La Filosofía de la Educación

Nota del Autor. Este artículo es el inicio de un conjunto de conocimientos y experiencias obtenidos durante muchos años de investigación y práctica docente en la Universidad, tanto en el área de Pregrado como en Postgrado y en el ejercicio profesional en la alta gerencia en la industria y en el comercio. Es un aporte a la controversia que presenta la promulgación de la nueva ley de “educación”.
 
¿Podría el ser humano desarrollar una teoría capaz de dar cuenta de los procesos que generan su propia conducta, incluida la conducta auto-descriptiva, esto, es, la conducta de descripción de sí mismo o autoconciencia?
Humberto Maturana R.

Todo parece indicar que hemos entrado en la fase del camino en el cual, la incomprensión de los seres humanos entre sí, amenaza con la destrucción sistemática, no sólo de la vida humana en el planeta, sino mucho antes aún, de la vida interna, de la confianza básica de unos en otros, que es la base fundamental del vivir social. Poco a poco parece que nos estamos acercando al momento en que parece que nuestra moderna civilización, choque contra nuestra formidable autoengaño de la estéril racionalidad con la que falseamos nuestra naturaleza social, que nos ha conducido a esta titánica confrontación de fuerzas, donde todo entendimiento, toda reflexión profunda, toda revisión de la responsabilidad personal que cabe en la generación de este abismo, parece ser sistemáticamente abolidas puesto que “siempre la culpa de todo la tienen los otros”.

Es urgente la reflexión de todos los profesionales: los economistas, los educadores, los políticos sociales, los medios de comunicación, etc. Es necesario plantearse la necesidad de lograr una armonía social.

El aprendizaje es, para los seres sociales, todo. No nacemos ni amando ni odiando a nadie en particular.

No puede el entendimiento entrar con paso seguro, al recinto de las ciencias sociales, si pretende hacerlo bajo la concepción que el conocer es un conocer “objetivamente” el mundo, y por tanto, independiente de aquel que hace la descripción de tal actividad. No es posible conocer objetivamente fenómenos (sociales) en los que el papel observado-investigado que describe el fenómeno está involucrado. Ha sido precisamente esta noción del “conocer”, la que ha bloqueado firmemente el paso del conocimiento humano a la comprensión de sus fenómenos sociales, mentales y culturales.

Dada la imposibilidad que ha existido de responder, desde el enfoque tradicional de las ciencias naturales, a las tres preguntas claves sobre el operar de nuestra naturaleza, que son:

1. ¿Cuál es la organización de todo ser vivo?
2. ¿Cuál es la organización del sistema nervioso?
3. ¿Cuál es la organización básica de todo sistema social?

Así, se ha dicho que las conductas son generalmente determinantes; que el ser humano es instintivamente agresivo; que las conductas son productos de las relaciones sociales de producción; que el ser humano y los organismos vivos actúan “instrucciones” o información que proviene desde el medio ambiente; que ellos aprenden a representar en su sistema nervioso (memoria) y en sus procesos de percepción, los cuales operan captando, procesando, acumulando y trasmitiendo información, etc.

La validación de esta hipótesis como verdadera; ninguna de tales tesis tiene una respuesta adecuada para resolver la dificultad central del conocimiento humano, que está en reconocer su naturaleza circular.

El conocimiento humano (experiencias, percepciones) sólo podemos conocerle desde si mismo. “Esto es una paradoja, es la expresión de nuestra experiencia en un dominio de conocimiento en el cual, el contenido del conocimiento es el conocimiento mismo; más allá que eso, nada es posible decir.”

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Bibliografía:

Humberto Maturana R. y Francisco Valera. EL ARBOL DEL CONOCIMIENTO. Editorial Universitaria, 1984.

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