El preludio de una muerte anunciada

En reiteradas ocasiones, los conocedores en la materia económica venezolana han venido anunciando sobre lo que podría pasar, si no se ponía un orden en el desempeño de las actividades económicas motorizadas desde el Gobierno central; con esto se quiere significar, que aún cuando se tomaran medidas centralistas y autoritarias a través de mandos al estilo orden cerrado militar (no compartidas por cierto), es necesario responder a un ordenamiento de las variables económicas.

Evidentemente, el comportamiento cambiario entre otros, responde a este deterioro continuo del devenir económico, ya que como se ha anunciado en otras oportunidades, la economía puede tardar en exigir el cauce adecuado, pero en cualquier momento hace sus reclamos naturales; esta es la realidad que se está viviendo en el país por el comportamiento de la moneda nacional frente a las divisas, más específicamente frente al dólar; la falta de planificación cambiaria ha inducido la situación actual.

Es así como desde el 2004, para no remontar el análisis a períodos precedentes, cuando el entonces Mandatario nacional exigía con vehemencia el millardito de dólares, que por cierto entre otros, el fallecido y eminente Dr. Maza Zavala, le explicaban al país que dicho millardito ya estaba circulando pero en bolívares, no obstante, irresponsablemente el BCV y la Asamblea Nacional aprueban el traslado directo de divisas desde PDVSA al Ejecutivo nacional de dicho millardo, con incrementos sucesivos años tras años; eso sin lugar a dudas, unido a los continuos procesos electorales, acrecentó la apertura de las compuertas dinerarias disparando la oferta monetaria, trayendo como es técnicamente y ahora comprobada, una inflación indetenible y expansiva, lo cual es el ingrediente inexorable para consolidar el deterioro del signo monetario nacional.

Cabe señalar que la Teoría de la Paridad del Poder Adquisitivo y otras, aseguran que cuando la inflación doméstica es mayor que la internacional, inercialmente se genera una creciente demanda de las divisas en procura de los bienes externos más baratos; ahora bien, por otra parte, la economía también demuestra que la baratura de algo es la carestía relativa de su contraparte, en la medida que hay más bolívares en circulación, su abundancia lo abarata, encareciendo las divisas; si a ello se le agrega el control de la tasa de interés hacia la baja, hace indefectiblemente la creciente liquidez en los bancos y demás centros económicos, motivando la búsqueda de divisas para colocaciones externas.

Este análisis precedente era anuncio para lo que está desembocando ahora, es notoria la ausencia y escasez de productos en los andenes nacional, el aparato productivo se vino deteriorando paulatinamente ante la falta de incentivos y ataques continuos, obligándolos a una batalla diaria para poder mantenerse operando; resulta entonces, que ese es el motivo de la mal llamada guerra económica que anuncia el actual Mandatario. En términos deliberantes como el usado, se debería decir, que la guerra se inició cuando se atacó un adversario que es un aliado en la mayoría de economías del mundo; resulta que en estos momentos, el éxito de la guerra se les revirtió y no hay ejército que valga, no hay los suficientes productores nacionales, no se tiene la misma capacidad importadora debido a la contracción y poca remuneración de las exportaciones, aunada al creciente endeudamiento público con un alto componente externo, realidad que atenta contra la disponibilidad de divisas para atender la mencionada creciente demanda que se ha hecho ilimitada. 

En efecto, todas las medidas cambiarias del momento que siguen siendo desacertadas pero obligatorias, en virtud que se centran en la reducción de la demanda inducida por las políticas anteriores, medidas propias de los recetarios fondomonetaristas, echándose a un lado las salidas a través de la oferta, en este caso de divisas, políticas de oferta que sólo se pueden lograr a través de la concertación entre los ejes fundamentales de la economía de los países, tradúzcase la Tripartita: Estado, Empresarios y Sindicatos, para de esta manera generar políticas públicas que motiven la entrada de divisas; aquí es oportuno expresar otra máxima económica: los hacedores de políticas económicas deben hacer reconocimiento de las fallas cometidas y existentes, para con salidas de capacidad técnica poder estabilizar la economía.

Se explica entonces, el anuncio maquillado de la devaluación sin resolver los elementos raíces del problema, la búsqueda de culpables diferentes a los verdaderos responsables de la incapacidad de detener la inflación interna que como se indica, es el motor del deterioro cambiario; arremeter contra los productores y comerciantes, menos efectivo aún, contra los viajeros cuyos efectos no llegan a un 3% del componente global del deterioro, son síntomas para pensar que el umbral para un mayor desasosiego, en el devenir económico nacional, se está ampliando. 

De allí pues, que sin exponer las cifras de los diversos indicadores, que puede ser la base para una futura entrega, existe capacidad técnica para afirmar que el inicio de lo definido en su momento, como una terquedad gubernamental de violentar la autonomía del BCV y ponerlo a disposición de los mandatos del Ejecutivo Nacional, lo que atentó con el adecuado comportamiento de PDVSA, aunado al elevado compromiso internacional de las capacidades productivas petroleras del país, han desencadenado en la realidad cambiaria de hoy; pero todo indica que,  aún con el cúmulo de desaciertos, dicha realidad se percibe como el preámbulo de un mayor desconcierto en el manejo de las políticas económicas venezolanas, inductoras a un sacrificio inminente para la población, con más incidencia en los de menores recursos.

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