La codicia, perversión oficial

«Sería cuestión de preguntarse
qué es lo que causa un mayor daño
al alma de la humanidad:
si la codicia enceguecedora
o el apuro devastador».

Konrad Lorenz

Fernando Facchin B. [email protected] – Codicia: Apetito desordenado de riquezas. Apremiante deseo de adquirir y poseer lo que no te pertenece. Codicia es hoy lo que inspira, por odio y venganza, a una mente dislocada, para apropiarse indebidamente de lo ajeno. El Comandante, implementando un sistema de gobierno errático e indeseado por la mayoría, lleno de errores y sofismas, opuesto a la razón y a la libertad; subversivo del orden social, porque destruye sus bases fundamentales; desconocedor del verdadero origen, naturaleza y fin del Estado; negador de los derechos de la personalidad humana, de su dignidad y libertad.

Las atrocidades confiscatorias no son un fenómeno transitorio que suele acompañar a todas las grandes revoluciones o excesos aislados de exasperación, comunes a toda debilidad política. No, son frutos naturales de un sistema falto de todo freno interior, el azote chavista no ha tenido aún tiempo para hacer sentir todos los efectos de sus trasnochadas teorías, se ha desencadenado, en desquite, con la violencia más furibunda odio y venganza contra el aparato productivo nacional, incrementando cada día el desempleo y la pobreza. Creando una crisis que destila aventurerismo político, donde el rasgo típico es la inestabilidad económica, política y social. Esa irresponsable demostración de poderío sólo sirve para exacerbar las tensiones, colocando la solución de su conflicto personal más fuera de su alcance.

La proliferación de las confiscaciones y de estúpidas, cretinas e ineficaces planificaciones económicas, la inclinación frenética por el canibalismo político, el odio, el resentimiento, la venganza, una vocación patológica por la mentira descarada y la absurda pretensión de regular hasta los más insignificantes detalles de la vida del venezolano, despojándonos previamente de nuestras libertades más ínfimas, ha sido el objetivo fundamental del chavismo, con consecuencias devastadoras y prácticamente irreversibles, que una vez destruidas la iniciativa e inversión privada que el chavismo tanto odia, eliminados esos «ricos» a los que ferozmente envidia el Comandante y sumido el país entero en el disparate de las economías férreamente dirigidas por un gobierno ineficiente, ineficaz y depredador, el colapso es cuestión de corto tiempo para un apocalipsis de horror y miseria extrema. En este sentido la violencia ha tomado rasgos psicopáticos, donde la delincuencia tiene las de ganar mientras el cuerpo social se encuentra inerme, con la codicia adherida a su cuerpo como una sanguijuela, saqueando y exprimiendo la inversión privada, con el único objetivo de mantenerse en el poder a costa de confiscaciones ilegales, vidas humanas, hambre, miseria, corrupción y odio, mucho odio; un programa de destrucción del país y su gente, de allí el «apuro devastador».

Lo más grave de todo es que cumplida la confiscación, el botín es repartido entre la caterva de bandoleros que ejecutan la orden y luego, el Comandante, en sus insufribles cadenas y su «reality show» hace orgulloso apología del delito cometido bajo sus órdenes directas para satisfacción de su codicia, envidia, odio y resentimiento, complejos mal curados de los cuales adolece, lo que no tiene límites. En definitiva, estamos en tiempos de impune rapacidad político-gubernamental.

Una de las concepciones que más daño le ha hecho al desarrollo del país es la dialéctica chavista, la cual, por naturaleza propia, es una forma de pensar destructiva, basada en el constante enfrentamiento, lo que destruye el desarrollo sostenible y progresivo de un país, por cuanto para ello se requiere una especial armonía entre quienes producen riqueza y empleo y quienes gobiernan, con reglas claras de juego e incentivos que motiven la inversión privada. Para hacer que se destruyan el aparato productivo y la creación de riquezas, sólo hay que fomentar el antagonismo entre la acción y la ley, entre la inversión y la envidia.

Todo nos demuestra que la ruta seguida por el Comandante es errática y cuando la acción del Gobierno no es dictada por la razón y, por el contrario, está basada en el subjetivismo pernicioso del voluntarismo y la perversión oficial para extraerle al país hasta la última gota de su jugo vital, los resultados son desastrosos e inesperados, por cuanto van en contravía al sentir y reclamo popular de una sociedad sometida a la fuerza del látigo y el circo barato.

Michelle Bachelet dijo en la ONU: «La codicia y la irresponsabilidad de unos pocos, en combinación con la negligencia política de otros, han sumido al mundo en una situación de gran incertidumbre».

Fuente: www.el-carabobeno.com

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