Guerra económica es un concepto que  no tiene mucha carta de ciudadanía en el lenguaje de la ciencia política o de la política internacional pura y simple. Pero es posible identificar algunas situaciones en las cuales el concepto podría corresponder cabalmente.

Uno podría decir que un país (el agresor) le declara la guerra económica a otro (el agredido), cuando decide no comprar ningún producto generado por este. La estrategia fundamental de guerra pasa a ser la negativa total a comprar. Obviamente cuando un país (el agresor) es el principal país de destino de los productos exportables por otro (el agredido) y no solo le compra mucho, sino que le paga al contado, convirtiéndose  en el mejor cliente y en el mejor pagador, difícilmente se puede decir que ese país le ha declarado la guerra (económica) a su proveedor.  

La guerra económica podría asumir también la forma de una negativa total a venderle nada al país al cual se le  ha declarado la guerra. La estrategia de guerra en este caso, es la negativa total a vender. Pero cuando las estadísticas publicadas por el agredido -no por el agresor- muestran que el primero tiene al segundo como el principal país de origen de sus importaciones, es bien difícil argumentar que esos dos países están en guerra (económica).

Otra acción bélica posible –no tan violenta como las anteriores- es no prohibir las ventas al país supuestamente agredido, sino que suprimirle los créditos comerciales; es decir, obligar a este último a que realice sus compras en el país agresor al contado violento, con lo cual se termina perjudicando los intereses de los agentes económicos, tanto en el país agredido como en el país agresor, sin que el comercio llegue a ser realmente suprimido. Se trataría de un auténtico tiro en el pie por parte del agresor. 

La guerra económica puede manifestarse también en que, no solo el país agresor no le compra ni le vende nada a un país agredido, sino que moviliza a sus amigos en todas partes del mundo para que estos actúen en el mismo sentido; es decir, no le compren ni le vendan nada al país al cual se desea agredir.  Cuando llegase a suceder una guerra económica de esta naturaleza,  el agredido se da cuenta rápidamente de que se le cierran mercados tradicionales,  sin  razón alguna, y que sus mercancías se acumulan en el país de origen sin poder ser vendidas.  

Otra forma que puede asumir la guerra económica, es el bloqueo crediticio en los organismos financieros internacionales, tales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo, etc. Mediante este eventual accionar de guerra, las solicitudes  de préstamos que el país agredido hiciera en esos organismos, dominados por el país agresor, serían rechazados o eternamente tramitados, pero sin llegar jamás a convertirse en créditos contantes y sonantes. Para saber si este tipo de acción bélica está siendo utilizado, lo primero y fundamental es formular solicitudes de crédito en esos organismos. Si hace años que no se formula ningún requerimiento de esa naturaleza, nadie puede saber si existe un tal bloqueo o no.

En síntesis: Una guerra económica donde no hay ninguna acción bélica (económica) entre las partes -aun cuando hayan reclamos y malas caras- parece más bien una pelea entre casados, aun cuando más avenidos.  No habrá en ese contexto muertos ni heridos y las partes terminarán poniéndose de acuerdo en las cosas fundamentales.

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