En lo que va corrido de este año, todas las economías latinoamericanas se han visto obligadas a implementar devaluaciones de sus monedas nacionales. Eso ha sucedido en México, en Chile, en Colombia, en Brasil, y en la mayoría de los países de la región, incluida Venezuela. Ello sucede como consecuencia de que los flujos de dólares desde la economía norteamericana hacia el resto del mundo han disminuido, e incluso se han revertido, pues la economía norteamericana ha recuperado sus ritmos de crecimiento, y la tasa de interés interna amenaza con subir, lo cual hace que los capitales no busquen en la misma medida que antes oportunidades de inversión en las economías emergentes, sino que se retiren  desde ellas a la economía central.

Los dólares que fluyen hacia los países latinoamericanos se ven también disminuidos, por la caída de los precios de los commodities que nuestros países exportan, lo cual a su vez tiene su causa en que muchos de ellos dejan de utilizarse internacionalmente con fines especulativos, como depósitos de valor, y por la supuesta relentización de la economía china, que en la última década ha funcionado como la gran demandante de esos productos. La menor oferta de dólares conduce a incrementar el precio de esa divisa expresada en las correspondientes monedas nacionales.

Al devaluar sus monedas los países latinoamericanos buscan exportar más, pues sus bienes exportables disminuyen su valor en términos de dólares, y en alguna medida también importar menos, en la medida en las compras internacionales se haden más caras para el consumidor interno.

Algo parecido estaba sucediendo con la moneda china. Sus exportaciones estaban bajo la amenaza de disminuir, lo cual obliga a las autoridades chinas a aumentar su competitividad internacional por la vía de la devaluación del yuan con respecto al dólar. El Banco Central de China implementó en los primeros días de Agosto tres devaluaciones sucesivas de su moneda nacional, con lo cual ésta ha acumulado una caída de 4,6% con respecto al dólar. Ello le permitirá a China conservar o incrementar sus exportaciones y conservar en esa medida su presencia comercial en el mercado internacional contemporáneo. Seguir atada a una tasa de cambio fija con relación al dólar, le significaría a la moneda y a la economía china, perder competitividad internacional y disminuir en esa medida uno de los elementos que ha sido el motor de su crecimiento a lo largo de más de una década.

La moneda norteamericana puede que continúe en proceso de revaluación  con respecto a  las monedas latinoamericanas, con respecto al euro, y con respecto a las monedas de otros rincones del planeta. Pero la devaluación china coloca al yuan nuevamente en una situación de paridad con respecto a las monedas distintas al dólar, con las correspondientes consecuencias comerciales.

Para los países latinoamericanos, la devaluación del yuan significará que las mercancías chinas seguirán activamente presentes en sus mercados, compitiendo con los bienes procedentes de las economías de los países desarrollados y compitiendo también con la producción interna dentro de los propios países en desarrollo. Si uno quiere ver el lado positivo de esta situación, puede decirse que seguirá presente una oferta competitiva, eventualmente más barata, de los bienes que los países en desarrollo necesitan importar para su consumo o su inversión. Al mismo tiempo, si las exportaciones chinas mantienen su crecimiento y su expansión internacional, crecen también las materias primas que ese país necesita para alimentar a su población y/o para alimentar a su aparato productivo, con lo cual puede detenerse la caída en los precios de las materias primas exportables por parte de nuestra América.

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