Las grandes cárceles que padece el hombre hoy, no son los barrotes, las rejas que tienen en sus casas, edificios y otros, sino son los pensamientos negativos que tienen en sus mentes.

Como es sabido, el perdón constituye una categoría que ocurre tanto en el interior del individuo como en lo externo sobre un hecho en particular. Es como una actitud subjetiva, un camino, un proceso, un viaje, es un cambio. Morfológicamente la palabra perdón  se divide en: per: máximo; don: regalo. En palabras, más, palabras menos: Es el máximo regalo.

En este sentido, cuando uno encuentra en los distintos ambientes (trabajo, comercios, negocios, universidades, comunidad, entre otros) a personas que se enganchan y son presas fáciles para caer en la repetición de un hecho, que le ocurrió con otra persona y en general, se lo cuentan a todo el mundo. Por ende, es común escuchar lo siguiente: “si supieras lo que me hicieron, porque me ocurrió esto a mí; lo sucedido es imperdonable; que lo perdone Dios, pero yo no olvido jamás”.



Con referencia a lo anterior, puede ser válido, que una persona se sienta dolida o molesta por algo que le paso; empero ello, no es motivo, para pegarse en una reiteración. Por lo tanto, no se puede vivir el presente recordando el pasado y menos aun recordando cosas dolorosas, que nos hacen mucho daño. Por consiguiente, si andamos por la vida dejando puertas abiertas y construyendo muros, entonces nunca lograremos desprendernos de un pasado que lo que hace es hacernos vivir como amargados. Las grandes cárceles que padece el hombre hoy, no son los barrotes, las rejas que tienen en sus casas, edificios y otros, sino son los pensamientos negativos que tienen en sus mentes.

Resulta obvio, que los hechos pasan y debemos dejarlos ir como la brisa del viento que nos toca y luego se va. Todo en la vida pasa. Nada es definitivo. Herodoto explanó: “Todo es un constante cambio”. Lo contrario, es convertirnos en esclavos de recuerdos pusilánimes que nos van a impedir crecer espiritualmente. También, ocurre que hay personas que siempre colocan el foco de atención en lo negativo en su mente. Existe un adagio que sostiene:”Que no hay peor enemigo que nuestros propios pensamientos”. Y soslaya tantas cosas  bellas y hermosas que tiene la vida.



El perdón en esencia es la expresión más sublime del amor. Lo anterior, significa que se ha superado el odio, el resentimiento y la soberbia. “La soberbia parece grande y es hinchazón y la hinchazón es grande, pero a su vez no es sana”. Por ello, una persona con odio, maledicencia y soberbia de seguro le conducirá a la violencia y por ende, la violencia constituye el arma de los que no tienen la razón. Además, esta comprobado que la violencia lo que trae es más violencia y cuando aparece la violencia uno sabe cuando comienza, pero no sabe cuándo termina.


San Agustín de Nipona

Según Pérez Esclarin (2010), El perdón no es olvidar, ni borrar, ni hacerse el loco, tampoco es impunidad, ni es un signo de debilidad. En sentido lato o amplio, el perdón se expresa como el recordar sin dolor, es sanar heridas, es sentirse que aquello que ocurrió, ya no  duele y ni siquiera le afecta. Es despojarse y limpiarse de esa rabia que la persona o uno lleva por dentro contra alguien por algún problema en los estudios, trabajo, en la calle, traición, infidelidad, confianza, entre otros.

Verbigracia, cuando una persona esta cortando un pedazo de carne o picando frutas y por impericia o por diversas razones, se corta con el cuchillo y entonces se produce una herida. Ocurre que a medida que pasa el tiempo, la herida se va curando, pero en la medida en que se rasca, o la jurunga, entonces la recuerda que produce dolor y por tanto, puede llegar a bloquearte, paralizarte y volver al pasado.

Por supuesto, que mientras, no se perdone esto, sin lugar a dudas, afecta la vida de las personas y además, porque cada vez, que se recuerda el hecho sucedido en la persona opera y aparecen las espinas de las rosas y del cuerpo espín para protegerse y ergo hacer daño. Recuerdo la frase de Neruda que dice: “Las heridas duelen como las personas; pero hay heridas que en vez de abrir la piel, lo que hacen es abrir los ojos de las personas”.

