Excelencia, una cualidad innombrable en organizaciones permisibles

Hace muchos años que intento persuadir a mis alumnos sobre la importancia de la excelencia en los procesos de formación, ya que esta es una de las más claras manifestaciones de competitividad. En la producción de servicios o de productos, cualquiera que estos sean, la excelencia es indispensable para mejorar los índices de productividad. Mientras más esfuerzo se hace, en forma sistémica, en el marco de una organización que la debemos estudiar para mejorarla en su eficiencia; mientras más selecciono los caminos para encontrar la mejor vía, mientras más acucioso me vuelvo para escoger la mejor manera de alcanzar un objetivo, sin duda, los resultados serán mejores y ese proceso de buscar siempre las mejoras, sin duda me conducen a la excelencia.

Amigos, la experiencia nos indica que en aquellos ámbitos permisivos, la excelencia nunca aflora. El peyorativo calificativo de Juan Pueblito, nos lo endilgaron mentes perversas, buscando la dominancia y en esto hay que hacer un gran esfuerzo por deslastrarnos de ese anclaje tan negativo para nuestro desarrollo. Por el contrario, desde la infancia, debemos enseñar a elevar los niveles de esfuerzo por alcanzar la eficiencia, entendida como uso racional de los medios con que se cuenta, para alcanzar un objetivo predeterminado, con el mínimo de recursos disponibles y tiempo, logrando su optimización. La excelencia toma vigor e influye, como parte de la Proactividad, en la cualidad de aquellos equipos de trabajo que han sido capaces de perseverar por el logro de sus metas, en el marco de la eficiencia.

La excelencia es un resultado del esfuerzo conjunto, que permite realizar actividades con elevada calidad. Buscamos excelencia en nuestras actividades personales, sociales y en las profesionales. En los años de 1960 al 67, la prioridad en busca del mejoramiento de la producción en las organizaciones, fue la planificación y la investigación operacional; en los años 70 se introdujeron esquemas de mejoramiento organizacional buscando eficacia. Así, la estructura de cambios guió el mejoramiento continuo de las organizaciones, pero también, paralelamente y con la misma volatilidad de las herramientas gerenciales, surgieron los planteamientos del mejoramiento personal, con la idea de la búsqueda incesante de la excelencia conductual.

Uno de los más importantes planteamientos metodológicos lo realiza Stephen R. Covey y lo hace con sus teorías acerca de las tres fases de mejoramiento personal. Primeramente, se expresa en la preparación individual y lo denomina dependencia, donde se pide a las personas ser proactivas y no reactivas, organizarse mentalmente para colocar las cosas importantes primero y conocer la meta que se traza, con el fin de activar sus capacidades en función de lineamientos: Comenzar con el final en mente. Un segundo momento, lo denomina independencia, nos lleva a la actuación competitiva y la lucha por ganar, la perseverancia y a escuchar y comprender primero a las otras personas para luego ser escuchado. Por último, producto de las necesidades de equilibrar fortalezas y apoyar las debilidades, aparece un tercer momento, la interdependencia, con la sinergia o fuerza que es capaz de incentivar a quienes formaran equipos de trabajo.

En este sentido, es mi conclusión en este aspecto, que siempre alcanzará mejoras en cualquier humano, la metodología integral, y a los fines de materializarla, seguimos siempre en la búsqueda de suficientes elementos de juicio para demostrar que si no existe la integralidad, poco podemos esperar de nuevas técnicas y plataformas tecnológicas variadas en el resultado de la eficiencia colectiva. De la interesante perspectiva de los Hábitos de la Excelencia, sacamos una de las muchas vertientes del Liderazgo Integral, que es la teoría que desarrollamos a mediado de los años 1994 y que la denominamos LIDERAZGO INTEGRAL PARA EL PROGRESO. Si no cultivamos el intelecto para condicionarnos como seres racionales, si no desarrollamos habilidades y destrezas para completar manifestaciones del saberlo hacer, si no nos conocemos internamente y dominamos aspectos de la emocionalidad y aquellos de la espiritualidad que son capaces de armonizarnos como seres humanos, nunca aprendemos a ser líderes con capacidad para estructurar equipos de trabajo y caeremos en el eterno ritornelo de nuestros países latinoamericanos apuntando con el índice a otros que tiene la culpa. En estos casos, las conductas variarán comos varían los mediocres sus decisiones, cuando los presionan los jefes. ¡Qué triste ver como se dilapidan inmensos recursos, cuando los jefes no saben o no quieren alcanzar la excelencia de las acciones de sus subordinados!, si tan sólo dejaran que muchos de sus trabajadores les enseñaran a pensar en equipos de trabajo altamente eficientes…….

Recientemente asistí a un interesante Taller Vivencial, sobre Desarrollo Personal y Liderazgo, impartido a alumnos de Derecho de una reconocida Universidad. Su principal objetivo fue, que los participantes describieran los principios del Liderazgo como conducta con la que se influye en el éxito profesional. Además, que identificaran los aspectos más importantes de la Motivación, con la cual, cualquier persona será capaz de influir en sus equipos de trabajo, desde el mismo momento en que se gradúen y comiencen a ejercer su profesión. Les debo manifestar que quedé realmente sorprendido, cuando luego de aplicar conocimientos sobre la eficiencia, nos topamos en dinámicas de grupo con la necesidad de descubrir la excelencia y esto sólo se explica porque con ella se es capaz de integrar a otros, en la búsqueda incesante de alcanzar lo mejor. Porque la gente siempre buscara sus metas personales y profesionales y se incentivara cada día más, por su valoración en los logros; no porque les regalen lo que con su esfuerzo pueden hacer, sino porque su realización, es la cúspide del esfuerzo por hacer las cosas excelentes.

Amigos todos, la excelencia es una cualidad que debemos internalizar, desde el momento que aplicamos los procesos de cambio en nosotros mismos. Desde ese renacer de nuestra vida, la excelencia nos ayudará a mantener equipos de trabajo cuyas metas no sea la mediocridad. En lugar de ese síndrome del casi lo hicimos…..debemos enfocarnos en la excelencia de lo que logramos.

Los invito a reflexionar sobre el Liderazgo que debemos exhibir, insistiendo que la cualidad excelente, es una necesidad en nuestros países, en donde la politiquería en las más conspicuas organizaciones, están esquilmando los recursos, que en manos de gente excelente, servirían para impulsar el desarrollo de todos. A cuenta de procesos de cambio inarticulados, se contentan con la ineficiencia. A cuenta del consabido conformismo, la Patria Grande, pierde sus oportunidades de forjar mejores venezolanos.

*Vicealmirante, Doctor en Administración.

Dirección-E: jesús_enrique @hotmail.com

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