La desconexión entre la educación superior y la empleabilidad

La desconexión entre la educación superior y la empleabilidad es cada vez mayor, junto con el aumento de los costes de las matrículas y la deuda de los estudiantes.

Foro Económico Mundial

La enseñanza superior se encuentra atrapada en un antiguo dilema. Por un lado, los empresarios han expresado una creciente preocupación por la desconexión entre la educación y la empleabilidad. Por otro lado, el coste de la enseñanza superior crece rápidamente. En los Estados Unidos de América (EE.UU) por ejemplo, las tasas de matrícula han superado la inflación de forma significativa y la deuda total del estudiantado ha superado 1,75 billones de dólares.

No debe sorprender que la opinión pública de la educación superior en EE.UU haya caído en picada en los últimos años respecto a la desconexión existente entre la educación superior y la empleabilidad y que las instituciones académicas se vean envueltas en un debate cada vez más polarizado. Y por todo ello, la salud de muchas instituciones académica en ese país es precaria, lo que indica que los problemas estructurales están muy arraigados.

Según el Foro Económico Mundial, dentro de tres años (es decir: para 2025) todos los empleados necesitaran volver a formarse. La razón de esto es que los avances en la ciencia y la tecnología estarán demandando nuevos conocimientos y habilidades.

Entre las habilidades que más se van a exigir en el futuro inmediato se encuentran el pensamiento crítico y la resolución de problemas, el aprendizaje activo, el uso de la tecnología y la creatividad y, por otra parte, el conocimiento relevante será aquél relacionado con las ciencias, la tecnología y las matemáticas.

Un estudio reciente realizado por la prestigiosa empresa Manpower reveló que los empleadores están experimentando un déficit de talento sin precedentes; p.ej.: en México alcanza el 65%. Al referirse a la escasez de talento se está hablando de que las empresas no hallan personas con el conocimiento y las habilidades que se requieren para realizar determinada tarea. Esto, por supuesto, tiene un enorme impacto en la productividad y, por otra parte, resulta paradójico por la enorme cantidad de personas sin empleo que hay en ese país. La masa poblacional crece y no se capacita.

Lo anterior no significa que haya que volver a cursar una carrera universitaria, pero sí que es necesario actualizarse. La enorme ventaja es que actualmente existen -literalmente- miles de posibilidades de educación y muchas de ellas ni siquiera implican tener que trasladarse a otro lugar para estudiar.

Recientemente y por supuesto, la pandemia ayudó a que la elección de la educación en línea se haya acelerado, ya que se convirtió en la única opción para continuar estudiando durante los meses de confinamiento. Esto se ha convertido en una oportunidad sin precedentes ya que solamente desde el punto de vista de los negocios se estima que los ingresos para este sector llegarán a más de 33 millones de dólares estadounidenses para el año 2025.

Solamente para dimensionar el tamaño que está adquiriendo esta nueva modalidad de estudios, se puede mencionar a dos plataformas de la India: Byju´s y Unacademy, que tienen más de 130 millones de usuarios en línea.

El tipo de cursos que se ofrecen son cortos y sirven para desarrollar conocimiento y habilidades específicos, como programación en Python.  Una vez concluido el curso y que el estudiante demuestre haber adquirido lo necesario (conocimiento y destreza), recibe un certificado que es altamente valorado por los empleadores.

Ahora bien, ¿va a sustituir la educación en línea a la presencial? Acaso, dichos cursos en línea, ¿van a poner fin a la formación universitaria? Definitivamente: no; ambas modalidades se complementan. Para los jóvenes la formación universitaria sigue siendo una experiencia fundamental para culminar su formación académica, ya que no solamente aprenden el saber específico de una carrera, sino que desarrollan habilidades blandas que les serán de gran utilidad a lo largo de toda su vida profesional.

Sin embargo, la diferencia con respecto a las generaciones anteriores es que los profesionales de ahora tienen que integrar a su vida el aprendizaje constante y esto significa que necesitan concebirse a sí mismos como estudiantes permanentes y, para ello, precisan desarrollar habilidades especiales como la autogestión, la autodisciplina y la capacidad para discernir entre contenidos valiosos y contenidos basura.

Lo ideal es que estas habilidades se adquieran en la primera etapa de la vida, durante la educación básica y esto significa modificar por completo el modelo educativo. Memorizar conceptos y aprender datos aislados ya no es útil; ahora, se requiere desarrollar la capacidad de reflexión y de análisis lógico, que los estudiantes sepan buscar información y (para evitar inFoxicarse) saber diferenciar entre la información confiable y no confiable.

Los problemas también son globales: muchos países subvencionan la enseñanza superior de manera significativa y la inversión pública alcanza el 2,5% del PIB, mientras que la brecha de empleabilidad suele ser aún más pronunciada que en EE.UU.

La mayoría de las industrias habían declarado una emergencia en tales circunstancias y el mundo académico debería resolverla. La educación superior clásica tiene muchos atributos que deben preservarse: una instrucción completa, preparación para la vida y desarrollo social y emocional.

Pero el liderazgo académico debe dar respuestas apropiadas a las preguntas existenciales antes de que se les impongan soluciones menos agradables.

Imagen de Markus Winkler en Pixabay