El Sistema Nacional de Orquestas Juveniles

La cultura cambia al individuo. Los increíbles logros alcanzados por este sistema en Venezuela, avalan la tesis que cuando confluyen la oportunidad y el talento, indistintamente del origen social, se pueden obtener resultados únicos.
Los frutos del maestro José Antonio Abreu en el desarrollo del Sistema, hablan por sí solos. Hoy en día vemos a un Gustavo Dudamel de sólo 26 años, dirigir la Orquesta de la Radio de Sttutgart para celebrar el cumpleaños del Papa y a otros muy destacados jóvenes músicos que hacen carrera con éxito en las mejores orquestas del mundo, como es el caso de Edicson Ruiz que toca el contrabajo en la Filarmónica del Berlín
El secreto parece simple: Fomentar el desarrollo de una pequeña comunidad que se crea, para formar una orquesta apoyada por un sistema de enseñanza que antepone la práctica a la teoría, que se inicia en niños y que se apoya en el modelaje de valores como la disciplina, el respeto por los demás y la colaboración constante para desarrollar las habilidades musicales.
Las orquestas se crean como células coordinadas por un músico preparado dentro del sistema, que aprende cómo funciona la orquesta dentro del modelo creado por el Maestro Abreu. No hay manuales ni normas escritas y se tiene claro que el sistema, para ser exitoso, debe iniciarse con niños. Los adultos podemos intentarlo pero, de antemano, no tenemos futuro.
Aquella frase del Maestro Abreu de que el niño debe aprender a ser parte de su comunidad, es un principio fundamental que tiene en el modelaje la base de la construcción de la orquesta y el desarrollo musical exitoso de cada miembro.
El aprendizaje es reforzado con métodos de enseñanza tradicional, que van desde la estimulación en los más pequeños, para que se familiaricen con sus futuros instrumentos, hasta mucha investigación para mejorar la interpretación de los instrumentos. Por ejemplo, regularmente se realizan encuentros con maestros nacionales o extranjeros que dominan algún instrumento, con el propósito de revisar la práctica y mejorarla. Esta información, luego, es transmitida al resto del núcleo para procurar mejorar el desempeño del conjunto.
Si hay algo que deben dominar quienes se incorporan a una de las orquestas, es que en cada una de ellas aprenderán de otros y, en su momento, asumirán el rol de maestros. “Los que saben un poquito más, le enseñan a los que saben un poquito menos”, afirma Joshua Dos Santos, Director del núcleo del Estado Carabobo. Es una comunidad que se nutre permanentemente de las mejores prácticas. Siempre hay espacios para discutir cómo mejorar una pieza o solucionar el problema en la ejecución de algún miembro del grupo. No hay edad para la maestría, la condición indispensable es el dominio sobresaliente del instrumento.
Las enseñanzas pasan siempre a través de la práctica. Abreu ha enfatizado en varias ocasiones que el niño, al familiarizarse con el instrumento, lo convierte en su amigo y compañero. Esa relación de “amistad” se nutrirá de un profundo deseo de hacer mejor la convivencia y conseguir que la interpretación del instrumento llegue a ser lo más perfecta posible. “Me quiero llevar bien con mi amigo, por eso practicamos todos los días” afirma un pequeño de 8 años que forma parte del núcleo del estado Lara.
El sistema tiene claro hacia dónde va. Ya Venezuela le queda pequeña y es por ello que se ha comenzado a experimentar en otros países latinoamericanos. Nuestra Orquesta Simón Bolívar se destaca entre las mejores del mundo, conformada por jóvenes de edades que apenas llegan a la adolescencia. Desde sus inicios ha enfatizado la importancia de la mejora continua y la construcción de núcleos en los cuales cada integrante recibe atención y comienza su desarrollo musical.
Lo que probablemente los americanos han logrado en el desempeño deportivo, en Venezuela ha sido posible en el mundo de la música clásica. Tal como dice el Director de la Sinfónica de Berlín “si hay que buscar en algún lugar lo que será el futuro de la música clásica, obligatoriamente hay que mirar hacia Venezuela”.
Los aprendizajes que podemos tomar de esta experiencia y llevarlos al mundo empresarial son diversos:
1. Quizá el principal y más impactante es la fuerza que inspira un propósito, que es asimilado por una comunidad: Los jóvenes se esfuerzan por llegar a formar parte de la Orquesta o convertirse, quizá, en músicos reconocidos, ya tienen varios héroes a los cuales emular.
2. En la comunidad sólo permanecen los mejores y, para ser parte de ella, es necesario compartir valores y aceptar las exigencias del grupo.
3. El modelaje es fundamental e indistintamente de la edad y el origen; el desempeño sobresaliente es fundamental para avanzar.
4. Las oportunidades están abiertas igualmente para todos; no es necesario contar con dones especiales o un oído desarrollado para entrar a un núcleo.
5. La comunidad comparte lo que sabe, cada quien asume su responsabilidad de ayudar a los demás y transmitir lo que sabe.
6. El desarrollo de los núcleos no está formalmente planificado. El interés de la comunidad, un músico de la zona o una presentación de la orquesta que despierta el interés, pueden ser los eventos que propicien el inicio de un nuevo núcleo.
En momentos en los cuales es necesario comprender, que la sociedad venezolana se encuentra falta de modelos que la orienten y experiencias que despierten el interés cultural, el Sistema de Orquestas Juveniles representa un ejemplo que rebasa cualquier antecedente. Ciertamente la cultura es un factor transformador, que crea esperanza y brinda oportunidades de superación dentro y fuera del país, además de servir de un valioso depósito de enseñanzas dignas de seguir en cualquier ámbito empresarial. Para empezar a entender este gran logro vean “Tocar y Luchar”.

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