Energía alterna

Isabel García Nevett -Venezuela se identificó, a lo largo del siglo XX, como un productor de la fuente de energía más importante para la era moderna: el petróleo. Sin embargo, las nuevas tendencias apuntan a un cambio radical en la manera en que el mundo concibe la energía y nos acercamos a una nueva fase de desarrollo humano.
«El petróleo dejará de ser una fuente de energía importante en el mundo, mucho antes que se acaben las reservas mundiales», asegura Benjamín Scharifker, rector de la Universidad Simón Bolívar y especialista en el tema energético. El debate sobre las fuentes de energías alternativas arriba finalmente a las costas venezolanas.
Entre el 2020 y el 2050
Scharifker apunta hacia estudios que ubican el pico del uso de los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) en las próximas décadas. El Departamento de Energía de Estados Unidos (DOE, por sus siglas en inglés) apunta a un aumento en el consumo de petróleo a nivel mundial entre el 2003 y el 2030, para llegar a consumir unos 120 millones de barriles por día. Esta enorme cantidad de petróleo es sustentable en el tiempo, gracias a las enormes reservas globales de este combustible fósil. Venezuela, el séptimo país con mayores reservas a nivel mundial según el DOE, tiene suficientes recursos para mantener los altos niveles de producción .
No se trata, entonces, de una falta de combustibles fósiles, sino de las consecuencias que su uso trae. Según Scharifker, las principales causas que nos llevarán a alejarnos de las fuentes no renovables son ambientales y geopolíticas.
«A escala planetaria, a partir de finales del siglo XVIII con la revolución industrial, se empezaron a desarrollar modos de vivir que tienen que ver con el uso intensivo de recursos naturales y el uso intensivo de combustibles fósiles, que no son renovables, pero son abundantes» dice Scharifker. Este uso intensivo ha tenido efectos globales, como el efecto invernadero y la acumulación de CO2 en la atmósfera, que no se deben mantener en el tiempo.
Aunque la razón ambiental es de bastante peso, también existen consideraciones desde el punto de vista geográfico y político. «Nosotros, los seres humanos, venimos demandando cada vez más energía para alimentar nuestro modo de vida y esta tendencia seguirá en aumento. Pero nadie quiere depender de otro para su energía ni de los altos precios que se ven en el mercado actual. Por eso vemos a países como España, donde el 20% de la energía es eólica», explica Scharifker.
Visión a largo plazo
«Lo que sí es claro es que, hacia finales del siglo XXI, el panorama energético va a ser muy distinto al que vivimos hoy. Será un panorama donde la contribución de los fósiles para cubrir las necesidades energéticas de los habitantes del planeta es mucho menor que la actual y la oferta energética es más diversificada» asegura Scharifker.
De las nuevas fuentes de energía, la ideal es la energía solar, según Scharifker, que usa como vectores los demás elementos en el ambiente. La energía hidroeléctrica se basa en el ciclo del agua, mientras la fuerza de los vientos, usada para producir energía eólica, depende de las radiaciones solares. Incluso los biocombustibles, entre los que se encuentra el etanol, necesitan del sol para producir el alcohol que se convertirá en energía. A pesar de esto, la energía nuclear también puede convertirse en una considerable fuente energética. La diversificación se basa en utilizar más de una fuente y muchos vectores para producir buenas cantidades de energía.
Para Scharifker, es vital que Venezuela se ponga a la vanguardia del nuevo movimiento energético. «Creo que estamos en una posición privilegiada para seguir siendo proveedores de energía, no sólo de petróleo. Definiéndonos como tales, debemos centrar nuestra ventana de oportunidad nacional dentro de lo que son las fuentes de energía alternativa: somos un país que tiene gran insolación, por estar en el trópico, tenemos muy buenos vientos con un potencial eólico que supera con creces la energía que producimos de manera hidroeléctrica, y también, por nuestros extensos territorios, somos un país ideal para la planta de caña de azúcar y otros elementos orgánicos para la elaboración de biocombustibles.»
Por ahora, la oferta energética venezolana se concentra básicamente en el petróleo. Según el Ministerio de Planificación y Desarrollo, el gas natural, del cual existen 4 mil millones de metros cúbicos en reservas, es otro gran recurso natural con potencial para ser explotado. Y en cuanto a la energía hidráulica, Venezuela tiene un estimado de 410.000 Gwh, lo que equivale a 2.500.000 barriles diarios de petróleo en energía. Pareciera que los avances que se estaban haciendo en cuanto a la producción del etanol -se proyectaba la construcción de unas 11 plantas para procesar caña de azúcar- se encuentran ahora con un futuro incierto. Todavía se requieren mayores esfuerzos para transitar hacia la producción de energía alterna y dejar atrás la dependencia en combustibles fósiles.
A nivel mundial, sin embargo, la tendencia es hacia la búsqueda y desarrollo de nuevas fuentes. Un reporte de la Agencia Internacional de Energía (IEA, en inglés) para el año 2006, argumenta que en el 2030 los combustibles fósiles seguirán dominando el mercado, pero la tendencia será hacia la estabilización y eventual baja. En el reporte calculan la inversión en energía de todo tipo a nivel mundial en 20 trillones de dólares (al dólar del año 2005) para esa misma década.
Sin embargo, el reporte apunta hacia un aumento en el consumo de combustibles fósiles por parte de los países en vías de desarrollo. Esto sería una consecuencia lógica de la transición hacia nuevos tipos de energía. Dice Scharifker: «Nosotros no podemos prescindir de la energía, es utópico pensar que vamos a poder continuar el desarrollo e inclusive llegar a nuevos niveles de desarrollo, en Venezuela y el mundo en general, sin utilizar la energía como la conocemos.»

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