros Internacionales de los regímenes de corte populista-progresista (Cuba, Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia) para lograr la desestabilización de sus regímenes.

Por otra parte, la agudización de la crisis económica dará lugar a frecuentes estallidos de conflictividad social y a la expansión de ideologías izquierdistas en todo Latinoamérica, siendo previsible una clara regresión de las libertades democráticas y un posible regreso a escenarios ya superados de dictaduras militares y guerrillas revolucionarias (Perú, Bolivia, Nicaragua y México) y en Panamá, no sería descartable una reafirmación del sentimiento soberanista panameño sobre el canal por lo que podríamos asistir a la reedición de la Crisis de Panamá de 1.964 con el envío de tropas estadounidenses que asegurarían el control del canal, recuperando de paso la soberanía del mismo traspasada a Panamá en 1.979.

En África, asistiremos a la Aparición de un movimiento panislamista que abarcará todos los países árabes de la fachada mediterránea y que utilizará el arma del petróleo y gas natural para estrangular las economías occidentales y financiar el acoso terrorista al infiel, logrando de paso la anexión de obsoletas plazas coloniales (Ceuta y Melilla) y a la concatenación de desastres y hambrunas en el África Subsahariana, pues la inevitable contracción de la demanda de materias primas debido a la severa crisis económica global conllevará el estrangulamiento de sus exportaciones y la depreciación generalizada de sus monedas, lo que unido al avance inexorable de los desiertos e inusuales desastres naturales originará éxodos masivos de población, alternándose repetidas hambrunas con virulentas epidemias que asolarán buena parte del África negra.

Mientras tanto, aprovechándose de los endémicos conflictos tribales y rutinarios golpes de Estado, continuará la actual política de esquilmación de los recursos naturales del subcontinente subsahariano por parte de EE.UU., UE, Rusia y China (especialmente uranio, platino, cobalto, manganeso, oro y diamantes además del mediático coltán, especie de piedra filosofal para el desarrollo de las tecnologías del futuro como la telefonía móvil, ordenadores, videojuegos, armas inteligentes, implantes médicos, industria aeroespacial y levitación magnética) no siendo descartable un estrechamiento de relaciones ruso-egipcias que convertirían a Egipto en el portaaviones continental de Rusia lo que aunado con la extensión de su área de influencia al resto de países árabes que circundan a Israel (Siria, Líbano, Palestina y Jordania) podría acabar gestando un nuevo movimiento panislamista y reeditar en la próxima década la Guerra de los Siete Días.

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