¿Hacia el final de la Unión Europea?

El mes de junio tendrán lugar las elecciones europeas para elegir a los nuevos europarlamentarios, para un mandato que estará condicionado por el severo impacto de la crisis económica, que ha originado la desestabilización económica global y la entrada en recesión de las principales potencias económicas mundiales, dibujándose un escenario a cinco años en el que se podría regresar al proteccionismo económico, con la subsiguiente contracción del comercio mundial y posterior finiquito a la globalización económica.

En el caso de Francia, en las próximas elecciones presidenciales y legislativas del 2.012, Sarkozy deberá enfrentarse a una federación de izquierdas que podría ponerle en aprietos en la primera vuelta; pero no que logrará evitar su previsible victoria en la segunda vuelta y el logro de la mayoría en la Asamblea francesa, con la posterior instauración de un poder presidencialista, (Década Sarkozy), que conjugado con la intensificación del ruido mediático de sus intervenciones en política exterior, le convertirá en un referente inevitable de la política europea en el próximo decenio e interlocutor válido para las dos grandes potencias mundiales enfrascadas en futuros episodios de guerra fría.

En Alemania, no sería descartable la elección como Canciller del candidato del SPD Frank Walter Steinmeier, actual vicecanciller y ministro de Asuntos Exteriores y con el que, sin duda, Sarkozy logrará la empatía que nunca tuvo con Angela Merkel y que podría dar lugar al nacimiento del eje franco-alemán que, conjugando los acuerdos preferenciales energéticos con Rusia con la revitalización de la energía nuclear y el extraordinario desarrollo de las energías renovables, serán el referente político-económico europeo de la próxima década.

Igualmente podríamos asistir, en el horizonte del 2.014, al inicio de la desmembración de la actual Unión Europea y su sustitución por una constelación de países satélites dentro de la órbita de la alianza franco-germana, (la llamada Europa de los Doce), debido a las exigencias del BCE de cumplir con el límite marcado para el Déficit Público del 3% para el 2.012 , empresa harto complicada para países como Portugal, Italia, Grecia, España e Irlanda, con tasas muy superiores a la media de la eurozona, (4%), y que superan con holgura el primitivo listón fijado por el BCE, (3%), estando Irlanda en la situación más delicada, al tener la mayor tasa de déficit público de la zona euro a lo largo de 2.009, (el 11%), por lo que no sería descartable su salida de la eurozona en el 2.014.

Asimismo, el severo retroceso de las exportaciones debido la contracción del consumo interno de la UE por la recesión económica, (los intercambios comerciales entre los estados miembros de la UE alcanzan el 60% del volumen total de su comercio), y a un euro artificialmente revalorizado que encarece los productos europeos y reduce su competitividad frente a los países del resto del mundo, podría provocar la salida de la eurozona de países netamente exportadores como Eslovaquia y Finlandia.

Por otra parte, los países europeos integrados en la NATO se verán obligados a asumir una mayor responsabilidad en misiones internacionales y atender la petición del Presidente Obama, de un incremento sustancial de tropas aliadas en Afganistán, por lo que no sería descartable una reafirmación de la soberanía francesa, que se plasmaría en la salida de las tropas francesas de Afganistán antes de las presidenciales del 2.012, (y por mimetismo de otros aliados europeos), dejando a EE.UU. en soledad y con el riesgo evidente de una peligrosa vietnamización del conflicto afgano.

En el resto de países de la actual eurozona, asistiríamos a la formación de gobiernos de coalición similares al alemán, como diques de contención ante la severa crisis económica y de valores que se avecinan para el próximo decenio, demostrándose claramente ineficaces y provocando la aparición en la escena política, de líderes con fuerte carisma personal y poder de convicción, que derivarán en la práctica en gobiernos presidencialistas con claros tintes autocráticos.

Mención especial merece el caso del Reino Unido, en el que convergen una mayor exposición a los activos tóxicos, (hipotecas subprime), a los activos inmobiliarios y una libra revalorizada que ha estancado sus exportaciones, por lo que se verá obligado a realizar sucesivas bajadas de tipos de interés, implementar medidas cuantitativas, (Quantitative Easing), para incrementar la base monetaria, depreciar repetidamente su moneda para estimular sus exportaciones y aplicar medidas proteccionistas.

Asimismo, la pérdida de confianza en el sistema político británico y la creciente indignación pública por el escándalo de gastos de representación de los parlamentarios, podría conllevar el adelanto de las elecciones previstas para antes de junio del 2.010, (siendo claramente favoritos los conservadores que podrían retornar al poder liderados por David Cameron), y que fieles a su política euroescéptica y a la nula voluntad británica de embarcarse en un proyecto en decadencia, en el que la soberanía británica estaría supeditada a los mandatos de Bruselas, podrían abandonar la UE en el horizonte del 2.014 y pilotar finalmente la nave capitana de una revitalizada Commonwealth.

Asimismo, no sería descartable que en el horizonte del 2.014 los países nórdicos abandonen las estructuras de la Unión Europea y procedan a la constitución de una federación escandinava, (integrada por Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia), quedando una vez más los países bálticos, (Letonia, Estonia y Lituania), abandonados a su suerte y siendo finalmente fagocitados por el vecino ruso.

El resto de países no integrados en dicha órbita, (países del centro y este de Europa, integrantes de la llamada Europa emergente), sufrirán con especial crudeza los efectos de la tormenta económica, al no contar con el paraguas protector del euro y se verán obligados a depreciar sucesivamente sus monedas, reducir masivamente su crecimiento y aumentar espectacularmente su deuda externa.

Asimismo, padecerán alarmantes problemas de liquidez, (con agujeros financieros estimados en 90.000 millones de euros para el 2.009 y 50.000 millones para el 2.010), y deberán retornar a economías autárquicas tras sufrir masivas migraciones interiores, al descartar la CE la modificación de las reglas para la adopción del euro en la Unión Europea, (UE), y así poder acelerar la adhesión de los estados miembros del centro y este de Europa.

Igualmente, deberán proceder a la reapertura de abandonadas minas de carbón y obsoletas centrales nucleares, para evitar depender energéticamente de una Rusia que, conjugando hábilmente el chantaje energético con la amenaza nuclear disuasoria, la intervención militar quirúrgica y la desestabilización de gobiernos vecinos “non gratos”, irá fagocitando a la mayoría de estos países abandonados a su suerte por la Unión Europea, en aras de asegurarse el abastecimiento energético de gas y petróleo rusos.

Finalmente, en Turquía podría reeditarse el golpe de estado de 1.960 que acabaría con el mandato democrático del AKP, (partido de tendencia islamista conservadora pero a la usanza de los partidos democristianos europeos), debido a la alta inflación, galopante tasa de paro y una deuda desbocada.
Ante esta situación y sin el paraguas protector de la UE, (al rechazar su adhesión como Miembro de pleno de derecho en la UE), es previsible que el ejército protagonice el enésimo golpe de estado que acabaría con el mandato del primer ministro Erdogan, surgiendo posteriormente un sistema político fracturado que producirá una serie de coaliciones de gobierno inestables en el parlamento turco.

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