Adicionalmente, otro hecho que sucede con frecuencia, es que cuando un ser no perdona y mantiene un disgusto con otra persona opera la ley de la Atracción, uno atrae lo que le es semejante; así mismo, cuando se tiene conflictos con amigos, familiares, vecinos  y no los resuelves y dejas que pase el tiempo, corres el riesgo de encontrártelos a cada momento. Y entonces revives y repites aquel desagradable momento. Es como un especie de reflujo en el estomago.

A partir de lo planteado, el perdón es un proceso que requiere de tiempo y además,  madurez y de una reflexión; depende de cada individuo. A manera de ejemplo, se traduce como la digestión como acto de comer. Es posible que para algunas personas la digestión sea mucho más rápido que para otras. No obstante, se trata y es una experiencia particular y propia de cada quien.

 Coello (2005), relata: Dos expresidiarios políticos argentinos se encontraron después de muchos años, sin haber estado en contacto. Se sentaron en un bar en la avenida de mayo y comenzaron a recordar los años negros de la represión, cuando la gente desaparecía sin dejar rastros. A cierta altura uno le pregunto al otro: ¿Cuánto tiempo estuviste preso? Dos años, fue la respuesta. Sufrí torturas que jamás imagine. Vi como violaban a mi mujer delante de mí. Pero los responsables ya están presos y condenados. Están presos. Estupendo. Dijo uno de ellos y el otro le pregunto y ¿tu alma ya lo perdono? Claro que no. Atino el otro y señalo: entonces todavía sigues siendo prisionero…

En la misma dirección Bacón expresa: “Vengándose uno, entonces se iguala al enemigo; perdonándolo se muestra superior a él”.  Lo antes expuesto, el perdonar es sanar heridas y a su vez significa recuperar la paz interior. Esto no significa el olvidar. Representa recordar sin amargura, sin odio. Si tú no perdonas, siempre que recuerdas lo haces con resentimiento y surge la amargura. Perdonar es dar alegría, es brillar y volver a la vida, sino perdonamos seguimos siendo rehenes y prisioneros. Así mismo, cuando no perdonamos el rencor se va acumulando y hace estragos en el organismo. “Es como tomarse una cucharada diaria de un remedio venenoso para que la otra persona muera”.

En concordancia con lo anterior, otro ejemplo práctico que genera el no perdonar a las personas, sucede cuando se echa gasolina, en un vaso plástico. El vaso cree estar convencido de que destruirá a la gasolina, pero la verdad, es que después de unos minutos, el destruido es el vaso plástico y la gasolina queda intacta. Así ocurre cuando no se perdona a las personas.

 Igualmente, sucede con aquellas personas que se deja dominar por el rencor:” es como un pez que muerde el anzuelo y otro lo controla”.  Por ello, mientras, no perdones acumularas sentimientos negativos en los tejidos del cuerpo, ocasionando deterioro de la salud y en consecuencia, da lugar a distintas patologías en el organismo; amen, de que seguirás viendo a las personas y al mundo desde sus heridas y perderás la oportunidad de ser feliz.

Desde esta perspectiva, existen referentes de hombres en el mundo como Jesús, Mandela, Gandhi, Luther King, Juan Pablo II, entre otros; quienes  nos enseñaron y practicaron el perdón. Jesús de Nazaret, en su práctica cotidiana explicaba que el perdón es el deseo de hacer hermanos y de no destruir, sino de amar a los enemigos. Y la mejor manera de perdonar era con el ejemplo. Por ello, en la biblia plantea una serie de pasajes y anécdotas de cómo se debe perdonar a las personas. El texto bíblico  Mt (18, 21, 35) habla de perdonar setenta veces siete, y en concordancia con lo anterior, hasta el último momento de su vida apelo al perdón, cuando colgado en el madero sentencio:”Perdónalos señor porque no saben lo que hacen”. Lc (23, 24)

Finalmente, hace algún tiempo Luther King explanó: “Hemos aprendido a volar como aves, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido a vivir el sencillo acto de vivir como hermanos”. Shakespeare dijo: “El perdón cae como la lluvia suave del cielo a la tierra y a su vez es dos (2) veces bendito: bendice al que lo da y al que lo recibe”. En resumen el perdón es un acto de amor, liberación y de felicidad del individuo.

Carlos Blanco; seminarion1@yahoo.es