¿Existe un límite de tolerancia humana?

“Usted no cambia las cosas luchando contra

la realidad existente. Para cambiar algo,

construya un nuevo modelo… que

haga obsoleto al actual”

R. B. Fuller

 

 “Tratado sobre la tolerancia”, que decía que:

 Dios no nos había creado para odiarnos,

sino para amarnos y respetarnos”.
Voltaire

La palabra tolerancia proviene del verbo “tollerare” del latín, que significa: soportar o aguantar. Antes, tenía un significado negativo (soportar: no hay más remedio que hacerlo, someterse inertemente al estado de las circunstancias), pero hoy en día se considera un valor o incluso virtud del ser humano. Actualmente, la tolerancia se considera como la actitud pacífica del ser humano frente a las diferencias de otros individuos con los que convive.

Los principios de la tolerancia son:

– Nadie posee la razón y verdad absolutas, y de la misma manera que nadie tiene la verdad, “nadie está equivocado en absoluto” (González-Carvajal).

– El saber del respeto mutuo que deriva del reconocimiento de la igualdad fundamental de todos los seres humanos.

La tolerancia empezó siendo tolerancia religiosa. La primera redacción de tolerancia fue llevada a cabo con el Edicto de Milán. Sin embargo, junto con otros textos sobre tolerancia religiosa fueron mal interpretados.

J. Stuart Mill, que escribió “Sobre la libertad”, dijo que la tolerancia era el punto medio entre el despotismo y la anarquía.

Estos autores son considerados como los pioneros en hacer efectivos los principios de la tolerancia.

La UNESCO en su 28º  Conferencia General hizo pública una declaración de principios sobre la tolerancia, que expresa que ésta debe  estar presente también en la política y en la justicia, además en el individuo y sus semejantes.

Hoy, se puede decir que hay -entre otros- los siguientes tipos de tolerancia:

– Tolerancia racial o étnica: el individuo convive y se respeta con otros individuos de otras razas. El racismo es la intolerancia racial.

– Tolerancia religiosa: el individuo convive y se respeta con otros individuos de distintas creencias o religiones.

– Tolerancia sexual: el individuo convive con otros individuos del sexo opuesto o que son homosexuales y les respeta. El machismo y el feminismo pueden ser formas de intolerancia sexual.

– Tolerancia xenofílica (xeno: extranjero; filia: aceptación): el individuo convive con individuos extranjeros, de otras culturas o de otros pueblos y les respeta. La xenofobia es la intolerancia a los nacionales de otros países.

– Tolerancia de ideales: el individuo convive y se respeta con otros individuos de pensamiento, ideales o principios diferentes. La derecha e izquierda extremas suelen ser intolerantes entre sí.

– Tolerancia social: el individuo convive y se respeta con otros individuos de distinta clase social. El clasismo es el prejuicio de pertenencia a una clase social que se acompaña de discriminación de los miembros de otra clase social quienes son repudiados e irrespetados, lo cual se expresa como intolerancia social en su contra.

– La tolerancia política: es el respeto irrestricto a la convicción ideológica y partidaria de los opositores (quienes -en el escenario democrático republicano- son entendidos como “adversarios” y no como “enemigos”). El tener ideas divergentes no debe ser motivo de escarnio, insulto, denuesto o maltrato físico o emocional. Así como la Constitución de la República decreta libertad de cultos, igualmente consigna libertad de ideas políticas.

Así como la tolerancia es una opción conductual escogida voluntariamente gracias a una convicción (en el universo cabemos todos), la intolerancia siempre es una elección dictada por otra convicción, basada fundamentalmente en una “verdad verdadera e incuestionable”; es decir: una “verdad del tamaño de una catedral”; que no produzca dudas a las personas que forman el grupo humano. La tolerancia es determinante para la convivencia armónica de toda sociedad, por cuanto facilita la integración de sus componentes para diferentes tareas y actividades sumando fuerzas. Desarrolla el espíritu de unidad y a través de un diálogo sincero, claro y transparente facilita la cooperación y la interacción.

La intolerancia va de la mano con la presunción del dominio del acontecer y del futuro y corresponde generalmente a cosmovisiones elementales, esquemáticas y emocionales de baja talla. A través del ejercicio de la tolerancia se supera la identificación innegable con las ideas, que resulta mucho más dañina que la identificación con las formas de la materia, las cosas, los bienes, el poder o la fama. Entonces, la tolerancia es una buena medicina para una mejor salud mental, individual y social.

¡CUANDO LA REALIDAD ES MANIPULADA, EXISTE LA DUDA Y CRECE LA INTOLERANCIA!

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